Opinión Editorial
No más símbolos religiosos para Navidad
Publicación:12-12-2022
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Recientemente, en una discusión jurídica sobre el uso de los símbolos religiosos en espacios públicos.
No más símbolos religiosos para Navidad
Arturo Delgado Moya
Recientemente, en una discusión jurídica sobre el uso de los símbolos religiosos en espacios públicos, el proyecto del Ministro de la Superna Corte de Justicia de la Nación, Juan Luis González Alcántara Carrancá, consideró válida una denuncia interpuesta por un ciudadano ateo de la ciudad de Chocholá, en contra del ayuntamiento yucateco, donde la alcaldesa hizo uso de un espacio público municipal para asentar allí temporalmente una representación religiosa: “El nacimiento navideño”.
Según el Ministro, de acuerdo con el Artículo Primero de la Constitución mexicana que hace referencia al principio de igualdad y no discriminación por parte de las autoridades, así como el Artículo Tercero que asegura que los Estados Unidos Mexicanos son regidos por un estado laico, además, considerando el Artículo 24 constitucional que hace referencia a la libertad de convicciones éticas, conciencia y religión, constituyen estos referentes jurídicos la libertad que el Estado mexicano debe garantizar para que todos los ciudadanos se sientan incluidos en materia de derechos y libertades individuales.
De acuerdo con el Ministro, el Estado es laico y liberal, por lo que no puede mostrar preferencia por alguna religión, considerando que si así lo hiciera, estaría mandando una señal a los creyentes de las otras religiones y a los ateos y agnósticos, que existe una predilección y simpatía que los excluye por profesar sus propias creencias.
El tema va más allá, porque esta resolución sentará jurisprudencia para legislar en la materia, también para evitar los dados cargados, es decir, dar mayor importancia a una religión sobre las otras. Lo anterior abrirá la puerta para que los ciudadanos puedan demandar a las autoridades piso parejo, forzarlas a que no muestren un favoritismo sobre alguna religión determinada, y que se abstengan de participar en estos temas.
Pareciera tratarse de un asunto nuevo, pero como bien lo señala en el Eclesiastés 1:9: “No hay nada nuevo bajo el sol”; el mismo Jesús de Nazaret, hace más de dos mil años, en Mateo 22:21 señalaba, con aquella sabiduría que lo caracterizaba, que había que dar al “Cesar lo que es del Cesar, y al Altísimo lo que es del Altísimo”. No es conveniente mezclar agua con aceite, se trata de dos ámbitos de poder distintos, y hay que ejercer esa diferenciación que permita la separación del poder civil del Estado del poder eclesiástico de la Iglesia.
La Constitución también garantiza la libertad de culto y prohíbe, a la vez, que los ministros religiosos intervengan en asuntos políticos. La Guerra Cristera que tuvo lugar de 1926 a 1929, nos enseña cómo el fanatismo religioso y las autoridades gubernamentales autoritarias y anticlericales, pueden generar mucha violencia social. No es recomendable suscitar estos ánimos fundados en el fanatismo y el odio asentado en una forma de discriminación religiosa.
La ejecutoria de la Suprema Corte implica que podrá revisarse el uso que actualmente se le da a los espacios públicos para fines de carácter religioso. Algunos pueblos así como ciudades han utilizado los símbolos religiosos para promover su imagen turística y, atraer con ellos, mayores recursos derivados de esta importante industria.
Por ejemplo en Bustamante, recordamos cuando llegó la administración panista y decidió sustituir un busto de Benito Juárez por otro del Arcángel San Miguel. En Santiago, tenemos la construcción del Cristo de la Montaña que se planea realizar en un área municipal que tiene vista panorámica a la Presa de la Boca. En Villaldama, también poseemos el atractivo de la Ermita, la cual se ubica en una loma que uno puede observar desde muy lejos, cuando se recorre la carretera a Colombia, y al lado la Cruz gigante, la cual es aún más visible; ambas fueron construidas sobre propiedad municipal. A diferencia del municipio de Montemorelos, donde gozamos también de una loma muy panorámica y en su cima se encuentra una estatua de Morelos, el líder de la Independencia mexicana. Este último caso, a diferencia de los primeros, cuadra bien con un símbolo de la historia mexicana y relacionada con el Estado mexicano.
El Ministro destaca que el uso de estos símbolos religiosos no es conveniente debido a su poder para influir en la mentalidad de las masas y no se equivoca; en un inicio y de manera ingenua, cualquiera pensaría que los gobernantes en turno son muy creyentes o aprovechan su puesto para favorecer sus preferencias religiosas y, obtener con ello, algún tipo de indulgencia ante su vida pecaminosa, pero no es así.
Los políticos no son tan ingenuos ni buena gente; el Ministro tiene razón, utilizan los símbolos religiosos para llevar agua a su molino, es decir, obtener de los seguidores de esa religión su aprobación y simpatía ideológica y política. El mismo presidente López Obrador, que es creyente, ha mostrado su preferencia al declararse seguidor de Jesús de Nazaret, lo cual es válido a nivel privado y personal, pero no como representante de una institución pública.
El mismo nombre de Movimiento de Regeneración Nacional, fue todo un éxito, considerando que se apropió de un símbolo religioso muy poderoso para los mexicanos, el de la Morena, la Virgen Morena, y con ello la aceptación del slogan de campaña: “Para salvar a México”. Realmente un uso muy explícito de los símbolos religiosos a favor de un movimiento político reivindicativo.
No estoy en contra de la religión, aunque confieso que en su momento, como joven militante, sí creí en la máxima marxista de que se trata del “Opio del pueblo”. Me refiero que como liberal que aspiro a ser, porque el comunismo realmente se apoderó profundamente de mi cosmovisión de la realidad, en sintonía con ese liberalismo juarista, defiendo la libertad de conciencia y de credo.
Nito Arturo realmente se sorprende y me dice: “¡Tú Nonno, eres ateo de corazón!”. Sí lo he sido y lo soy, pero el paso de los años debilita la fortaleza no sólo del cuerpo, también de la mente. Aun así trato de impresionar al nito Arturo y le cuento la historia de que ni en la Logia masónica querían admitirme por ateo, insistían que declarara mi creencia en un Arquitecto universal; aunque lo intente lo mejor que pude, no pude superar esa prueba inicial.
Aprovechando mi cercanía emocional con nito Arturo le confesé un pequeño detalle que ha erosionado las columnas ateas de mi existencia. A partir de la cirugía abierta de corazón que tuve hace años, el anestesiólogo se dio gusto conmigo, introdujo en mi cerebro cuantos opiáceos y tipos de sustancias psicoactivas tenía a la mano, con tal de que permaneciera inconsciente durante las horas que duró la operación.
Desde entonces puedo ver, sin proponérmelo, personas que nadie más puede observar; mi linda esposa, María Luisa, no me cree, prefiere que me calle a que siga contando esas experiencias paranormales que le dan miedo. Tal vez tenga razón y se trate de alguna alteración bioquímica producto de esa inyección masiva de narcóticos en un cerebro virgen, porque nunca he consumido en mi vida ni siquiera un gramo de nicotina o alcohol.
Este recurrente estado perceptual alterado e involuntario me ha hecho dudar de mi ateísmo, qué tal si sí hay algo más allá de la muerte; Jorge Luis Borges decía antes de morir: “Solo espero que no haya nada más”; pero a mí, a la inversa, sí me gustaría que hubiera algo, aunque ello implique contradecir rotundamente mi sistema de creencias en esta vida.
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