Opinión Editorial


Las “dos presiones” en la educación


Publicación:08-12-2021
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Indistintamente de si el modelo educativo es tradicional, constructivista o conductista, en esencia el planteamiento pedagógico grupal no ha cambiado

Indistintamente de si el modelo educativo es tradicional, constructivista o conductista, en esencia el planteamiento pedagógico grupal no ha cambiado de manera disruptiva en más de trescientos años y precisa una revisión. Pero no solo está en tela de juicio la manera de distribuir socialmente el conocimiento, también el número de años y las horas que los educandos dedican a ese fin. Si bien el mundo entero se cuestiona la forma y duración de la instrucción, las mayores economías de Asia, China y Japón, tienen una singular preocupación.

No es un tema menor juzgando por la advertencia del libro del escritor japonés Miyamoto intitulado “Cómo educar a un genio”. En él explica cómo, en la cultura oriental, el fracaso escolar se considera una vergüenza para la familia y el éxito una honra. La presión por destacar en ese rubro es tal que, algunas mujeres embarazadas de unos cuantos meses pagan a profesionales para que les hablen en otros idiomas a sus bebés por nacer y les expliquen materias como matemáticas y literatura. En Tokio hay academias que preparan a los jóvenes para el examen de admisión a la universidad, pero también, por difícil de creer, disponen a los infantes para la prueba para ser admitidos al jardín de niños. De ahí surgen las voces que claman: “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”.

El estrés y la ansiedad en la carrera del conocimiento en Japón es tan aguda que el 30% de los estudiantes universitarios muestran niveles medios o altos de depresión, pero lo mismo aplica para el 24% de los estudiantes de secundaria y hasta el 15% de los chiquitines de primaria. Diariamente llegan al extremo de quitarse la vida 100 japoneses, muchos de ellos siendo niños inocentes con graves daños emocionales, social y familiarmente provocados. China también cojea de la misma pata.

Hace un par de meses, el periódico oficial chino Xinhua, dio cuenta de una nueva ley que exhorta a las provincias a reducir la doble presión sobre los niños, las tareas y las clases después de clases. Así es, en Beijín las mentorías están prohibidas los fines de semana y las escuelas de tutoría están obligadas a operar sin fines de lucro. De alguna forma, la segunda mayor economía del mundo es consciente del enorme esfuerzo económico, familiar y social que hacen sus ciudadanos para que sus hijos aventajen en los estudios y busca acotarlo. De igual manera, China tiene sus reservas en cuanto a la presión sobre los niños para que, al llegar a los 18 años, logren obtener una nota aprobatoria en el examen de admisión, “gaokao”. Así que, para las escuelas chinas, o encargan tareas o permiten las tutorías, pero no ambas. Es un tema de reducir la presión y la carga emocional en etapas tempranas para sus ciudadanos.

Procurando que los menores tengan una niñez equilibrada, plena y sin vicios, el gobierno chino ha llegado al extremo de prohibir o limitar los adictivos videojuegos, el “opio espiritual” a tres horas semanales, una hora los viernes, sábados y domingos. Dichos límites deberán permitirles jugar, descansar, convivir y estudiar de manera balanceada. Asimismo, ha dado indicaciones para que tanto escuelas como familiares se aseguren de que los niños participen en deportes.

Al ser un gobierno autocrático, le es difícil dirimir si una legislación es benevolente o un atentado contra las libertades individuales. Más allá de castigar a los padres si sus hijos se exceden en horas de videojuegos, el parlamento está considerando una ley que penalice a los padres de niños que muestren un “muy mal comportamiento” como adorar ciegamente a celebridades o abusar del Internet.

En lo personal suscribo la idea del gobierno chino de que tanto en la familia como en la sociedad debe de haber límites, derechos y obligaciones. También concurro con el gobierno japonés al pensar que los niños deben de vivir esa etapa con un sano balance entre diversión, deportes, estudio y descanso. Sin embargo, creo que ninguno de los dos gobiernos está atacando la causa raíz. Toda vez que hagan de la educación superior un privilegio para pocos ungidos, la lucha por alcanzar los anhelados y escasos lugares será férrea y continuarán las “dos presiones”, las depresiones y los suicidios.

Más allá de lo anterior, creo que en ambas estrategias orientales sigue faltando un elemento adicional, la parte espiritual. Apunto plenamente a la urgente necesidad de replantear globalmente los tres pilares del carisma educativo preventivo salesiano: razón, religión y caridad. Tocante a ello, comparto un pensamiento de San Juan Bosco: “Sin confianza ni amor, no puede haber una buena educación … todos los esfuerzos son inútiles si Dios no los asiste”. 



« Eugenio José Reyes Guzmán »