Opinión Editorial


Circuito cerrado


Publicación:30-11-2022
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Apple se ha adelantado diciendo que pudiera haber menores entregas

Una noticia que creo tiene preocupados a los asiduos compradores de la última versión del IPhone es que el modelo 14 Pro pudiera no estar disponible para Navidad. Así es, entre paros por restricciones gubernamentales ante el testarudo COVID-19 y factores laborales en la planta de Zhengzhou, Apple se ha adelantado diciendo que pudiera haber menores entregas.

Pues bien, la taiwanesa Foxconn, produce la mitad de los IPhones del mundo en un enorme complejo productivo en la provincia de Henan. Solo esa fábrica ocupa a más de 200,000 trabajadores, cifra superior al total de trabajadores de Honda, Alphabet (Google) o AT&T en el mundo. El asunto es que Foxconn se vio en la necesidad de realizar una masiva contratación de 100,000 trabajadores, después de que otros tantos abandonaron precipitadamente sus puestos de trabajo. Caray, aunque todo en China es enorme, no fue nada fácil reclutar a tal cantidad de personas y la empresa salió a contratar a jubilados, pensionados, exmilitares y amas de casa ofreciéndoles a todos un bono cuatro veces superior al habitual. Claro, el bono ayudo, pero habría que imaginar un escenario donde CEMEX tuviese que recontratar 2.5 veces el total de sus trabajadores a nivel mundial.  No, no es un tema trivial y solo en China pudiéramos ver un proscenio con esas características. 

Algunos se preguntarán la razón de la estampida de dicha mano de obra barata. Por supuesto, no se requiere mucho para adivinar que las condiciones laborales originales no eran del todo placenteras, justas, humanas ni sanas. Dicen que, so pretexto de evitar un rebrote del Coronavirus, la empresa aplicaba una política de “circuito cerrado” (closed loop) donde mantenía “prisioneros” a los trabajadores manuales sin permitirles salir ni de día ni de noche. Más aún, las extensas jornadas de trabajo con sueldos miserables y condiciones insalubres hicieron hervir la olla de presión provocando dicho inimaginable rechazo masivo.

Más allá de la colegiada fuga de trabajadores de piso, en paralelo los trabajadores inconformes están saliendo a manifestarse. Caray, dada la cultura colectivista y el sistema de mano dura ejercido por el Partido Comunista Chino, este tipo de protestas en la vía pública no son comunes. Pues parece que se están alineando los satélites para poner en tela de juicio el liderazgo autoritario de Xi Jinping. Por un lado, está el pernicioso ambiente laboral, a ello se suma una mayor conciencia colectiva derivada de una limitada exposición a redes sociales, pero la gota que está desbordando el vaso son los cierres, restricciones y cuarentenas impuestas por el gobierno comunista por su política de COVID-cero. Igualmente ha sido inevitable que los chinos comparen su desdicha con la apertura de poblados eventos como el futbol en Qatar donde nadie usa cubre bocas. Para los amantes de escenografías fatalistas, las insólitas renuncias masivas aunadas a las demostraciones callejeras, pudieran ser premonitorias de la muerte del “modelo chino”. 

Aunque siempre existan líderes de mecha corta que subleven a las masas, el tiempo juega en su contra y los fuegos tienden a auto consumirse y a ser olvidados hasta la legada de nuevos caudillos que reinicien el ciclo. Otro plausible guion para la película china futura pudiera escribirse dependiendo de la reacción de las demás provincias. Aunque fuera muy poco probable una “primavera árabe” exacerbada por el dragón chino del hastío, sería el sueño imposible del gobierno norteamericano. Seguramente Xi Jinping todavía tiene el peso político para decirle a sus detractores planetarios que se vale soñar y fantasear. Solo Dios y el tiempo lo dirán.

Más allá de si Foxconn cumple con las entregas, creo que lo que ha sucedido en China en las últimas semanas marcará un antes y un después en sus leoninas relaciones laborales. Parece que, afortunadamente, al gigante asiático “le crecieron los enanos del circo” y ya no podrá implementar esquemas de “circuito cerrado” ni seguir lucrando con la desdicha de la menguante miseria. Solo Dios y el tiempo lo dirán.

Concluyo con una vigente y oportuna sentencia de San Josemaría Escrivá: “Por el sendero del justo descontento, se han ido y se están yendo las masas. Duele..., pero ¡cuántos resentidos hemos fabricado, entre los que están espiritual o materialmente necesitados! 



« Eugenio José Reyes Guzmán »