Opinión Editorial
Uvalde, Texas
Publicación:30-05-2022
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El pasado martes 24 de mayo fue, sin duda, un fatídico día para la humanidad.
El pasado martes 24 de mayo fue, sin duda, un fatídico día para la humanidad. No nos referimos solamente al estado de Texas donde fue la terrible masacre escolar, Uvalde representa el fracaso de la civilización ante la barbarie. Igual que el jueves 24 de febrero representó con el inicio de la guerra de Ucrania, un retroceso en el desarrollo de la civilización humana.
Las fechas conmemorativas servirán para recordar que este tipo de tragedias humanas no deben repetirse; el caso de Uvalde, Texas, una pequeña ciudad ubicada a 90 kilómetros de Eagle Pass, muy cerca de la frontera con Coahuila, donde más del 70% de su población es de origen mexicana, representa el triunfo de la ultra violencia en contra de la convivencia humana pacífica.
Dedicamos este pequeño artículo del Porvenir, a las 19 víctimas infantiles que perecieron en manos del joven perpetrador, y también a las profesoras que murieron ejerciendo la bella vocación de la docencia, cuando fueron sorprendidas por la muerte que entró veloz por la puerta de su salón de clases. Estoy seguro que ante la angustia última que vivieron, en el corazón de ambas estuvo siempre su deseo de proteger a sus alumnos(as) y así fue. La vocación docente se convirtió para ellas en un fugaz y heroico martirio al servicio de la esperanza por la humanidad representada en sus pequeños estudiantes sobrevivientes y caídos.
Lo que ocurre en el país más poderoso del mundo es una locura, ¿cómo es posible que una minoría económicamente poderosa imponga una agenda armamentista a una sociedad libre y democrática que podría estar disfrutando de un nivel de bienestar colectivo inigualable? Una sociedad como la norteamericana que ha alcanzado un alto grado de desarrollo económico y tecnológico, podría estar gozando de una calidad de vida inmejorable, con un sistema de salud universal, con educación superior gratuita y de libre acceso, de una convivencia social pacífica, con tolerancia y aceptación plena de la diversidad humana; ahora se encuentra en un estado de frustración, miedo, encono, odio, división y violencia que atentan contra los principios de la felicidad humana.
Solamente los poderes del estado norteamericano pueden poner un límite a esta élite económica que atenta contra el bienestar de la nación; para ello se requiere cambiar las leyes que permitan regular la compra y el uso de las armas, especialmente las de grueso calibre, para ello los legisladores, especialmente el Senado, son los que tienen la palabra.
El problema actual reside en que la mayoría del Senado está en manos de miembros del Partido Republicano, que apoyan la venta indiscriminada de armas de fuego de alto poder, recibiendo a cambio de ello, enorme financiamiento para las campañas políticas. Como sabemos, tres días después de la masacre escolar, en Houston, a 482 kilómetros de Uvalde, se llevó a cabo la convención anual de la Asociación Nacional del Rifle, donde le orador principal fue Donald Trump.
El argumento de los republicanos es que el problema no son las armas sino los trastornos mentales de la población. Sin embargo, se niegan a que exista algún tipo de examen mental o psicológico, que inhiba el otorgamiento de licencias que ahora son expedidas de manera indiscriminada y abierta. El caso de joven de 18 años que abrió fuego en contra de los pequeños estudiantes, es paradigmático, permite ver que sólo le bastó hacer un pequeño ahorro trabajando en un restaurant de hamburguesas, para lograr el día de su cumpleaños, el 17 de mayo, comprar por internet, un rifle de asalto de alta calidad. Días después compró otro rifle, mucha munición y equipo táctico (chaleco antibalas).
Es obvio que este joven poseía una fascinación por las armas de fuego, además, aunque hubieran existido regulaciones, en este caso, no poseía ningún antecedente criminal, tampoco de tipo psiquiátrico, por lo que no hubiera habido manera de identificarlo preventivamente.
La policía señaló que el adolescente disparó previamente contra su abuela materna, luego se dirigió a la escuela, simultáneamente anunciaría por las redes sociales sus nefastas intenciones. La corporación policiaca también señaló que el joven perpetrador poseía un desorden mental, que “justificó” su actuación criminal.
Entre los antecedentes que se han señalado en los medios de comunicación tenemos los siguientes: un padre ausente, un abuelo materno ex convicto, una madre con problemas de adicciones, uso extensivo de videojuegos de carácter militar violentos, y víctima de acoso escolar.
Con los anteriores datos podemos especular lo siguiente a manera de hipótesis: se trata de un agresor que sufrió diversos tipos de violencia (además de la escolar no sabemos cuáles otras), que la figura masculina que pudo ejercer como ideal es un abuelo ex convicto; que la madre encargada de cuidarlo y protegerlo se ha encontrado (no sabemos desde hace cuánto tiempo) en una situación de abuso de sustancias, lo cual en caso de que se trate de adicciones, mermaría fuertemente su capacidad como protectora de su hijo, exponiéndolo a situaciones de victimización inciertas; también podemos hipotetizar que el joven al ser victimizado, en su desarrollo se volvió victimario al identificarse con el rol del agresor; el uso sistemático de videojuegos es alarmante considerando que estos funcionan como mecanismo de aprendizaje muy efectivos, son simuladores de profundo impacto que preparan mentalmente a un agresor para perpetrar acciones violentas (múltiples disparos y asesinatos) de forma automatizada, sin piedad ni culpa por ello; lo anterior nos hace pensar que aunque no era un joven militarmente entrando, sí había recibido este tipo de entrenamiento de manera virtual a través de los video juegos; era también un joven víctima de violencia escolar, y aquí surge la hipótesis más fuerte que sólo las investigaciones ex post facto del FBI podrían corroborar: el joven sufrió diversas experiencias traumáticas derivadas de su exposición como víctima de diferentes hechos de violencia (habría que precisar de qué tipo: física, psicológica, sexual, escolar), y esto le generó una respuesta psicológica de estrés postraumático; que no recibió atención psicológica, el daño se incrementó con el paso del tiempo y generó distorsiones en el desarrollo de la personalidad del joven (nos referimos a su identidad, el concepto de sí mismo, su autoestima, su capacidad de empatía, la rabia como predominio emocional, especialmente un odio hacia sí mismo), lo anterior como en una espiral, lo llevó a un concepto negativo de sí mismo como alguien malo, frustrado, con una infancia triste y desdichada.
La siguiente hipótesis es que como parte de esta rabia y odio hacia sí mismo y hacia el mundo “cruel”, decide quitarse la vida, pero antes ejercer venganza por el daño recibido durante los días que debieron ser, los más felices de su vida pero no lo fueron. Toma la decisión reivindicativa de destruir aquello que le recordaba su infortunada infancia: le dispara a su abuela y luego, en un acto de terror y envidia profunda, se atrinchera en un salón de clases donde dispara a mansalva a inocentes que representan simbólicamente la posibilidad real de una vida feliz, de una infancia agraciada, de gran dicha como niños y niñas afortunados y pertenecientes a una familia y una comunidad que los ama y protege.
El victimario destruyó con las balas de su rifle semiautomático aquel bello símbolo de la felicidad y el amor que tanto anheló para sí mismo y que no pudo tener.
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