Opinión Editorial


Niños y adolescentes sin padre


Publicación:18-02-2026
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Cuando falta un padre como referente que ame y mantenga, que contenga, consuele y marque un pauta a sus hijos, lo que se produce es una desorientación

Cuando digo "niños y adolescentes sin padre" no me estoy refiriendo a quienes no tienen –o no conocen—un padre, sino a aquellos niños y jóvenes que no han encontrado en el individuo que, junto a su madre, los procreó, a un hombre que ha decidido por deseo e iniciativa propia colocarse y funcionar como padre para ellos o ha estado lejos de cumplir con dicha función: un referente que les permita a los hijos experimentar un límite, un borde que contenga el ímpetu y el deseo (y capricho) irrefrenable, pero son sólo eso, sino que también les pueda mostrar, con su testimonio, que en la vida se puede construir y vivir responsablemente un sentido de vida, una vocación. 

Cuando falta un padre como referente que ame y mantenga, que contenga, consuele y marque un pauta a sus hijos, lo que se produce es una desorientación fundamental y, por supuesto, versiones degradadas de la función de un padre: un padre que se aprovecha y abusa directa o indirectamente de sus hijos, un padre que se reduce a ser un hijo más en la casa, que deja sola a su pareja con la difícil e interminable tarea de la educación y el orden familiar, un padre rapaz que es agresivo, sin ética ni valores, violento y machista que le muestra a sus hijos, sobre todo a sus hijos varones, que está bien denigrar a todos, sacar provecho y abusar para conseguir un fin, que eso es muy inteligente, un verdadero hombre de negocios mente de "tiburón"; un padre que maltrata a su pareja, que no enseña a sus hijos a respetar a su esposa, lleva a su familia a vivir en un ambiente de angustia permanente, o, en otros casos, que muchos creen que es mejor, un padre-barco, pasalón de todo, que le da miedo decir "no", poner un límite y, sobre todo, él mismo someterse a un límite, con el que todo es "un parque de diversiones", que siempre dice que sí a todo, identificado con un cajero automático, que cree que es un buen padre porque jamás pone un límite, pero que termina siendo muy negligente, condenando en gran medida a sus hijos a la fragilidad extrema, a la justificación de todo, al carácter lábil que se doblega ante la primera crisis, que nunca enseñó la cultura del esfuerzo y la disciplina por algo que se desea en la vida, sin caer ante el canto de las sirenas de la fugacidad de lo inmediato; padres que al divorciarse de su pareja hicieron lo mismo con sus hijos, creyendo que ellos ya no los necesitaban, que ya no era necesario su amor puesta en actos, gestos y pensión alimenticia, el continuar educando a sus hijos. Afortunadamente muchos hijos "sin padre" buscarán en otros espacios y personas algo que cumpla con esa función.

Culturalmente se suele reclamar a las madres, a las mujeres de todos los males sociales que nos azotan, justificando a los hombres, abuelos y padres, una forma más del machismo, "es que ya sabes cómo son ellos, no están en contacto con sus emociones...". Por tal motivo es vital replantearnos a todos los niveles y contextos qué hombres se están presentando como modelos para funcionar como referentes para las nuevas generaciones: políticos criminales, empresarios vulgares que abusan, músicos y artistas haciendo apología del crimen y el narcotráfico, hombres endebles de carácter que no se gobiernan ni si mismos y viven permanentemente a punto de explotar de estrés, colera o llanto...¿qué cree usted que aprenderán los niños y adolescentes al ver a estos modelos?

El hombre que es paciente, que espera, que escucha y contesta con educación, que respeta las diferencias, que con sus acciones y palabra pone un límite tanto a sí mismo como a otros, que también inaugura la apertura del mundo, sin pretender instaurar un dogmatismo conservador que nos regrese al pasado, rígido, autoritario y violento con sus sueños de paz soportados en dictaturas morales y militares, un padre que sabe honrar la palabra escuchando con amor, atención y paciencia, es el tipo de padre que, no sólo hoy, sino desde siempre, ha sido necesario.





« Camilo E. Ramírez Garza »