Opinión Editorial
Resistir ante el odio
Publicación:11-02-2026
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El amor es instrumentalizado como retórica, mientras el odio se convierte en identidad política.
El amor y el odio, el odio y el amor; del amor al odio hay solamente un paso, dice la sabiduría popular. En fin, hoy, como desde siempre, se habla de amor y odio; amor y odio en la pareja, en la familia, en la sociedad y en la política.
Por alguna razón algunos políticos, siguiendo la ruta de artistas y poetas, citan al amor en sus discursos, sin saber mucho qué es y cómo se inscribiría en su labor como gobernantes ya en funciones. Sin embargo, dicha estrategia no deja de tener un cierto impacto y atractivo en sus seguidores y votantes, además de hacerse un uso tendencioso y mediático del mismo, en aras del "bien" del otro. No hay que olvidad que en el nombre del bien y del amor se han realizado los actos más abominables de la humanidad.
Cuando se habla de amor y de odio, hay quienes sostienen que este último es más primitivo que el amor, más original y que no es, sino hasta un segundo momento, uno más elaborado y civilizado, que el amor se hace presente bajo diversas formas, como son el reconocimiento, el cuidado, la atención, el respeto a las diferencias del otro, etc.
Como una de las características del amor es lo enigmático, resiste a cualquier intento de definición y formalización, el mundo sigue tanteando en la obscuridad qué cosa extraña es el amor. Por otro lado, existe una especie de certeza cuando no hay amor, cuando algo del amor viene a menos y la vida se marchita o avanza seca y autómata, cuando falta la vida de la vida, de la inquietud, la exploración y la creatividad.
El amor a una persona o vocación hace que ciertas personas y actividades sean para nosotros algo irrepetible e insustituible, destacándose aún más su singularidad, ese "no sé qué, que qué sé yo" de alguien o de algo que inquieta y crea una entrega por puro gusto, sin el cálculo mezquino de querer y esperar algo a cambio, un puro acto de donación, porque la realización de quien ama está en amar más que en ser amado. ¡Cosa misteriosa es el amor que modifica la formula del amor propio a la que alguien que ama renuncia por puro gusto para entregársela a quien es objeto de su amor!
Por otro lado, hay quienes, cegados por el odio, una especie de "amor" a una Causa, realizan lo peor en otras personas, creyendo en su delirio teocrático, ideológico o eugenésico-racista que lo que pretenden justifica todos los medios atroces empleados: el ataque y la erradicación del otro; siendo más bien una degradación del amor.
Resistir ante el odio implica retroceder ante la estrategia fácil de colocar en alguien más "eso" propio insoportable para atacarlo, sin transformarlo en sufrimiento, tanto para sí como para los demás, buscando elaborar de formas responsables y creativas aquello experimentado. En la polarización de las conciencias y las prácticas, por el contrario, predomina un exceso de pasión del odio, de encono hacia el otro, que, al tiempo que otorga una sensación de perfección, ya que en esa lectura el mal siempre está afuera de sí, siempre es del otro, pone a una cierta distancia eso insoportable de sí mismo, gracias a lo cual se hace más difícil reconocer eso como propio, perpetuando así, el mecanismo de búsqueda de chivos expiatorios, de creación de culpables (de lo propio).
« Camilo E. Ramírez Garza »



