Opinión Editorial
Extraño
Publicación:21-01-2026
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La versión del maestro colombiano carece de una línea temporal verificable y deja episodios clave sin explicación.
"El Gran Hermano te vigila".
George Orwell
La historia que narra el maestro colombiano Leonardo Ariel Escobar Barrios sobre su "desaparición" durante 15 días en tierras de Nuevo León tiene mucho de extraño y suena por momentos más fantasiosas que la peor película de El Santo.
Porque hay trozos de su relato que no concuerdan o no son creíbles, porque nadie, incluido el afectado, ha sido capaz de brindar una cronología de lo que sucedió durante los 15 días que estuvo desaparecido.
La mayor parte del relato del colombiano puede recrearse con algo tan simple como los videos de vigilancia.
Por principio de cuentas, ¿qué fue lo que hizo Escobar en el área de Migración del Aeropuerto que provocó la intervención de la Guardia Nacional y su consignación por alterar el orden? Lógico es pensar que hay un video de estos hechos, como también lo debe haber de su salida del aeropuerto y llegada a las celdas municipales de Apodaca.
Al cumplir el arresto de 36 horas, seguro hay un video de su salida de la corporación apodaquense, como también lo debe haber de su regreso al aeropuerto y todo cuanto haya hecho ahí. ¿Quién le quitó sus pertenencias que le habían devuelto? ¿La línea aérea en donde tendría su conexión a Puebla le dio apoyo o se lo negó? ¿Estuvo en un mostrador u oficina de la aerolínea?
El colombiano afirma que durmió una noche en la terminal aérea y que después lo sacaron de ahí, por lo que desorientado comenzó a caminar sin rumbo... pero, ¿qué dicen las cámaras de videovigilancia de los alrededores del aeropuerto? ¿Cuándo pasó por ahí, hacia dónde se dirigía?
Amén de las cámaras de la autoridad, de seguro hay otras de negocios en los alrededores del aeropuerto que pueden documentar el paso del colombiano con fecha y hora exactas, de manera que resulta casi imposible perderle la huella en su trayecto durante los cuatro días en que dice vivió en la calle.
Incluso su rescate por parte del director del Centro de Rehabilitación de Juárez en donde fue encontrado, deja huellas en cámaras de videovigilancia que permiten recrear la historia.
La historia del maestro colombiano deja muchas tareas: ¿qué pasa cuando un pasajero tiene problemas en nuestros aeropuertos? ¿A quién puede acudir para pedir ayuda? ¿Sería muy difícil pensar en instalar un teléfono de emergencia al que todo el que necesitara tuviese acceso sin costo? ¿Hay personal preparado en nuestros puertos aéreos para atender este tipo de casos?
¿Cómo es que la Universidad que hoy se desgarra las vestiduras no dijo nada durante 15 días? ¿Qué hacía su pareja sentimental? El hombre seguro tenía un teléfono celular, ¿en dónde está?
No es por desacreditar, pero conozco personas que inventaban historias aún más increíbles cuando se desaparecían de su casa en una guarapeta por tres días, de manera que no puedo dejar de pensar que el maestro andaba en malos pasos y se inventó todo este sarao para no dar explicaciones.
¿Por qué el aeropuerto, la Guardia Nacional, la Policía de Apodaca y la Fiscalía no arman la recreación y nos dicen la verdad?
« Francisco Tijerina Elguezabal »



