Opinión Editorial


Pasión


Publicación:15-06-2026
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Juan Villoro escribió en "Dios es redondo" que las ligas y los mundiales de futbol crean una ilusión de regularidad.

Juan Villoro escribió en "Dios es redondo" que las ligas y los mundiales de futbol crean una ilusión de regularidad y prometen la dicha a plazos. Algo parecido observó Eduardo Galeano en "El futbol a sol y sombra". Para él, cada partido cuenta una historia sobre la sociedad que lo produce, y en la cancha se reflejan sueños, conflictos y aspiraciones colectivas.

Ninguna otra actividad parece que logra condensar en tan poco tiempo tantas sensaciones compartidas. El futbol se vuelve así una narrativa popular en la que cada generación encuentra sus propios héroes, sus derrotas y sus triunfos.

Lo anterior cobra mayor sentido ahora que el Mundial de Futbol 2026 se lleva a cabo en México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, en nuestro país la pasión se siente con una intensidad singular. Aquí no es solamente entretenimiento, sino parte de la vida cotidiana, de la memoria familiar y de la cultura popular.

En 2026, México se coloca nuevamente en la mirada del mundo, pero en un contexto diferente. La nación pasa por un proceso de transformación profunda que busca ampliar los derechos y reducir las desigualdades.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que la prosperidad no puede medirse únicamente a través de indicadores económicos. Una sociedad más justa también debe garantizar espacios para la convivencia, la recreación y la construcción de comunidad. Bajo esa lógica, se busca la democratización de la diversión.

Democratizar la diversión significa que la pasión por el futbol pueda sentirse también en plazas públicas, centros comunitarios y espacios culturales; que el entusiasmo colectivo no quede limitado a quienes pueden adquirir un boleto.

México tiene mucho por aportar en este encuentro: historia, cultura y hospitalidad, que constituyen una poderosa carta de presentación. Pero quizá nuestro mayor aporte sea, precisamente, esa pasión heredada de siglos, esa capacidad de convertir el juego en celebración colectiva y de encontrar en el balón un punto de confluencia.

Esa es la verdadera pasión nacional, la que convierte un balón en puente y una fiesta deportiva en un abrazo entre naciones. Y desde aquí estaremos enviando el mensaje al mundo de que la competencia no impide la fraternidad, que la rivalidad no cancela el respeto y que el deporte sigue siendo uno de los pocos territorios en que la humanidad puede reconocerse como una sola.

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X: @RicardoMonrealA

 



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