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Opinión Editorial


La Cumbre de los Tres Amigos


Publicación:22-11-2021
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El pasado jueves 18 de noviembre, tuvo lugar en Washington, la reunión entre los mandatarios de Canadá, Estados Unidos de América y México.

El pasado jueves 18 de noviembre, tuvo lugar en Washington,  la reunión entre los mandatarios de Canadá, Estados Unidos de América y los Estados Unidos Mexicanos, denominada: Cumbre de Líderes de América del Norte,  también conocida en los medios de comunicación  como la Cumbre de los Tres Amigos. Los temas que se abordaron tuvieron que ver con la migración, la economía, Covid-19, democracia, seguridad y crisis climática.

En esta reunión de alto nivel diplomático, se trataron aspectos que abonan principalmente a una imagen de unión y coincidencia en cuanto a puntos de vista entre los tres mandatarios. Los temas ásperos no fueron objeto de escrutinio en dicha reunión, como las diferencias que existen en cuanto a la reforma eléctrica que ha impulsado el dirigente mexicano y que afecta las inversiones que han realizado grupos poderosos de aquellas naciones del norte.

El gobernante mexicano sorprendió con su declaración, que por cierto es muy acertada, de exhortar a los vecinos y socios comerciales del norte, a formar un bloque más homogéneo en lo económico para competir con el bloque asiático que posee ya una mayor participación del mercado mundial, especialmente China.

El presidente mexicano respaldó esta argumentación con números  y sustentó cómo el gigante asiático tiene ya mayor participación en inversiones que los tres países de América del Norte juntos. Destacó la necesidad de llevar a cabo una integración económica de todo el continente  americano, respetando las soberanías de los países.

Días después, el embajador chino en México,  Zhu Qingqiao,  señaló en defensa de su país  que China no representa una amenaza, sino que complementa el desarrollo económico de la región de América del Norte. Hay que destacar que el presidente López Obrador ha tenido una relación ambivalente hacia el país asiático; el pasado 17 de mayo del presente año, se   llevó a cabo en Torreón, Coahuila,  una reunión con la comunidad china en México, para pedir un perdón diplomático por parte del gobierno mexicano, por los actos de discriminación y persecución a los inmigrantes chinos asentados en territorio mexicano durante los primeros años del siglo XX, especialmente en Torreón, donde tuvo lugar la masacre de 303 inmigrantes chinos, el 15 de mayo de 1911. 

A finales del 2018, se manejó la posibilidad de que el presidente chino, Xi Jinping, acudiera a la toma de posesión del presidente electo mexicano; después, este último, dejó entrever que planeaba tener una reunión con Trump, pero también con Xi Jinping, el hombre fuerte de China.

La reunión con Trump se llevó a cabo en julio de 2020; posteriormente el presidente norteamericano se vio obligado a dejar el poder en enero de 2021 en contra de su voluntad, él deseaba permanecer allí el resto de sus días como gobernante, pero la democracia americana sobrevivió a este ataque. En el caso del mandatario Chino, este no sólo sigue en el cargo, recientemente el partido chino lo acaba de nombrar para un nuevo mandato y podrá continuar en el cargo de manera indefinida, estableciendo así  una era de gobierno como la que tuvieron Mao Zedong  y Deng Xiaoping.  

Fue tanta la ambivalencia del mandatario mexicano, que durante la época de pandemia, el gobierno mexicano recibió grandes insumos para hacer frente al Covid-19 provenientes del país asiático, también se envasaron aquí las vacunas Cansino, y el millón de profesores que conforman el magisterio a nivel nacional, fueron vacunados con dicha vacuna.

El presidente mexicano seguramente tuvo cierta afinidad ideológica hacia el gigante comunista, pero el peso de la geografía, la vecindad con los Estados Unidos y Canadá, hacen que la dependencia e integración económica y geopolítica sea cada vez más profunda.

Además de lo económico, el paso próximo como parte de esta compenetración económica, deberá ser en lo cultural y en lo social. En eso insistió bien el gobernante mexicano, al instar a los líderes amigos, a reconocer la importancia significativa del migrante como parte de la pujanza económica de los tres países. Los migrantes no deben ser considerados una carga, al contrario, son una palanca para el desarrollo económico de las naciones.

Con la declaración de China como competencia hacia América del Norte,  el presidente mexicano se echó a la bolsa no sólo a los líderes de América del Norte, también a sus respectivos Congresos, resulta evidente que  es un sentimiento compartido por la clase política norteamericana  y canadiense.

El auge económico del gigante asiático es realmente sorprendente; millones de chinos lograron salir de la pobreza en medio siglo; Shanghái es una cuidad emblemática de la prosperidad económica  y, a la vez, es el reflejo del control que el gobierno tienen sobre su población. Para vivir allí, usted requiere un permiso del gobierno municipal, no puede llegar así nada más, tratando de rentar o comparar una propiedad, necesita ser resiente acreditado. Igualmente, las redes sociales son controladas por el gobierno, poseen su propio Facebook y además, con Tiktok, se extienden a lo largo del mundo.

Mientras escribía estas líneas no pude evitar observar la marca de mi teléfono celular que estaba al lado de la pantalla de la computadora: Huawei; observé también la marca de mi reloj: Benyar; revisé la etiqueta de mi gorra Hilfiger y decía Made in China; recordé que mi nieto Arturo me llevó recientemente a una concesionaria de autos a la vuelta de la casa, sobre la avenida Leones; y me gustaron los carros y camionetas que venden allí; vi la marca JMC y pensé en General Motors Company, pero me extrañó la J en lugar de la G; después  al salir noté que el nombre de la agencia era Changan Autos, lo cual me pareció inusual y fue entonces que advertí que los vehículos que allí vendían eran chinos. Tengo que admitir que, a pesar de ello, salí gratamente sorprendido por la relación de costos, equipamiento y diseño.

La globalización realmente ha permitido el crecimiento de los negocios con gran participación china, inclusive en los ilegales: el fentanilo se produce como precursor químico en China, en México se procesa en los laboratorios clandestinos de los cárteles de la droga, se transporta a los Estados Unidos y Canadá, donde existe una gran demanda de consumo de drogas sintéticas.

Me preguntó  mi nieto Arturo si compraría un auto chino  y traté de argumentar por qué yo, en lo personal, no compraría uno, considerando mi fidelidad hacia la región económica de América del Norte. El nieto sonrió levemente y me dijo de forma lapidaria: el Aveo que tienes, que es de la Chevrolet, es de manufactura china.




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