Opinión Editorial


Júbilo


Publicación:06-07-2026
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Hay páginas que explican una manera de mirar el mundo.

Hay páginas que explican una manera de mirar el mundo. "Cien años de soledad" es de ese tipo. Allí, Gabriel García Márquez retrata a Macondo como un lugar donde el júbilo colectivo tiene la fuerza suficiente para alterar el ritmo de la vida cotidiana.

Basta la llegada del circo, de la música o de un invento desconocido para que el pueblo entero deje de lado sus preocupaciones y se entregue a la celebración, aunque sea por unas horas.

Ese instante de felicidad compartida nunca es superficial. Ningún personaje celebra completamente solo: incluso quienes cargan con sus propias tragedias también encuentran en el júbilo colectivo un refugio momentáneo frente a la incertidumbre.

En México conocemos bien esa sensación. Existen acontecimientos, como el Mundial de futbol, que son capaces de borrar las diferencias. Entonces las calles se transforman, las plazas recuperan su bullicio y millones vuelven a sentirse parte de una misma conversación nacional.

Durante unas semanas, México volvió a mirarse a sí mismo con entusiasmo, descubriendo que todavía existen motivos para celebrar en colectivo. Y es que los grandes acontecimientos deportivos funcionan como un espejo: si bien reflejan el nivel futbolístico de una selección, también muestran el estado de ánimo de todo un pueblo.

Por eso, este Mundial dialoga además con el momento que vive el país. Después de años de gobiernos neoliberales que afirmaron que cambiar el rumbo de México era poco menos que imposible, la transformación iniciada en 2018 ha demostrado que las decisiones públicas sí pueden modificar la vida de millones de personas.

Con la presidenta Claudia Sheinbaum al frente, el Segundo Piso de la Cuarta Transformación representa la continuidad de un proyecto que apuesta por consolidar esos avances y abrir nuevas oportunidades para las personas que permanecieron relegadas durante décadas.

Quizá la lección más valiosa que nos está dejando este Mundial es que los sueños colectivos siguen teniendo sentido cuando existe voluntad para perseguirlos, porque en la política y en el deporte no hay triunfos definitivos ni derrotas eternas.

A final de cuentas, el júbilo también consiste en creer que lo mejor aún está por escribirse. Y si algo nos ha enseñado México es que nunca deja de levantarse para volver a intentarlo, y que, sin importar qué pase, siempre estaremos listas y listos para el siguiente reto o el siguiente Mundial.

 



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