Opinión Editorial


Cambios


Publicación:23-11-2022
version androidversion iphone

++--

Cambiar no es nada fácil. A pesar de que se vocifere a los cuatros vientos que el cambio es la constante, que los humanos somos, sobre todo, cambio

Cambiar no es nada fácil. A pesar de que se vocifere a los cuatros vientos que el cambio es la constante, que los humanos somos, sobre todo, cambio. 

No es fácil cambiar, pues implica abandonar una acción, pensamiento o palabra, que posee un automatismo muy arraigado en la persona. Al grado de llegar a ser una marca de identidad, un referente. “Loa neuróticos sufren de reminiscencias” decía Freud. En lugar de crear el presente lo viven automáticamente basados en el pasado al que viven anclados y repiten una y otra vez. 

Entonces, dejar ese o aquel hábito equivale a dejar de ser quien se cree ser; simple y sencillamente no se cambia por no saber quien se seria, por el miedo a descubrir lo imposible y extraño que habita en cada uno de nosotros. El salto, para muchos,  es muy grande, y retroceden. Para otros, apasionante. 

Nos identificamos con algunas imágenes y figuras que le dan cierta consistencia a nuestra mismidad. La cual es siempre referencial y relativa. Basta un ligero encuentro, una sorpresa para que algo pierda su ilusión de unidad, su consistencia y se transforme. Y deje, en muchos casos, a la persona con una interrogante profunda, angustiante inclusive. Entonces, a final de cuentas, ¿quién soy yo?  Pregunta que permanece y nos regresa un enigma. Algo sabemos de nosotros —eso referencial y relativo— pero es más lo que ignoramos. 

Los humanos, al perder nuestra consistencia natural, nos estructura una pérdida: pasamos de un vacío a la generación de cultura. Es decir a la construcción de referentes que intenten organizarnos. Y estos, siempre, pueden cambiar. Ya que lo que nos regresa el espejo nunca es lo mismo. 

Cambiar no es dejar de ser quien se era, sino ampliar los horizontes de vida, introduciendo  variaciones creativas.  



« Camilo E. Ramírez »