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Opinión Editorial


Cubrebocas opcional


Publicación:14-03-2022
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El uso del cubrebocas ya no es obligatorio para espacios abiertos, así lo estableció el gobierno del estado de Nuevo León recientemente.

El uso del cubrebocas ya no es obligatorio para espacios abiertos, así lo estableció el gobierno del estado de Nuevo León recientemente; sin embargo, con dos años de haber instalado su uso obligatorio, mucha gente prefiere mantener esta medida de prevención considerando que los riesgos persisten, aunque, como sabemos, el SARCov-2 ya no representa el mismo peligro que antes.

Con el semáforo epidemiológico en verde, el gobierno estatal decidió que a partir de ayer domingo, ya no fuera obligatorio; las autoridades estatales aun así lo recomiendan para personas de grupos vulnerables, así como mujeres embarazadas, además, se considerará obligatorio su uso en espacios cerrados, transporte público y escuelas.

Hay que mencionar que además del cubrebocas, también se eliminó la obligación de la toma de temperatura en la entrada de diversos establecimientos, a excepción de las escuelas. La pandemia finalmente está cediendo, el “ya la estamos domando”, finalmente parece hacerse realidad, el día de ayer se reportaron 69 contagios, el cual es la cifra más baja desde que inició esta calamidad.

A nivel nacional se reportaron mil 191 casos nuevos, en total se han contabilizado en nuestro país 321,103 defunciones por motivo del Covid-19. La Secretaría de Salud considera, tomando en cuenta los indicadores más significativos, que la curva epidémica  tiene una tendencia de descenso de un 41 por ciento, lo cual son datos duros que ratifican la idea de que la pandemia realmente va de salida.

El tema del cubrebocas ha sido motivo de inconformidad por parte de grupos conservadores en Canadá y Estado Unidos, sin embargo, en nuestro país no hemos tenido este tipo de respuesta, considerando que se trata de un instrumento que previene que estemos expuestos, de manera directa, a diversas infecciones y enfermedades.

El uso del cubrebocas no es nuevo, acompaña a la humanidad desde la antigüedad, así hay registros desde Plinio el Viejo (79-23 AC), los materiales en aquel tiempo procedían principalmente de la piel de animales. Leonardo de Vinci también lo sugirió para evitar inhalar sustancias químicas tóxicas, esto en el siglo XVI.

No fue hasta el siglo XIX cuando se utilizó por primera vez en el quirófano, esto en Francia por un doctor de apellido Berger; pero antes, los médicos también la habían considerado para uso preventivo, tenemos información que en el siglo XIV durante la peste negra en Europa, los médicos utilizaban máscaras en forma de pico, que contenía diversos remedios para evitar los contagios.

También hay registro de su uso en China, en 1910, durante una plaga en Manchuria, pero no fue hasta 1918, con la pandemia de la influenza, que por primera vez su utilizó el cubrebocas para la población en general. En el siglo XXI, durante las epidemias que se han presentado en el 2003 de SARS, como la del 2009, con la influenza, el uso de las mascarillas se ha extendido de manera global.

El uso del tapabocas posee doble beneficio, para las otras  personas así como para el portador de éste; sabemos que las partículas virales se proyectan de manera limitada y, a la vez, el usuario recibe una menor exposición y una mínima cantidad de carga viral, lo cual le beneficia reduciendo el riesgo de enfermedad grave.

El tema del cubrebocas es uno de ganar ganar, los beneficios son para quien lo usa como para los que le rodean, eso es un hecho. Pero de que su uso es incómodo, sí que lo es. Llevo dos años utilizando esta tela sobre parte de mi rostro, y en un inicio realmente me resistía, se me olvidaba que debía utilizarlo.

Inicialmente cuando mis hijos y  nietos entraban a la casa utilizando la mascarilla, realmente lo percibía como una desconfianza de ellos hacia uno  pero, poco a poco, comprendí que  la utilizaban para proteger a mi esposa María Luisa como a mí, de cualquier contagio.  Eso finalmente lo agradecí.

Hoy me sigue incomodando el uso de la mascarilla, lo que más detesto es que no puedo entender bien la comunicación de las personas, recientemente he tenido una baja auditiva y aunque utilizo un aparato para minimizar esa pérdida, me apoyo mucho en la lectura labio facial y la mímica para entender bien los mensajes; y en este sentido, el cubrebocas lo echa todo a perder.

Afortunadamente la casa cuenta con una cochera muy amplia y allí tenemos sillas de exteriores que permiten recibir a las visitas o platicar con la gente que llega y nos saluda. Este espacio ha sido muy importante en estos dos años de pandemia, mis hijos arriban y esperan en esta sala al exterior hasta que salgo, nos sentamos a platicar y cubrimos todos los requisitos de prevención, especialmente al estar al aire libre y respetando la sana distancia.

Estoy de acuerdo que en espacios abiertos y respetando una distancia superior al metro y medio, no se requiere el uso del cubrebocas, así lo practico cotidianamente, sin embargo, cuando mis hijos y nietos entran a la casa, ahí sí es preferible que utilicemos todos la mascarilla, considerando que es un espacio cerrado, poco ventilado y donde no podemos guardar la sana distancia. En esta situación bienvenido el cubrebocas sea o no obligatorio.

También aprecio mucho el uso de la mascarilla cuando vamos varias personas en el coche, o cuando estoy con los amigos departiendo en algún restaurante, siento que ahí seguiré utilizando el cubrebocas lo exijan o no.  No se diga para otros espacios cerrados como hospitales, escuelas, edificios, teatros, auditorios, oficinas, pienso seguir usándolo independiente de que se declare la pandemia como cosa del pasado.

Este tipo de experiencias derivadas del duro confinamiento y,  en general de condiciones emergentes e inesperadas, nos han dejado muchos aprendizajes;  uno de ellos, sin duda, es  el beneficio que el cubrebocas nos brinda para la prevención de contagios e infecciones, porque realmente quién en su sano juicio, quiere enfermarse si posee los recursos, medidas e instrumentos necesarios para lograr prevenir y evitar un contagio, o cualquier enfermedad engorrosa y peligrosa.




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