Opinión Editorial


La Huasteca


Publicación:01-04-2019
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En La Huasteca los visitantes pueden encontrar petroglifos, especies endémicas de cactáceas y sitios para rituales espirituales; si de ecoturismo se trata, hay áreas para el ciclismo, para escalar, rappelear o andar en jeep.

Tras la temporada de lluvias, cuando crecen las corrientes, dejan a su paso riachuelos y pequeños estanques y cascadas naturales que se convierten en la delicia de las familias durante los fines de semana y vacaciones.

Por su gran cantidad de cañones que conectan de Santa Catarina a Santiago o a Coahuila, la temperatura ambiente es menor a la de la zona metropolitana de Monterrey, corren vientos frescos y por la noche, se puede contemplar la majestuosidad de un cielo tachonado de estrellas.

Lo que comúnmente conocemos como Huasteca de Monterrey son los parques I y II; pero La Huasteca es muchísimo más que eso: están las comunidades de lo que denominamos “Sierra Baja”, como Horcones, Nogales y Guitarritas, por citar sólo algunas.

Si el visitante se adentra un poco más, además de voladeros que parecen no tener fin, se encontrará con las comunidades de la “Sierra Alta”: El Pajonal, Santa Cruz, San Antonio de la Osamenta, Llanitos y otros tantos etcéteras.

Lo mismo hay escenarios desérticos que frondosos bosques; hay escuelas, iglesias, animales de tracción y lo más importante: la gente es feliz.

Creo no estar tan equivocada cuando digo que no son más de 50 familias que viven, en su mayoría, del autoconsumo de la producción de manzana y de la elaboración de artesanías a base de yucas y lechuguilla.

 La Huasteca forma parte del Parque Nacional Cumbres de Monterrey, mismo que nació  el 24 de noviembre de 1939 por decreto del entonces presidente Lázaro Cárdenas.

Por aquella época contaba con un área de 246 mil 500 hectáreas, lo que en su momento lo hizo el parque más grande de México.

Y por otro decreto, el propio PNCM fue redelimitado en el 2000 para quedar en 177 mil 395.95 hectáreas.

Más allá de decretos, me queda claro que en La Huasteca, que forma parte del PNCM, cabemos todos.

Primero y antes que nadie, están las familias que quieren y merecen seguir disfrutando una vida apacible, lejos del bullicio.

Pero lo mismo son y somos bienvenidos los ciclistas, los caminantes, los observadores de la naturaleza y todo aquel que guste disfrutar un rato en familia.

Pero también es competencia, o debería, de todos, cuidarla.

Cuidarla, porque es una importantísima fuente de abastecimiento del agua que consume la zona metropolitana de Monterrey; cuidarla, porque un error humano puede acabar, en un santiamén, con sus bosques cuando nos olvidamos de apagar una colilla de cigarro, por no sofocar la llama que se usó para la carne asada o por el vidrio que irresponsablemente se dejó y que hizo efecto lupa.

En octubre de 2006, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, declaró a esta zona como reserva de la biosfera, aunque vaya que ha habido serios intentos por generar desarrollos inmobiliarios en su interior.

Sigue pendiente un plan de manejo para este parque natural, pero eso no debe ser un argumento para permitir el desorden hacia el interior.

Todo esfuerzo por ayudar a la ordenada preservación de La Huasteca, venga de un patronato, de la autoridad en cualquiera de sus tres niveles, o de la ciudadanía, es bienvenida.

Vivamos La Huasteca. Amemos La Huasteca. Cuidemos La Huasteca.

Comentarios: nelly.cepedagzz@gmail.com



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