Opinión Editorial


Reforma electoral


Publicación:02-03-2026
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Militar y político priista, Fernando Gutiérrez Barrios fue gobernador de su natal Veracruz.

Militar y político priista, Fernando Gutiérrez Barrios fue gobernador de su natal Veracruz, senador y secretario de Gobernación. Entre otros cargos, llegó a dirigir la temida policía secreta, señalada por acallar a la oposición.

Más allá de su amplio palmarés en el servicio público, hoy interesa recordarlo como el primer presidente del Consejo del Instituto Federal Electoral (IFE), organismo que sustituyó a la Comisión Federal Electoral. Fue, además, el último secretario de Gobernación en fungir como árbitro de los comicios, antes de iniciar el proceso de ciudadanización del instituto a principios de los años noventa.

Desde 1917, con la promulgación de nuestra Constitución, se establecieron reglas para procurar elecciones transparentes; sin embargo, durante mucho tiempo la organización electoral permaneció bajo control del Estado.

En la década de 1940, bajo el mandato de Manuel Ávila Camacho, se dio forma a una Ley Federal Electoral. A partir de entonces, el marco normativo se reformó de manera gradual para hacer más eficientes y confiables los procesos. También evolucionaron las credenciales para votar, que hoy incorporan múltiples candados de seguridad.

En 2014, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, el IFE se transformó en el Instituto Nacional Electoral (INE), con nuevas atribuciones y alcance nacional.

El año 2000 marcó la alternancia en la Presidencia de la República. En el nuevo milenio han gobernado el PAN, con Vicente Fox y Felipe Calderón; el PRI, con Enrique Peña Nieto; y posteriormente el movimiento de la llamada Cuarta Transformación, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, a quien hoy sucede Claudia Sheinbaum Pardo.

Actualmente, en el Congreso de la Unión tienen representación siete fuerzas políticas: Morena, PAN, PRI, PVEM, PT, Movimiento Ciudadano y PRD, en una Cámara de Diputados integrada por 500 legisladores.

El tránsito para superar hegemonías y abrir espacios de pluralidad no ha sido sencillo. Costó décadas construir condiciones para que distintas voces accedieran a la máxima tribuna del país. Hoy, sin embargo, existe el temor de un retroceso.

Desde el sexenio anterior se planteó una reforma electoral que impactaba directamente al INE, lo que detonó amplias movilizaciones ciudadanas en noviembre de 2022 y diversas concentraciones en 2023.

Ahora, la 4T retoma el tema con propuestas que fortalecerían al partido en el poder: una reducción del 25 por ciento al presupuesto del INE y de los partidos políticos, la eliminación de los senadores de representación proporcional y un nuevo esquema para los 200 diputados plurinominales.

Más delicado aún sería desaparecer el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), mecanismo que ha dado certeza la misma noche de la elección.

Como sociedad, ¿qué estamos dispuestos a hacer? ¿Defenderemos los avances logrados o normalizaremos prácticas que creíamos superadas? ¿Prevalecerá la participación o la apatía?

La historia demuestra que sin contrapesos ni rendición de cuentas se abre la puerta al abuso de poder, la intolerancia y la exclusión. No es alarmismo: es una advertencia sustentada en la experiencia.

¿Para qué escenario estamos preparados? Las elecciones de 2027 están cada vez más cerca.



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