Opinión Editorial


¡No más futbol!


Publicación:28-11-2022
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Hace una semana inició el Mundial Qatar 2022 y ya me saturé de ver partidos de futbol.

Hace una semana inició el Mundial Qatar 2022 y ya me saturé de ver partidos de futbol. Esto es gracias a que ahora estoy jubilado y dispongo del tiempo suficiente como para darme el lujo de seguir esta justa deportiva. Vale aclarar que cuando me encontraba como empleado activo, ni siquiera el fin de semana me interesaba por el futbol, no había tiempo para nada que significara ocio.

Para los que nacimos fuera de Monterrey, como en mi caso que crecí en Montemorelos, Nuevo León, allá sólo jugábamos béisbol, no había más, el futbol no era conocido. Cuando llegamos a la gran ciudad se dio un tránsito de época, donde el futbol suplantó al rey de los deportes. Durante mi vida laboral me mantuve realmente alejado de estos temas aunque mis colegas sí eran fanáticos del Monterrey o de los Tigres.

Mis hijos y nietos no lograron escapar al tema de la afición y a pesar de que no encontraban eco en mi comportamiento anti futbolero, ellos sí le dedicaron tiempo a seguir a sus equipos favoritos, los cuales coincidían con mis propias preferencias. Hoy realmente me pregunto: ¿cuánto influí para que mis hijos sean aficionados Tigres? Porque para mí el tema futbolero era uno de carácter ideológico, como profesor universitario teníamos una rivalidad natural ante el Instituto Tecnológico de Monterrey, que representa los intereses más capitalistas y burgueses habidos y por haber.

Para mis hijos y nietos no es un asunto de lucha ideológica, pero creo que tal vez sí influí en ello, porque durante su infancia y adolescencia, vivíamos a unas cuadras del estadio de los Rayados, escuchábamos el sonido de la afición y los juegos pirotécnicos cuando anotaban gol, era fácil ir al estadio caminando sin batallar con el problema del estacionamiento; y ahora me pregunto, ¿por qué ellos no se hicieron Rayados, cuando era lo más esperado considerando que la mayoría de los niños y jóvenes que vivían cerca del estadio eran aficionados a ese equipo?

El estadio de los Tigres estaba muy lejos, en San Nicolás, y sí, era mi lugar de trabajo, la Universidad Autónoma de Nuevo León, así que seguramente influí de alguna manera, tal vez les transmití algún tipo de prejuicio ideológico. Luego viajamos y residimos en el extranjero, en una ciudad cercana a Londres donde sólo había un equipo de futbol: los Seagulls. Allí mis hijos se volvieron también seguidores y fanáticos del Brighton and Hove Futbol Club, era normal, considerando que ellos se estaban integrando a la comunidad y se sintieron identificados con el equipo de la localidad. Cabe destacar que esta afición aún la conservan y por los sistemas de televisión de paga ven los partidos cada semana, con igual intensidad que los locales.

Ahora que estoy felizmente jubilado sigo los partidos de futbol con mis nietos principalmente, porque mis hijos están más ocupados, pero no me pierdo los partidos de los Tigres y, a veces, hasta del Monterrey, porque mis nietos no tienen tantos prejuicios en ese sentido, tienen amigos Rayados y conviven con ellos normalmente, sin tanto fanatismo. Además, siguen otros clubes de futbol que yo no conocía, así que también veo los partidos del Austin FC, el Barca, Houston Dynamo, Montreal FC, la oferta es amplia y acordé con ellos, acompañarlos pronto a Texas y a Quebec para ver algunos de esos encuentros.

Como podrá darse cuenta el amable lector y lectora, estaba yo bastante nutrido en cuanto a actividades futbolísticas, y ahora con el Mundial Qatar 2022, todas las mañanas sigo los juegos, para mi edad y por los rasgos de mi propio carácter, sí me entusiasmo durante el juego pero hasta ahí, creo que no me afecta mucho si pierde o gana el equipo del que soy seguidor.

Hace poco llegó nito Arturo y me mostró una nota periodística publicada en España, donde se hacía referencia a un estudio sobre la infelicidad que genera el futbol. Me dijo: “Léelo Nonno, esa investigación la hicieron allá donde estudiaste en Inglaterra”. Efectivamente, pude ver el artículo intitulado: “¿Es el futbol una cuestión de vida o muerte? ¿O es más importante que eso?”, por los investigadores Peter Dolton y George MacKerron, quienes pertenecen a la Universidad de Sussex, mi alma mater internacional, ya que me tocó realizar en esa importante institución mis estudios de maestría y doctorado.

Leí el artículo y entonces nito Arturo me preguntó: “¿Tú nonno, no te agüitas cuando pierden los Tigres o la Selección?” No supe que contestar. Nito me contó que a él sí le afecta cuando pierden los partidos, y más México, refiriéndose a la selección nacional; y la cuestión es que es una historia de toda la vida, siempre cerca de la victoria y al final, la derrota.

Quise explorar un poco más el tema, así que decidí preguntarle a babbo Arturo, y me reveló que viviendo la familia en Inglaterra, se llevó a cabo el Mundial de aquella época, donde Argentina quedó campeón del mundo, y México fue apabullado seis a cero por Alemania. Según el babbo, los niños argentinos con quienes jugaban futbol en los jardines de la Universidad de Sussex, se sentían superiores que los mexicanos, debido al señorío futbolístico mostrado en esa justa deportiva, y todo ello afectaba la autoestima mexicana.

Esta pequeña indagación histórica familiar junto con el estudio de Dolton y MacKerron, donde señalan que el promedio de felicidad de 3.9 puntos, es inferior al promedio de infelicidad de 7.8 puntos, que genera un fracaso del equipo favorito, con repercusiones a más largo plazo que la victoria, simplemente permiten establecer que el futbol nos hace verdaderamente infelices. Así funciona el cerebro humano, lo positivo (ganar un partido) tiene una repercusión menor (1 grado) en la memoria que la derrota (4 grados), esta última como tragedia recobra una resonancia mucho mayor a mediano e inclusive a largo plazo.

Nito Arturo atinó al sintetizar los efectos que en ese momento trataba de analizar en mente: “¡El futbol es tóxico!”. Creo que tiene razón, no sólo por la infelicidad que genera, además, el fracaso del equipo se traduce en una frustración que se acumula a lo largo de derrota tras derrota, con lo que un aficionado se vuelve un fanático y luego un hincha, un personaje híper violento del futbol.

Nito Arturo prosiguió y me mostró a un youtubero que tuvo la ocurrencia de viajar a los países donde México tendría un encuentro futbolístico en esta copa Qatar 2022. Así que primero fue a Polonia donde lo toleraron pacíficamente. Luego a Argentina, trató de recorrer las calles de Buenos Aires con la playera de la Selección Mexicana, cuando las autoridades argentinas se dieron cuenta de su presencia, le pidieron que se quitara inmediatamente la camiseta, que su vida corría peligro ante la multitud de hinchas que podrían lincharlo públicamente. Ahora el youtubero va en camino a Arabia Saudita.




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