Opinión Editorial


Deporte y salud mental


Publicación:28-07-2021
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La presión es muy alta, y para muchos deportistas no es fácil lidiar tanto con el fracaso como con el éxito de su talento y ejecución deportiva

En una cierta tradición occidental de pensamiento se creyó, equivocadamente, que por un lado estaba la mente y por otra, el cuerpo. Que para ser buen deportista había que cultivar el cuerpo, sin pensarlo tanto, y que, igualmente, si se deseaba ser un intelectual, un científico o filósofo, había que hacer lo propio con el cuerpo y dedicarse al saber, al mundo de las ideas, a lo importante. Algo por supuesto totalmente equivocado, como perjudicial tanto para quien se asume como intelectual o deportista. 

Simone Regazzoni, filósofo italiano, además de artista marcial, sostiene en su libro La palestra di Platone (Ponte alle grazie, 2020) que dicha tradición redujo a la filosofía a cultivar el perfil del “filósofo de escritorio”, quien ensimismado se pasa las horas leyendo, escribiendo y reflexionando sobre cuestiones abstractas, mientras desdeña el cuerpo. Cuando la filosofía desde sus orígenes fue un efecto del movimiento, del cuerpo y de las luchas. “Estar sentando lo menos posible, no confiar en pensamientos que no hayan surgido al aire libre y del movimiento, que no sean una fiesta también para los músculos” (Nietzsche, Ecce homo)

Dicha separación excesiva mente/cuerpo, que exalta la mente por encima del cuerpo, también encuentra contraparte expresada en el deporte de competencia: donde a menudo, lo único que importa, es ganar a toda costa, cultivar el cuerpo y la técnica llevando al deportista al límite, al punto de quiebre de su salud física y mental. Es decir, un puro cuerpo sin pensamiento. Podríamos decir, que, en este caso específico, el objetivo es convertir al deportista en un puro cuerpo; creyendo que “no pain no gain” es el mantra verdadero del deporte, de los valientes que se agreden sin ton ni son, con tal de ganar, de amplificar su ego, su dominio, descartando la máxima, “Mente sana en cuerpo sano”. Regularmente dichos deportistas son también los que menos saben perder, que no pueden lidiar con las fallas y el fracaso.  

La filosofía es sobre todo pensamiento en movimiento, como un continuo proceso de cuidado de sí y no como daño del cuerpo y mente del deportista. Basta con echar una mirada a la historia del deporte, tanto amateur como profesional, para localizar los casos en los cuales la actividad deportiva constituyó la vía de destrucción y deterioro de la vida de las personas, no solo del bajo performance, de la declinación de las funciones vitales para continuar desempeñándose en el deporte con un cierto nivel, sino su afectación a corto, mediano y largo plazo. Como es el caso de los luchadores MMA, jugadores de Futbol americano, con desarrollo de demencia pugilística por las contusiones recibidas, como las bailarinas, gimnastas, quebrados mentalmente (burnout) entre muchos otros, con aumento de conductas suicida, violencia familiar, alucinaciones, alto consumo de sustancias legales e ilegales, para hacerle frente a los malestares efecto de su actividad deportiva. 

Seguir la ruta del dinero. El deporte infelizmente también es un mercado, un negocio para instituciones educativas, gobiernos, equipos deportivos, franquicias y patrocinadores, que se paran el cuello con medallas y trofeos cosechados sin escrúpulos, sin mística alguna, que destinan recursos y desean igualmente resultados, que compran y someten a entrenadores, y estos a su vez a los deportistas y sus preparadores físicos con tal de dar los resultados deseados, en muchos casos violentando la salud mental y física del deportista, con efetos terribles. Un ejemplo sencillo a nivel de cancha: el caso de las niñas y niños de escuelas y colegios que juegan futbol estudiantil, que entrenan y juegan todos, pero cuando se trata de un partido oficial, a algunos los dejan en la banca y no participan del cuadro oficial. ¿Qué mensaje se les está dando? Ahora, esto sucede cuando solo se trata de un colegio o escuela, donde los jugadores no reciben un sueldo ni tienen patrocinadores, imagine la presión cuando el deportista recibe patrocino y becas de estudio, y forman parte de equipos de selección local, estatal y nacional. La presión es muy alta, y para muchos deportistas no es fácil lidiar tanto con el fracaso como con el éxito de su talento y ejecución deportiva. Esto es una situación compleja que debe revisarse a fondo y en todos sus detalles, ya que el riesgo una vez más es patologizar las reacciones de los deportistas, verlas solo como signo de debilidad y flaqueza de ciertas personas para la competencia, y no advertir y modificar las estructuras lógicas, políticas, operativas y económicas que producen y mantienen dichos malestares de la vida deportiva competitiva.  



« Camilo E. Ramírez »