Opinión Editorial
Greg Abbott y Samuel García
Publicación:18-04-2022
++--
A lo largo de la semana pasada fuimos testigos de una situación política binacional que aunque no es nueva, sí novedosa por su carácter local y regional.
A lo largo de la semana pasada fuimos testigos de una situación política binacional que aunque no es nueva, sí novedosa por su carácter local y regional. Nos referimos a la iniciativa que tuvo el gobernador de Texas, Greg Abbott, por instalar revisiones estatales adicionales a las implementadas por el gobierno federal, a lo largo de su frontera, en torno al problema de la inmigración ilegal así como diversos tipos de contrabando y otras acciones llevadas a cabo por los grupos criminales.
Esta iniciativa del gobernador texano, sigue la misma lógica que la que tuvo, durante junio del 2019, el entonces presidente Trump, al intentar establecer aranceles a las exportaciones mexicanas, esto debido a la política migratoria de puertas abiertas que implementó el presidente López Obrador al inicio de su mandato.
En aquel momento, el presidente mexicano aceptó las condiciones del presidente Trump, en el sentido de implantar acciones por parte de la Guardia Nacional mexicana para detener a las caravanas de migrantes que se dirigían a los Estados Unidos. También logró el presidente Trump establecer a México como tercer país seguro, donde los migrantes que solicitaban asilo o residencia temporal en los Estados Unidos, pudieran permanecer en tierras mexicanas mientas su proceso administrativo tuviera lugar.
López Obrador decidió no sólo aceptar estas condiciones que impuso en la negociación el presidente americano, también visitó Washington y apoyó con ello la imagen del presidente Trump que se encontraban en aquel momento en búsqueda de su reelección. Fue tal el éxito del presidente mexicano, que en su momento el presidente Trump lo reconoció llamándole “mi amigo”.
Toda esta historia parecía olvidada, sin embargo, la implementación de estas estrictas revisiones en la frontera mexicoamericana en el estado de Texas, generó que se realizaran filas donde los camioneros tenían que esperar en la fila para cruzar el puente internacional, durante muchas horas, lo que generó pérdidas millonarias, además, estas pérdidas también pusieron en jaque el equilibrio económico de los Estados Unidos considerando que actualmente se encuentra en un período delicado inflacionario, por lo que el temor a que aumentaran aún más los precios, especialmente de mercancías provenientes de México, se disparó.
Con todo ello, el gobernador texano no reparó en ningún tipo de consideración a pesar de las peticiones de los gobiernos federales americano y mexicano. La situación política devino en un impasse, es decir, no hubo diálogo ni negociación alguna, los días pasaron desde el 06 de abril que inició la política restrictiva texana, hasta el día 15 del mismo mes, que finalmente se liberó la frontera.
El gobernador Greg Abbott no descubrió el hilo negro, pero bien que lo estiró y lo estiró hasta que logró su propósito, negociar y obtener respuesta a su petición de mayor seguridad y limitación de migrantes a territorio texano.
Las restricciones impuestas por el gobierno texano ejercieron una gran presión económica, y realmente Greg Abbott actuó como un avezado discípulo del expresidente norteamericano Donald Trump, apretó y apretó con actitud firme y desafiante ante cualquier otra fuente de autoridad, fue así que ni el gobierno del presidente Biden ni del presidente López Obrador, se propusieron establecer un diálogo con el gobernador texano. Entendieron que el mandatario realmente anda en campaña para su reelección y los temas que le funcionaron al expresidente Donald Trump, le pueden redituar políticamente, especialmente el tema de la inmigración ilegal y la inseguridad en la frontera por parte de grupos del crimen organizado.
Greg Abbott replicó el contenido y las formas en el estira y afloja, en sus medidas coercitivas para demostrar que la administración del presidente Biden ha sido débil y permisiva hacia la inmigración ilegal, así como contra los grupos criminales que amenazan la tranquilidad y la paz de los norteamericanos.
En este contexto político electoral y ante esta narrativa xenofóbica propia del partido republicano, la complejidad inherente de la situación parecía no encontrar una solución expedita, sin embargo, no contaban con la astucia del gobernador de Nuevo León, Samuel García.
Así como Abbott es un discípulo destacado del expresidente Trump en su manera de hacer política, así también el gobernador neoleonés se ha destacado por ser un avezado discípulo del presidente López Obrador, en esta ocasión retomó el estilo pragmático del tabasqueño, y le dio una respuesta pronta y precisa a las demandas expresadas por el gobernador texano.
El presidente López Obrador entendió que el presidente Trump estaba obsesionado con una línea dura contra la inmigración ilegal como parte de su narrativa de campaña electoral; el mismo mensaje lo descifró el mandatario neoleonés, escuchó la demanda de su homologo texano, en el mismo tenor de una actitud en contra del gobierno federal de Biden, en una narrativa en contra de la inmigración ilegal y el deseo de establecer una política dura que contenga el paso de inmigrantes ilegales hacia aquel lado de la frontera.
Con el pragmatismo político como estandarte ideológico, con capacidad de convocatoria con los grupos de interés económico que giran en torno al tránsito y las exportaciones mexicanas, la transportación de las mismas, y con esa capacidad de gestión probada; así como el presidente mexicano, López Obrador, en su momento se echó a la bolsa al temido presidente Trump, así, mostrando habilidad política destacada, el gobernador neoleonés se echó a la bolsa al duro gobernador texano.
Como sabemos ambos gobiernos firmaron un memorando de entendimiento, y lograron así destrabar el flujo de exportaciones por vía terrestre en el Puente Colombia, y con ello, ambos gobernadores exhibieron este acuerdo como un éxito total. El gobernador texano demostró que tiene el poder para presionar y lograr una frontera más segura, y el gobernador neoleonés, que aceptó las condiciones de participar con la policía estatal en coordinación con otras áreas de seguridad, para impedir que los traficantes de migrantes logren su cometido, de hacer negocio a costa de exponer a las personas ilusionadas con el sueño americano, a mayores riesgos para sus vidas.
Estas políticas antinmigrantes propiciadas por el gobierno texano y que representan los intereses ideológicos del partido republicano, y que finalmente fueron secundadas por los otros gobiernos de las entidades que tienen frontera con Texas, no respetan el derecho humano migrante de transitar el territorio nacional sin ser molestados por las autoridades, así como tampoco las políticas y derechos establecidos por las leyes norteamericanas para dar protección y asilo a migrantes que provienen de países donde la violencia y el hambre son situaciones muy graves.
« El Porvenir »




