Opinión Editorial


Los olvidados


Publicación:25-02-2026
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Son invisibles hasta que un día estallan.

Los olvidados, los que nadie ve, los que sufren en silencio, que no llaman la atención, pues suelen adaptase muy bien a la rutina diaria de la familia, escuela y trabajo, quienes, en el silencio del anonimato, ensimismados, nunca piden ni plantean nada, son los olvidados de los olvidados, no dejan huella, van por ahí sin ton ni son, sin encontrar un camino que les otorgue un sentido.

Los olvidados pasan desapercibidos, pero poseen un potencial que no alcanzan a expresar, algunos lo saben, otros, simplemente lo ignoran, no hay quien los note ni descubra. Todos andan de prisa haciendo lo suyo, nadie levanta la cabeza para mirarlos, están en el limbo, son como NPC del videojuego de la vida. Como no son disruptivos, pasan por bien adaptados, se dice que son hijos y alumnos "modelo".

Los olvidados por los demás, curiosamente son los que siempre recuerdan, su vida es, sobre todo, interior, espacio donde han decido volcar su existencia, desde donde observan el mundo y reflexionan, desde donde imaginan ilimitadas posibilidades a la espera de ser actualizadas mediante la acción. Desde afuera parecen inhibidos, introvertidos, con miedos y angustias, atrapados en un silencio y distancia permanente, pero sus ojos capturan las cosas, sus sensaciones amplifican sus horizontes internos, son pliegues, como decíamos, a la espera de expandirse. ¿Que por qué son así? Difícil responder: algunos aprendieron a protegerse con el silencio, la crueldad les hizo replegarse en su presencia callada, reducida a pura mirada, algunos tienen padres ansiosos que sólo saben gritar y mandar callar, ellos lo aprendieron muy bien, no reaccionan activamente, no dicen ni piden nada, no demandan nada, no molestan, callan, se apartan en silencio.

Algunos otros olvidados han decidido enfrentarse al mundo a través de una resistencia permanente basada en algo que parece indiferencia, a voluntad han decidido tomar distancia de la vorágine del tiempo acelerado que va consumiéndolo todo, algunos creen que son flojos, inútiles que hacen pocas cosas o simplemente que no son competitivos o están deprimidos. A la mayoría de ellos, les dan igual los motes e insultos, se les resbalan, habitan un tiempo subjetivo propio fuera del tiempo normalizado, lleno de cosas propias que los demás nunca conocerán ni podrán echar a perder. Otros, los más afectados, habitan un silencio-rencor donde van rumiando lo que les han hecho o dicho, sufren en silencio, su mundo interno siempre está a punto de estallar, necesitan ayudar urgentemente, pero no saben o no quieren pedirla, viven permanentemente al filo de la navaja. Pero, una vez más, como no suelen dar "lata" ni problemas a los demás, pasan casi desapercibidos, su silencio les sofoca el tiempo y la soledad hasta que un día explotan y deciden actuar, entonces el mundo los nota, pero muchas veces ya es demasiado tarde y ahora todos son "expertos" y dicen a diestra y siniestra lo que se debió de haber hecho para evitar la explosión. 

Por su parte, los olvidados por el amor, por su familia, pareja y amigos, transitan otros caminos, algunos simplemente vagan sin rumbo hasta que algo sorpresivo los despierta de su letargo e interrumpe la entropía del vaivén de sus existencias desgastadas, y entonces, sólo entonces, cobran vida, hablan y actúan, la vida de la vida los visita y anima, les brillan los ojos de nuevo, sino es que por primera vez, momento en el cual el verdadero viaje comienza.



« Camilo E. Ramírez Garza »