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Opinión Columna


El mal llamado Horario de Verano


Publicación:23-07-2019
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Las familias pagan más altos costos de energía por consumir mayor cantidad de kilowats/hora de electricidad

Desde 1996, con el argumento de ahorrar energía eléctrica y aprovechar más horas de luz solar en actividades recreativas, se obligó a la población a cambiar su ritmo de vida al adelantar o atrasar relojes dos veces al año.

Es el mal llamado Horario de Verano, pues incluye meses de las estaciones de primavera y otoño, cuyos resultados económicos, sociales y ambientales siempre han sido cuestionados -aunque calladamente- por la ciudadanía a lo largo de estos 23 años de aplicarse.

Este año, para no tomar una decisión que pudo generar otro tipo de efectos políticos por el cambio de régimen, el Congreso de la Unión abrió un debate técnico con el fin de analizar a fondo las consecuencias que tendría cancelar el Decreto que establece el Horario de Verano en México.

A pesar de que el Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (FIDE), la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL), de manera conjunta rinden cada año el reporte sobre los ahorros energéticos para nuestro país, los supuestos beneficios son todo lo contrario para la economía familiar.

Las familias pagan más altos costos de energía por consumir mayor cantidad de kilowats/hora de electricidad, por la simple y sencilla razón de encender la luz más temprano para ir a trabajar o estudiar y porque el intenso calor, la contaminación y la inseguridad impiden realizar actividades recreativas fuera de casa al aire libre. Además, por los impactos negativos para la salud de niñas, niños y personas adultas mayores, al causar desajustes biológicos (biorritmo) debido a la privación de horas de sueño o descanso.

El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene la oportunidad de anular el Horario de Verano mediante una iniciativa derogatoria, tal y como lo buscó hacer siendo Jefe de Gobierno del DF en el 2003, cuando impugnó el Decreto ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual resolvió que el Congreso de la Unión legislara en la materia.

Por productividad laboral, bienestar social y salud familiar bien valdría cancelar el Horario de Verano, más ahora que se sabe que fue un acto de servilismo del presidente Zedillo ante las políticas neoliberales, para que no hubiera desfase en el arranque y cierre de las operaciones con la Bolsa de Valores de Wall Street. Las razones para cancelarlo de la Asociación para el Estudio y Desarrollo de la Energía Solar, son las siguientes:

1.- Del total de viviendas -48 millones, según cifras del INEGI-, en 38 millones las familias se levantan entre las 4 y 7 de la mañana encienden 3-tres focos en promedio durante los meses de abril, mayo, septiembre y octubre, consumiendo anualmente 100 kilowats extras. En las 100 o 110 mañanas oscuras del Horario de Verano se consumen 2,000 millones de kilowats anuales en promedio, son 2,000 millones de pesos que paga la población, más los aumentos abusivos en la tarifa de gas natural.

2.- El gasto extra también lo consumen industrias, comercios, gobiernos y escuelas por sus actividades propias, así como todo tipo de equipamiento urbano que incrementa entre 500 y 600 millones de kilowats el gasto adicional, para estar activos en sus labores en las oscuras mañanas de los meses de abril, mayo, septiembre y octubre de cada año.

3.- El ahorro económico por la aplicación del Horario de Verano se redujo de mil 470 millones obtenidos en el 2017 a mil 332 millones en el 2018; es decir, una caída de 9.38%, equivalente a 138 millones de pesos menos, considerando que la CFE tiene 41 millones 519 usuarios con contrato.

4.- Los meses de junio, julio y agosto son los más calurosos en Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Baja California, así como en el Sureste y en las Costas, gastándose más energía eléctrica por encenderse climas y ventiladores durante más tiempo.

5.- El número de horas en latitudes arriba de los 35 grados al Norte y Sur del Ecuador, les permite a las personas no padecer alteraciones biológicas ningún día a lo largo de los meses del Horario de Verano. Países como Inglaterra, Suecia y Noruega, por ejemplo, pueden adelantar hasta dos horas sin afectar a la población en su economía, ni en su salud.

De frente al acuerdo de la Comunidad Europea para realizar una evaluación exhaustiva sobre el cambio de hora en el año 2021 y terminar con su aplicación en el 2022, nuestro Gobierno Federal tiene la palabra.



« Redacción »