Opinión Editorial


La tiranía del capitalismo


Publicación:02-06-2021
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Al lograr capitalizar su ubicación geográfica y su apertura económica, la tierra Azteca definitivamente no es una nación mediocre

Es de dominio público que el capitalismo se fundamenta en que los medios de producción deben estar en manos de particulares y que las fuerzas del mercado, oferta y demanda, asignan eficientemente los recursos generando mayor capital. Pues bien, la historia ha hecho patente que el capitalismo moderno a partir de Adam Smith, siglo XVIII, ha producido la mayor riqueza y prosperidad que la humanidad haya conocido, más que 800 años de feudalismo o totalitarismo. Como ejemplos de sus beneficios mundiales, el analfabetismo se redujo 5% por década desde los años cincuenta. Globalmente, el producto interno bruto por habitante creció de USD$3,351 en 1950 a 15,212 en 2018, la expectativa de vida subió de 48 años 73 años y la mortalidad infantil bajó de 3.1% a 0.56% en el mismo período. A nivel macroeconómico, el mundo sin duda está mucho mejor.

México igualmente ha saboreado las mieles del capitalismo, particularmente al participar en mercados internacionales.  Por citar algunos ejemplos, nuestro país exporta más del 60% de toda la producción manufacturera de América Latina, es el cuarto exportador de autos y primer exportador de cerveza, pantallas planas y refrigeradores. Con aproximadamente 1.7% de la población mundial, México es el décimo productor de alimentos. Más aún, hasta el año 2018 el país del mariachi fue el sexto más visitado en el mundo, seis veces más que Argentina y más del doble que Canadá.  Así es, al lograr capitalizar su ubicación geográfica y su apertura económica, la tierra Azteca definitivamente no es una nación mediocre.

Siendo así, hay algo que no cuadra del todo. ¿Por qué entonces la tentación de regresar a una economía estatista, anti-empresarial, basada en monopolios en hidrocarburos y electricidad?, ¿que no se supone que la reducción porcentual de exportaciones petroleras de 70 al 6% en menos de 30 años ha sido consecuencia de migrar hacia productos de mayor valor agregado? El apoyo al partido en el poder, a pesar del medio millón de muertes por COVID, los 90,000 asesinatos violentos, la sinigual deforestación y un gigante etcétera, pudiera explicarse por los 25 millones de beneficiarios directos de los programas asistencialistas o el hecho de que cerca de la mitad de los mexicanos tiene un familiar que recibe alguna “ayuda” del gobierno.  La triste radiografía mexicana es mucho más profunda que lo monetario, es un sentimiento de frustración, odio y resentimiento de parte de los “olvidados” del capitalismo, mismo que los gobiernos de izquierda conocen y han sabido explotar. 

Es cierto, ante la afirmación de que en forma colectiva y en promedio estamos mejor, la realidad personal de muchos nos interpela. De alguna forma hemos tenido una visión miope pensando que, si a unos pocos les va bien, los demás, como agua que se derrama de un vaso, también ser verán beneficiados. Aunado a la cruda realidad, se suma la percepción.

Para comprender la situación nacional, habrá que igualmente contemplar un problema atávico de concepción de sí mismo donde los defectos que vemos en el espejo son irremediablemente mayores a las cualidades.  De alguna manera nos definimos a partir de lo que no somos, de lo que no tenemos, de nuestros fracasos y problemas. La pregunta obligada es, ¿por qué se auto inflige el mexicano esa cruz?

Pues bien, el profesor de la Universidad de Harvard, Michael Sandel, ha tratado extensamente de explicar las áreas de oportunidad de la polarización política y la desigualdad económica dentro del capitalismo llamándolo: “la tiranía del mérito”. El profesor hace una severa y sonora crítica al pensamiento generalizado de nuestra posición social se debe únicamente a nuestros méritos ignorando la ayuda de los demás y la lotería circunstancial llamada suerte o circunstancias. Textualmente afirma que: “Ninguna persona nace y crece en el vacío, sino en un mundo preconstituido que nos trasciende como individuos”. 

Qué soberbia tan espantosa es pensar que existe una legítima “justicia retributiva” a nuestros méritos y qué perverso es el juicio que nos hace menos empáticos e indolentes con quienes no los tienen.  Es como si el capitalismo buscara justificar el éxito o fracaso de las personas basado solo en marginales credenciales materiales que idolatran y rinden culto al tener. Caray, se crea una triste y aviesa dualidad donde quien tiene es exitoso y quien no, es por definición cabalmente un fracasado.

Tomando en cuenta lo anterior, parece necesario replantear el sistema social distributivo en términos de dignidad humana y de honor. Para ello, será imperativo defender la dignidad y el trabajo de millones de mexicanos que han construido un mejor país, no solo los privilegiados, sino aquellos que han sido marginados y olvidados por una injusta valoración de sus méritos laborales.  No por nada alertaba don Eugenio Garza Sada el siglo pasado en el número XIII de su ideario: “Reconocer el enorme valor del trabajador manual”.  En base a ello, para no ser presa de falsos profetas y mesías tropicales totalitarios, será condición sine qua non cambiar la narrativa de la definición de la justicia distributiva centrada sólo en el mérito personal.



« Eugenio José Reyes Guzmán »