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Opinión Editorial


Verdad vs. Verdad


Publicación:08-06-2022
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En un juicio todo es verdad, lo que dicen ambas partes siempre es verdad. La tarea de los abogados consiste en destacar, principalmente, dicha verdad

Grabé en la penca de un maguey tu nombre, unido al mío, entrelazados

José Ángel Espinoza

Amber Heard vs. Jonny Depp. No hace mucho tiempo, casi nada, menos de un respiro —si pensamos en el tiempo que tiene el universo— en lugar de existir oposición, un “versus”, había una “y” que unía los nombres de dos enamorados, Jonny y Amber; quizás hasta enmarcado con un corazón y una flecha atravesándolo. Después vino la separación, la ruptura, la guerra y, finalmente, el juicio. ¡Oh, los designios de Cupido son insondables!

Y henos aquí, hoy, después de seis semanas de alegatos, con el veredicto del jurado. No me dirigiré por la vía más fácil: tomar partido por uno u otro, no me interesa eso. No porque no tenga algo de importancia, sino porque no tengo interés en hablar, o más bien, en escribir, de si lo que se concluyó es cierto o falso, si es verdad o mentira; osar decir quién tiene la razón, si quien ganó, o, quien perdió. Si es asunto de hombres o de mujeres, de quién grita más fuerte, de si los niños o las niñas. No, lo que quiero señalar es un asunto más básico, elemental, que los implica a ambos, tanto en su violencia interna, reclamos, alegatos, como en sus argumentos y postura. ¿Qué es lo que nos revelan sobre las relaciones en estos tiempos? ¿Sobre el amor? Y, sobre todo, sobre la transformación del lazo social que nos implica a todos, es decir, las forma de vincularnos, nacer, vivir, amar, trabajar…morir. Como lo ha bautizado de genial manera, Jorge Forbes, psicoanalista brasileño, en esta Tierra Dos que todos habitamos.

Primeramente, ¿Quién tiene la razón? Podemos decir con claridad que los dos tienen la razón. Ya que la verdad no es un asunto exclusivo y simplista, sino de sectores, circuitos y referentes, de elementos que se eligen, destacan, argumentan y opacan, donde todo está sujeto a una interpretación, es decir, a un juicio subjetivo.  

Los dos, Heard y Deep (¡Escucha profunda!) se reclaman por lo que el otro no es y no hace. Ambos estaban —según sus propios testimonios— en esa relación por alguna otra razón: dinero, traumas de la infancia, fama, carrera, etc. Justamente, como quien permanece con su pareja por un referente externo, que los hace irresponsables de tomar decisiones, “no era yo, fue mi inconsciente”, “Dios me hizo hacer eso”, sea el pacto religioso, ideológico, los hijos, la familia, el qué dirán. En ese sentido, fue una relación y una forma de entender el amor, como la idealización del otro y el cumplimiento de un mandato (ideal, amoroso, religioso, psicológico: estoy contigo porque respondes a mis vivencias y traumas de la infancia) de ahí que esto último haya sido utilizado por ambos durante el juicio como explicación del por qué seguían juntos, por qué no se separaban. 

En un juicio todo es verdad, lo que dicen ambas partes siempre es verdad. La tarea de los abogados consiste en destacar, principalmente, dicha verdad, pero —y he ahí la estrategia (o mentira) siempre implícita— al mismo tiempo, ocular la responsabilidad que cada uno tuvo, y tiene, en eso qué dicen que sucedía o hacían, para que el jurado y los jueces los vean en la posición de víctimas. En ese sentido, la estrategia de los equipos legales se base en presentar a sus clientes como personas sin responsabilidad en lo que “han padecido”, quitándoles toda tridimensionalidad al personaje, los convierten en seres bidimensionales, o son buenos o son malos. Que tanto gusta al show mediático, con su simplificación de disputas legales, deportivas…con reclamos y elogios listos para uno y otro, sea el caso. 

El amor es un fracaso para jugar, si es que eso se elige o también para dar por terminado en santa paz, algo que o se terminó ya o nunca existió. Decíamos fracaso en el sentido de la idealización del otro, ya que toda idealización porta su absurdo, su necesario odio y reclamo, ¿por qué no eres como yo te idealicé? Si eso ya no opera en la pareja, reclamarse por lo que el otro no es, entonces se puede jugar, reconocer y articular las diferencias, la complementariedad, no la competencia de quién tiene la razón, el poder, quién domina y manda sobre el otro y quién se somete. Quien no advierta esto o no pueda, caerá en las redes de la eterna desilusión y su acompañante inseparable, el odio y el reclamo: “¿por qué no eres como yo imaginé que serías?, ¿por qué no podemos ser como en un principio? ¿Por qué me hiciste daño durante tanto tiempo? Sin preguntarse si quiera, ¿Y qué hacía yo ahí tanto tiempo en el que me hacían daño?” Anclando la relación y al otro en la ilusión neurótica de que quizás un día ese/esa persona se convertirá en lo que se desea, y si no fuese, al menos, un día, si se encontrará a alguien que si logrará responder a todo lo que se desea y espera. Enamoradores en serie que van por ahí idealizando, entregándose en lo que les conviene, frustrándose, reclamando, odiando, maldiciendo, golpeando, violentando a la otra persona. Simple y sencillamente, porque no fue lo que esperaba, ¡Porque nunca será! eso que se soñó que sería y no es. 

Nota: agradezco a Nichdali Salomón, quien, haciéndome las preguntas atinadas, me motivó a escribir este texto. Mostrándonos una vez más, que un maestro, es algo en constante construcción, algo que se produce entre las inquietudes compartidas de estudiantes y quien desea enseñar.



« Camilo E. Ramírez »