Opinión Editorial
Debanhi
Publicación:27-04-2022
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Cuando lo que se necesita cada vez más y, hoy más que nunca, no es repartir culpas, sino asumir responsabilidades
El gran secreto del psicoanálisis es que no hay psicogénesis
Jacques Lacan
Cuando se trata de la vida y del sufrimiento del otro —no del propio, por supuesto, “Dios mío, que se haga tu voluntad en los bueyes de mi compadre”— siempre surgen cientos de miles de expertos que predican a diestra y siniestra lo que en verdad sucedió, lo que se debió hacer, lo que nunca se debe hacer para poder evitar tal o cual cosa; algunos, en un exceso de confianza, estupidez o ambas, declaran haberlo sabido desde antes (¡Predictores del pasado!, ¿Si ya lo veían venir, por qué no intervinieron para evitarlo?), lo que se debe hacer de ahora en adelante para que en el futuro… y demás bla bla bla cargado de una visión lineal, simplista y políticamente correcta de la vida y la interacción social.
También están los que rápida y políticamente buscan curarse en salud, explicando lo sucedido, pontificando (¿salvando el pellejo?) encajando cualquier cosa que suceda —cual cama de Procusto— en los mismos esquemas y fórmulas de siempre, sin decir ni aportar nada nuevo; a fin de que el evento sea delimitado, empaquetado, archivado y, finalmente, olvidado. Contrasta con quienes procuran explotar y lucrar con el sufrimiento, polemizando sin ton ni son, abriendo cada vez más la herida para explotar lo mismo el dolor, que la indignación. Tan peligrosos los unos como los otros: son explicaciones a modo con objetivos ajenos a lo sucedido; sean objetivos políticos, como económicos y de rating.
El camino de seguir las huellas, los indicios y las sospechas (Nietzsche, Marx, Morelli, Freud, Lacan, Christi, Holmes…) de las evidencias, aquel que va a tientas, paso a paso, caso por caso, recabando la evidencia, reformulando las hipótesis y las estrategias de toda la indagatoria, que no se “casa” con una idea prestablecida, que está listo para las sorpresas…es mucho más efectivo, pero también requiere tiempo, no es inmediato al tiempo de un tweet o Tiktok; ya que no se cierra aceleradamente por fines políticos, ni se deja abierta y confunde su labor por intereses económicos. Sino incluye la confusión y el malentendido en su praxis; no parte de una idea general donde todo se explica (cama de Procusto) sino de hechos con su evidencia, que van formulando una tesis; ya que las vidas, en principio, no tienen explicaciones únicas, unidireccionales, no son eventos o fenómenos lineales como los fenómenos de la naturaleza, sino polifónicos, discontinuos, ambiguos.
Las vidas, en principio, no se explican, sino se muestran. Una vida, un suceso, nos puede mostrar y enseñar algo, precisamente si partimos de su carácter singular, único, inigualable e irrepetible, caso por caso. Esto requiere que los que participan en dicha investigación pericial se dejen llevar, sin ningún tipo de brújula que no sea la de lo sucedido, a sabiendas de su carácter de imposibilidad de contar con todas las evidencias, pero al menos siguiendo las que se van recabando y registrando, y que les permiten leerlas a partir de sus huellas e indicios, es decir, de lo que ellas muestran y no, reducidas y aplastadas como ejemplo de algo que ya se sostuvo desde el principio desde un pre-juicio: es que andaba con el novio, es que andaba vestida de determinada manera, qué andaba haciendo a esa hora, de seguro lo que pasó fue que…, la culpa es de las amigas, la culpa es de los padres, la culpa es del gobierno…Y demás declaraciones por el estilo, que buscan deslindar responsabilidades. Cuando lo que se necesita cada vez más y, hoy más que nunca, no es repartir culpas, sino asumir responsabilidades. Saber que, paradójicamente, si aspiramos a vivir en sociedades democráticas de derechos y libertades, el precio que pagamos por dicha la libertad es en cierta manera el eterno delito. En contraparte con la idea, cada ves más fascinante para muchos, de la dictadura: que plantea que para estar más seguros debemos entonces estar más vigilados.
Definitivamente requerimos construir un nuevo orden, un nuevo lazo social ético, una Tierra Dos, como le ha llamado el psicoanalista brasileño Jorge Forbes, con base en la responsabilidad de cada uno ante lo que hace y no de moralidad políticamente correcta, donde las culpas se reparten al por mayor, se termina confundiendo y, lamentablemente, olvidando.
« Camilo E. Ramírez »




