Opinión Editorial
Esperando a Tláloc
Publicación:04-07-2022
++--
A lo largo de esta semana hemos tenido precipitaciones dispersas, pero insuficientes.
A lo largo de esta semana hemos tenido precipitaciones dispersas, pero insuficientes, aunque han representado un respiro, especialmente para el área de la Sierra de Santiago, ayudando a que la Presa de la Boca pueda recuperar un nivel mínimo para unos días más de abastecimiento de agua para nuestra Ciudad de Monterrey.
Generalmente se han asociado los fenómenos de la naturaleza con diversas manifestaciones divinas, esto desde la antigüedad, han existido creencias culturales en los pueblos, divinidades relacionadas con dar respuesta a las necesidades de una sociedad agrícola, por lo que las deidades de la lluvia, como Tláloc, son muy importante en las prácticas religiosas y los diferentes cultos paganos y también, de manera más reciente, católicos.
En lo personal no comparto una visión religiosa del fenómeno natural, eso de que hay que rezar para que llueva, me parece, desde un punto de vista científico y racional, una intención mágica que como bien decía Augusto Comte hace tiempo, el pensamiento mágico antecede en su desarrollo al pensamiento científico, por lo que evolutivamente es inferior para la razón humana.
Lo que sí podemos constatar es que el agua se ha convertido en un tema político, ha sido motivo para generar una gran presión en el gobernador de Nuevo León, quien verdaderamente se ha mortificado por plantear una solución a tan complejo problema. Ha presentado un plan para que la ciudad metropolitana de Monterrey, y Nuevo León, tengan suficiente agua para seguir creciendo en lo económico y social.
Tiene razón el gobernador de Nuevo León en señalar que no hemos recibido ninguna señal de solidaridad por parte de otros gobiernos de las 31 entidades federativas, y también tiene razón de que en su momento, Nuevo León ha apoyado con diversos bienes a los estados que han enfrentado terremotos, huracanes, inundaciones.
El caso de San Luis Potosí destaca en esta lista de gobiernos anti Nuevo León, como recordamos que quedó patente de manera muy clara, cuando se consideró la posibilidad de traer agua de ríos de ese estado a Nuevo León y que ellos no ocupan. El gobernador potosino se opuso tajantemente a esta posibilidad, que como bien se ha señalado, se trata de un bien que no le pertenece, ya que las aguas son de la Nación, esto de acuerdo con la Constitución.
Históricamente Nuevo León ha sido la casa que ha dado gran acogida a migrantes potosinos que llegaron, desde principios del siglo XX, buscando una fuente de empleo que les permitiera salir adelante, y bien que la encontraron. Sus descendientes se convirtieron en regiomontanos y han prosperado desde entonces en estas tierras que los recibieron con los brazos abiertos.
Para aminorar su culpa, y también para no echarse en contra tantas familias regiomontanas con raíces potosinas que habitan en Monterrey, el susodicho gobernador, gestionó el envío de unas pipas particulares de agua, esto con la intención de mejorar su mala imagen ante los muchos potosinos que tienen familillas en nuestra ciudad.
Igualmente tomamos nota de la Ciudad de México, cuya jefa de gobierno también se mostró poco interesada en el tema de ayuda a Monterrey, y no nos sorprende su actitud antinuevoleonesa, además, el presiente mexicano también trató de resolver la situación echándole la culpa a las empresas que aquí operan desde hace un siglo, que generan riqueza no sólo para Nuevo León, también para el país a través de la generación de empleos e impuestos.
Revisar las concesiones fue la solución, y el razonamiento fue nuevamente muy típico de un presidente que comparte un sentimiento antinuevoleonés y sólo ve los beneficios para el sureste mexicano, al señalar que: a quién se le ocurre poner una cervecería en el norte, donde no hay agua. El mensaje es claro, mejor traigan estos prósperos negocios al sureste, donde el agua es abundante, y que estos estados morenistas se beneficien del capital norteño.
También el tema del agua ha permitido ver la capacidad de manifestarse políticamente por parte de la población civil, quien recurre a métodos de presión y chantaje que antes sólo se veían en el sureste del país. Bloquear avenidas y carreteras es delito federal y municipal, sin embargo, nadie se atreve a aplicar la ley, y la gente ejerce su derecho a manifestar sus ideas e inconformidades, muy legítimas, afectando el derecho de tránsito de terceros.
El caso más insólito fue el de cuatro amas de casa, que con camioneta y manos al volante, bloquearon la Carretera Nacional, con motivo de que no tenían agua en casa. Fue un acto desesperado y novedoso para las amas de casa, pero a la vez una experiencia importante desde un punto de vista político, aprendieron que se puede bloquear las vías de comunicación federales, estatales o municipales, con total impunidad.
En este evento, un grupo de mujeres que veían desde lo alto de las colonias populares apostadas a lo largo de la cordillera del Cerro de la Silla, inmediatamente se unieron a la protesta, cuando a una de ellas se le entrevistó sobre el bloqueo a la Carretera Nacional, dijo con gran seguridad: “¡Tenemos derecho a bloquear las calles!”.
En Montreal, Canadá, todos los días la gente se manifiesta libremente por alguna causa que consideran válida, piden permiso al gobierno municipal y éste les designa las calles que podrán utilizar para su protesta. Ni en México ni en Canadá se debe criminalizar el derecho a protestar.
En Ottawa un grupo de camioneros se apoderaron del centro de la capital, bloquearon las calles, los residentes otauéses, no podían ya circular libremente, y luego para mayor presión política, los traileros en sus enormes tráileres, al unísono, sonaban sus bocinas durante horas, afectando la paz y la estabilidad emocional de los ciudadanos residentes. El gobierno de la ciudad aplicó las leyes, multó mil veces a todos los manifestantes que infligieran las normas establecidas, tanto al bloquear las calles, estacionarse en zonas prohibidas y en sonar sus bocinas para perturbar a los residentes.
En México debemos seguir el mismo camino, respetar el derecho a protestar, que la gente se manifieste en las calles, pero si transgreden las leyes, normas y reglamentos, se les deberá de aplicar la ley con la intención de que no afecten en su derecho a manifestarse libremente, el derecho de los otros ciudadanos al libre tránsito.
Esperar a Tláloc, nos ha mostrado esto y mucho más, cómo no señalar la violencia social que se ha desatado en personas que pelean por el vital líquido en diferentes barrios de la ciudad. Ante una necesidad inminente no satisfecha, surge la violencia física inmediatamente. El no respetar los derechos de los demás en nuestro derecho a manifestarnos, también es una forma de violencia cultural.
Mientras que Tláloc llega a Monterrey, la gente valora cada vez más el agua, y seguramente ha aprendido a disfrutarla como un preciado bien que es, así como a cuidarla con mejores hábitos de consumo.
« El Porvenir »




