Opinión Editorial


¿El fin de las libertades?


Publicación:28-01-2026
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Wilhelm Reich advirtió que el verdadero peligro del fascismo fue que las masas lo desearan, seducidas por su narrativa autoritaria.

"Dijimos nunca más y he aquí que monstruosa se repite la historia".

José Emilio Pacheco

El éxito de los discursos extremos tanto de derecha como de izquierda se deben, en parte, a su pretensión de absolutismo, de decir "esto es así y punto"; buscan ahorrarle a la gente el tener que pensar, para sólo adaptarse a un dogma y defenderlo a capa y espada, convocan al miedo y al odio, a las emociones exaltadas que se contagian. ¿Será que la elección política e ideológica, incluso la científica y religiosa, pasan por un asunto de fe, más que de un ejercicio crítico de pensamiento? 

Wilhelm Reich en su libro Psicología de masas del fascismo plantea algo fundamental: lo verdaderamente traumático no consistió únicamente en que haya tenido lugar el fascismo de la Alemania nazi de Hitler — como el de Franco, Mussolini y otros personajes — sino el de que las masas hayan deseado el fascismo, quedado seducidas por sus planteamientos.

Como en aquel entonces, ahora, se trata también de un asunto económico y de reservas: el deterioro de la vida en general y de las condiciones particulares: el costo de vida, los sueldos precarios, el sistema de salud deficiente, la inflación, el desempleo...generado tanto por gobiernos de centro, izquierda, como de derecha. La cuestión trágica es que los gobiernos de derecha generan más pobreza y deuda para sus ciudadanos que los otras posturas ideológicas; su discurso es meramente de imagen y pose: como la derecha y extrema derecha se identifica (supuestamente) con la riqueza y el lujo, mucha gente de las clases sociales baja y media, la clase trabajadora, las ven como modelos a seguir, bajo una lógica de aspiración, a partir de la cual creen que defienden sus intereses, cuando en realidad los ven como meros clientes cautivos para ser explotados entre ellos y las empresas que se los repartirán.

Por otro lado, el discurso paranoico de la seguridad, que es el núcleo del pensamiento fundamentalista, que plantea que sólo se estará más seguro cuando estamos más vigilados, habiendo sido despojados de derechos fundamentales, encuentra eco en mucha gente en la actualidad, debido a un miedo fundamental a perder todo por lo que se luchado. En ese sentido todo dictador y sistema perverso busca desestabilizar para poder presentarse como "los salvadores", desatan el infierno para después mostrarse como "mesías". Por ello, en la dictadura, abierta y camuflada, todo es urgente, vital, de seguridad nacional, no hay que dar tiempo para que se piense y planee, hay que reaccionar y golpear primero y desestabilizar, para entonces que la gente y los gobiernos flaqueen y no les quede mucho con que negociar; hacer la guerra para luego pactar la paz a modo, y en la misma, reconstruir-lucrar con lo confiscado. 

Algo similar es cuando el poder, a diferentes niveles, propone candidatos de unidad, cerrar filas, censurar por "cuidar" a las audiencias... ¿No es acaso lo mismo, pero en un discurso de centro-izquierda, evitar y suprimir la crítica, los contrapesos, el fin de las libertades y la democracia?



« Camilo E. Ramírez Garza »