Opinión Editorial
Ya chole
Publicación:16-02-2026
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López Obrador adoptó una narrativa mediante la cual le adjudica buena parte de los males del país.
Michoacano, abogado con maestría en administración pública, casado y padre de tres hijos, Nacido en la década de los sesenta, Felipe Calderón Hinojosa creció en un entorno de valores tradicionales, de cultura del trabajo, resiliencia y de adaptación para pasar del mundo análogo al digital.
Ha figurado en la esfera política y pública como secretario y dirigente nacional del PAN; Miembro de la Asamblea de Representes del Distrito Federal, Diputado Federal, Director de Banobras y secretario de Energía.
Fue Presidente de la República -la mayor investidura a la que un mexicano puede aspirar-, del 2006 al 2012. La suya, dicen algunos analistas, fue una elección polémica. Sin embargo, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dictaminó su triunfo por margen de poco más del 0.50% sobre su acérrimo contrincante, Andrés Manuel López Obrador.
Ese pareciera ser, para muchos, el mayor de sus pecados. Desde entonces, además de ser considerado por sus detractores como un usurpador y hasta "líder de un narcoestado", López Obrador adoptó una narrativa mediante la cual le adjudica buena parte de los males del país.
Como sus antecesores, Calderón presidió una política neoliberal, entendida como una corriente que busca reducir la intervención del Estado en la economía, que promueve el libre mercado, la privatización de empresas públicas no prioritarias, la desregulación y la apertura comercial, tal y como ocurrió en la década de los ochenta con Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Gran Bretaña.
Durante el sexenio calderonista se alcanzó una cobertura casi total en materia de salud mediante la ampliación del Seguro Popular, en beneficio de más de 100 millones de mexicanos.
Se construyeron más de 16 mil 500 kilómetros de carreteras, se edificaron o ampliaron más de 2 mil hospitales y centros de salud; surgieron 96 nuevas universidades y se promulgó la Ley General de Cambio Climático.
No taparé el sol con un dedo: su principal desacierto, señalan también diversos analistas, fue la guerra contra el narcotráfico, que desató violencia y homicidios con un saldo superior a loa 120 mil víctimas. Aun siendo una cifra escandalosa, durante el primer gobierno de la llamada Cuarta Transformación ocurrieron 199 mil, según datos del INEGI y del Secretariado de Seguridad Pública.
Han pasado por la presidencia Enrique Peña Nieto, López Obrador y Claudia Sheinbaum.
Con la llegada de la autodenominada Cuarta Transformación prevaleció -y persiste-, un gobierno de izquierda que se centra, según el discurso oficial, en la austeridad republicana; además tiene un gran enfoque donde "por el bien de todos, primero los pobres".
Casi década y media ha pasado desde que Calderón fue presidente y continúa siendo, para la 4T, el responsable de múltiples problemas: seguridad, educación y ahora también salud.
Coloquialmente diré que "ya chole" de que todo sea "culpa" de Calderón y del neoliberalismo. Hoy vivimos en un escenario en el que la Organización Panamericana de la Salud ha lanzado una alerta: en México se dejó de vacunar y el sarampión, que se consideraba erradicado en el país, vuelve a ser una amenaza real.
Hasta ahora ha sido cómodo refugiarse en las cifras. Dependiendo de quién las interprete, la estadística convierte a unos en héroes y a otros en villanos.
No obstante, es tiempo de dejar atrás el victimismo y de asumir responsabilidades frente a un menoscabo que existente o no, ya pertenece al pasado.
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