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Opinión Editorial


La vida que se va


Publicación:04-08-2021
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La vida que se va es la vida que espera a ser vivida con valentía y que es contraria a aquella que se ha diseñado ilusoriamente en el espejo de las imágenes

La singularidad se ejerce en la diferencia

Jorge Forbes

Los seres humanos –como los gatos—tenemos muchas vidas: una es la simple y concreta vida biológica, el nacer, desarrollarse y morir, que se comparte con los demás seres vivos (incluso los objetos inanimados transitan por el tiempo compartiendo un cierto espacio) y la otra, una significativa, subjetiva y singular, que no necesariamente está sujeta al paso del tiempo, sino a su vivencia de acuerdo con momentos y decisiones marcantes. La primera está marcada por la supervivencia, mientras que la segunda por la amplificación e invención. 

Para los humanos por supuesto las dos vidas son necesarias e interdependientes, no hay una sin la otra. Por más que una persona tenga todas las ganas de vivir esa vida significativa y singular ¡la vida de la vida! Si algo no funciona bien a nivel de su organismo o en la dimensión de seguridad, el tiempo de vida biológica puede llegar a su fin, cortando de tajo la vida, proyectos y aspiraciones que se pudieran haber tenido. Recuerdo a mi abuela materna declarar ¡Si yo todavía quiero pararme, bailar y correr, ponerme a barrer, pero mi cuerpo ya no me hace caso! Por otro lado, contar con una vida biológica, estar vivo desde un punto de vista médico, no necesariamente es garantía de que tengamos esa otra vida, la vida de la vida, la vida del sentido y significado de la existencia, aquella sagrada a la cual le pudiéramos destinar nuestra existencia. Que cuando falta se siente un inmenso vacío y dolor sin nada que la oriente; la persona se experimenta angustiada, errante, sin ton ni son, nada le sabe, nada consuela ni otorga felicidad; en ese punto, la vida se vive como una carga pesada, una prisión de la cual se desea salir. Ese es el momento preciso para ponerse en discusión con uno mismo, hacer un psicoanálisis. Un psicoanálisis y no una psicoterapia o terapia de autoayuda, donde terminan ofreciéndonos respuestas estandarizadas “ya listas”, recetas de lo imposible, donde debemos adaptarnos a un principio previamente colocado como normal: cómo ser feliz en diez pasos, cómo alcanzar fama y fortuna, encontrar la comunicación perfecta, el amor al alcance de la mano…Que en siempre terminará por mostrarnos que la vida es un camino y conquista singular, algo que se recorre en primera persona y no que recibimos ya acabado. El psicoanálisis ofrece una experiencia con la propia existencia, desde las lógicas que construyeron y organizaron nuestra vida, nuestra forma de vivir, pensar, amar y también de sufrir, generar síntomas, problemas…Y cómo, principalmente, a partir de las mismas, podemos construir una nueva posición ante lo que nos sucede. 

La vida que se va es la vida que espera a ser vivida con valentía y que es contraria a aquella que se ha diseñado ilusoriamente en el espejo de las imágenes que se creen perfectas, esas que se han construido desde afuera, desde la ideología que se transmite e impone por los medios que menos lo esperamos, y que dicta lo que hay que hacer/pensar/sentir/responder…contraria a la vida significativa de la pasión, del sentido de vida, ahí donde cada uno encuentra un deseo propio. 

Algunas preguntas: ¿Qué es lo que da sentido a su vida? ¿Cuáles son las personas, actividades y experiencia que han marcado su vida? ¿Qué es aquello que le apasiona hacer? ¿Qué es aquello que detesta hacer? ¿Cuáles han sido las conquistas que más le han costado y al mismo tiempo más satisfacción le han dado en su vida? ¿Qué le gustaría hacer hoy para que este momento tenga más sentido? ¿Qué planes y proyectos está desarrollando en este momento? ¿De qué está llena su vida y ya no soporta? ¿Qué le falta? ¿Por qué no hay mucho de eso?... (entre muchas otras que usted se formule)



« Camilo E. Ramírez »