Opinión Editorial


Danza


Publicación:28-01-2026
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Encuestas sesgadas y porcentajes inflados dañan la credibilidad y confunden al electorado en momentos clave.

"Un periódico consta siempre del mismo número de palabras, haya noticias o no las haya".

Henry Fielding

¿Cómo creer en la danza de los números, las cifras y los porcentajes que a diario nos recetan los políticos?

¡Todo funciona! ¡Todo está más mejor!, nos gritan con alegría, sin embargo la realidad, esa "chinche" realidad que todo lo echa a perder los desmiente y hace que la percepción nos juegue una mala pasada en la mente y nos ponga a dudar.

¿Cómo creer la versión oficial de que el 85 por ciento de los alumnos acudieron a los planteles escolares el lunes con temperaturas bajísimas al arranque del día, cuando en todos los noticieros de radio y TV la noticia, en vivo y en directo, eran las aulas vacías?

¿Con qué deglutir la versión del Instituto de Movilidad en el sentido de que  el tiempo de espera para abordar una unidad disminuyó en 25 por ciento entre 2024 y el 2025, cuando al circular por las calles cada vez observas filas más largas esperando el transporte?

¿Con qué "arrempujas" el bocado que un día sí y otro también nos recetan jactándose de que la violencia se ha reducido y los homicidios dolosos son menos cuando a diario observas en la televisión, la radio, la prensa y las redes sociales ejecuciones y aparecen cuerpos por doquier?

¿Cómo dar por buena la información que nos brinda un gobierno cuando nos habla de porcentaje de avance de obra y te jura y perjura que lo concluirá en tanto tiempo cuando a las claras se puede deducir que eso no pasará?

¿Cómo comprender esta danza de los números cuando, dependiendo quién lo publique, los partidos políticos mienten públicamente al difundir encuestas falsas en las que se colocan por encima de sus opositores y ninguna, ninguna, ninguna, coincide con otra?

Tengo amigos que realizan encuestas y a algunos de ellos les creo. Sin embargo, ¿cómo no dudar de que se planeó un sesgo al redactar la batería y orden de las preguntas? ¿Se brindó información necesaria y suficiente a los encuestados para tomar decisiones reales? ¿Cómo confiar en las encuestas y los encuestólogos cuando los resultados son tantos y tan distintos entre ellos? ¡Flaco favor le hacen a la profesión y entre ellos al mentir tan descaradamente!

Como aquel vaso "medio vacío o medio lleno" del anuncio de El Heraldo de hace años, todo es cuestión de enfoques, pero una cosa es tomar perspectiva y tomar una posición ante los hechos y otra, muy diferente, el manipular y mentir, el engañar, el cambiar las cosas buscando esconder fracasos y construir triunfos inexistentes.

¿Cuánto porcentaje de indecisos se podrá convencer en base a todas estas mentiras? ¿Cuántos realmente caerán en la engañifa y se decantarán votando por lo popular y no por lo que les dicta el emocional o el racional?

El tiempo corre en contra, porque a pesar de la danza de números la realidad se impone y termina por convencer al más pintado, a ese que tratan de adoctrinar pero que resiente el hambre en el estómago y el vacío en sus bolsillos.

Podrán danzar lo que quieran, pero no triunfarán.




« Francisco Tijerina Elguezabal »