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Opinión Editorial


Freud va los óscares


Publicación:06-04-2022
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¿Y si en lugar de Chris Rock hubiera sido The Rock (Dwayne Johnson)? ¡Claro! No hay borracho que coma lumbre

No hay nada en el hombre que escape a las leyes de la palabra 

Jacques Lacan

¿Y si en lugar de Chris Rock hubiera sido The Rock (Dwayne Johnson)? ¡Claro! No hay borracho que coma lumbre. 

Las vidas, por principio, no son algo que se pueda explicar. Como lo evidencia el psicoanálisis en cada tratamiento, todas las vidas en sus detalles resisten a la universalización, por lo que solo se explican (y parcialmente) una por una; la verdad nunca es una tabla, un número, sino una vida de lo singular. No obstante, podemos tomarlas como referentes para plantearnos algunas cuestiones.

Alguien dice algo, articula una frase. Nombra a alguien, hace un chiste, todos escuchan, algunos ríen, mientras, acto seguido, el esposo de la destinataria del chiste, sube al escenario y propina una cachetada en la mejilla izquierda del presentador, autor de aquella frase: “Jada, I love ya, G.I. Joe 2, can´t wait to see it”. El chiste se dijo no en cualquier lugar, sino en televisión (ver-de-lejos) en un evento espectacular de la industria cinematográfica como lo es la entrega de los óscares, que, dicho sea de paso, tomó su nombre simple y sencillamente porque en una ocasión una mujer al ver la estatuilla dijo que se parecía a su tío Óscar, quizás algunos en aquel entonces rieron y otros no tanto, pareciéndoles un disparate.  

Como todo chiste, posee un mecanismo donde las palabras que forman la frase hacen referencia a un contexto y a ciertas personas, un chiste siempre por principio es local, referencial, no es abstracto ni universal. Existen muchas referencias para estudiar dichos mecanismos de construcción del chiste y el humor, refiero a los lectores a Sigmund Freud, El chiste y su relación con lo Inconsciente, El humor, Lo ominoso; Henry Bergson, Ensayo sobre la risa; Rafael Barajas “El fisgón”, Solo me río cuando me duele; Alenka Zupancic, Sobre la comedia.

Sigmud Freud tuvo un sobrino, Edward Bernays, quien emigró a Nueva York, no solo para convertirse en publirrelacionista sino para inventar dicha función, creando un novedoso contexto de colocación de productos a partir de ciertos juegos subjetivos, por ejemplo, inventando la alfombra roja en eventos de gala, la idea de que las estrellas de cine vistieran lujosos atuendos de exclusivos diseñadores, para que fueran entrevistados en ese recorrido. Refiero a los lectores al documental The century of the self.

Se dice un chiste, alguien ríe, alguien se enoja… no se puede dar gusto a todos, nadie es monedita de oro. Sin embargo, a un cierto nivel, podemos decir, que esos dos efectos muestran que algo se ha entendido, que el sentido y la alusión lograron tocar los cuerpos, justamente porque se afectó lo que se cree que es la imagen ideal de alguien, y al reaccionar con un golpe, con una cachetada, se reafirma y reincorpora como un insulto lo antes dicho. En ese sentido no fue el comediante el que insultó, sino quien le da consistencia al insulto con su respuesta, dejándola como víctima a la que hay que defender. En ese sentido, una palabra puede bien funcionar para alguien como insulto o como halago, como algo que toca y hace enojar, hace reír, enorgullece…Después de la escena, cada uno tendrá que lidiar con los efectos de lo sucedido, algunos quizás responderán de manera simple, conocida, pidiendo disculpas, justificando su acción, reduciéndose a víctima (No hay nada peor para la comedia que el sentimentalismo) otros quizás dándole la vuelta con la comedia misma a través de las palabras. 

Los humanos, como seres artificiales, creados por la cultura, nos constituimos y participamos de las lógicas de las imágenes y las palabras, estamos afectados por ellas. Por ello tanto los espejos, las fotos, como las palabras, frases, mensajes, post, libros y discursos, nos producen algo: un sentido, en la triple referencia, de sensación, significado y camino. Sin embargo –y he ahí la grandeza de la condición humana– ninguna imagen, ninguna palabra lograrán decir del todo, agotar, lo que cada uno es, permaneciendo el misterio, el enigma, la invención.

Darle la vuelta al insulto, si podemos decirlo así, consistiría en algo simple, pero que puede no ser tan fácil para algunos: “Si es cierto, para qué enojarse”, se asume que es cierto y que precisamente por eso caló, el otro supo hacer un buen chiste de algo que es difícil para uno, algo que también está a la vista, que es evidente.  “Si No es cierto, para qué enojarse”; como desafectarse de la broma con la broma misma: terminar efectivamente por salir en la película de la cual Demi Moore hizo un extraordinario papel en la primera parte, transitando con ello de la tragedia a la comedia, darle consecuencia a lo dicho, tomándolo a la letra, para que eso precisamente termine por convertirse en otro chiste



« Camilo E. Ramírez »