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Opinión Editorial


La otra violencia


Publicación:28-09-2022
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Entonces se fueron abriendo paso nuevas voces. Unas que, al inicio, se creían formaban parte de la lucha, el hartazgo y el reclamo

Como lo enseñó Freud, el mal no proviene del mal, sino del bien 

Jacques Lacan

Entonces se fueron abriendo paso nuevas voces. Unas que, al inicio, se creían formaban parte de la lucha, el hartazgo y el reclamo. Y claro que lo eran, en su contenido, en las ideas que planteaban, en la fuerza que las movía. Pero no desde algunas posiciones desde la que se decían, ni hacia donde se dirigían, su lógica y, sobre todos, sus efectos. Por lo que algunas de sus consecuencias, más que de combate y liberación, terminaron por ser un brazo más de la opresión y la violencia estructural (¿patriarcal? ¿machista? ¿feminista?) que se padece: tener que ser irreprochables, además de resistentes, bonitas, eficaces y eficientes, trabajadoras, amas de casa, buenas esposas, cuidar la figura, la mente, la salud física, espiritual, administrar adecuadamente la economía familiar, no envejecer, tener energía, cocinar bien…no permitiéndoseles fallar, ni dar un paso atrás.   

Como lo muestra día a día la clínica psicoanalítica, lo que los psicoanalistas escuchamos cotidianamente: el mal, el sufrimiento humano, no proviene necesariamente del tan conocido mal, tal cual lo ha retratado la literatura, la historia y el cine. Por supuesto que existe la encarnación del mal, la perversión, esos humanos con disposición psíquica para el usufructo de la degradación, el daño y la destrucción de los semejantes, como de cualquier forma que humanice y cree cultura, consenso, diálogo y solución pacífica de los conflictos. Pero también del bien, de ese bien que, no obstante, todas las buenas intenciones, termina por producir malestar, precisamente porque se enuncia desde una posición absoluta del deber ser. “Tener que ser/sentir/pensar/hacer…de tal o cual manera, de lo contrario…” En ese sentido, la mayoría de la gente no pensaría que, en gran medida, los motivadores y coach de vida son los principales sembradores de tristeza y depresión, esa que se genera desde el circuito de: “para ser verdaderamente…feliz/exitoso/a/emprendedor/a/inteligente/ bla bla bla…debes hacer/tener….tal o cual cosa, para entonces…” Y como ese objetivo nunca se consigue del todo, las personas terminan tristes y con una sensación de fracaso, gracias a lo cual vuelven a cargarse de culpa y degradación para ir en busca de algo o alguien más, que les distraiga y salve de su miedo, del riesgo de tomar decisiones. 

La libertad consiste en ejercer el derecho a configurar durante la vida la propia diferencia, salirse de las expectativas de los demás, sean pareja, familia y amigos queridos o sociedad en general, para poder entrar en el terreno de lo inédito de la singularidad, de, como ha dicho Guillermo del Toro, sobre el éxito: “cagarla en los propios términos”. Ejercer la libertad de elegir la forma de vida que se desee tener. Ello implica no solo una emancipación del poder opresor del otro de carne y hueso, que siempre puede asechar, molestar y violentar, sino también de ese Otro en tanto estructura de lenguaje y forma mental que configura lo que consideramos como realidad, como lazo social, una vez introducido como habla interna en el pensamiento, que opera desde “adentro”, condicionando, reclamando el no-cumplimiento del deber ser. 

La liberación y desalienación implicará, por lo tanto, una lucha y diferenciación, tanto del primero como del segundo. Ya que, de lo contrario, se podrá luchar sólo contra el de carne-y-hueso, creyendo que con eso basta, sorprendiéndonos que ese lugar y personaje, serán relevados por muchos más. O, peor aún, que en nuestro pensamiento y forma de relación con los demás, buscamos, sin darnos cuenta, curiosamente, a una persona o una forma de relacionarnos con la vida (trabajo, familia, amigos…) con esas mismas características que hacían sufrir, padecer un daño, repitiendo una y otra vez la misma historia. 



« Camilo E. Ramírez »