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Opinión Editorial


Despertar de la realidad


Publicación:17-11-2021
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Romper con una trayectoria ya conocida, pero al mismo tiempo insostenible, e inventar una nueva

“La compulsión del repetir (…) sustituye ahora el impulso de recordar”

Sigmund Freud

Despertar del sueño de la realidad que se vivía es finalmente salir del sueño-pesadilla-acomodativa en el que se estaba viviendo sin saberlo. Romper con una trayectoria ya conocida, pero al mismo tiempo insostenible, e inventar una nueva.

¿Cómo poder advertirlo? Por sus efectos, siempre por sus efectos, como por la angustia, un afecto que no miente –como ha dicho Jacques Lacan. Muchas veces no nos damos cuenta de que algo ya cambió desde hace ya tiempo, pero vivíamos como si fuera lo mismo, reaccionamos igual ante nuevos estímulos y realidades, repitiendo un mismo circuito, un mismo patrón, buscando permanecer a toda costa en algo que ya fue. Nos comportamos como aquellos de los cuales habla Henri Bergson en su Ensayo sobre la risa, en referencia a la forma básica de humor físico: personajes que se mueven mecánicamente sin advertir que algo a su alrededor ha cambiado, por ejemplo, apareciendo un agujero en el suelo, y caen en él, simple y sencillamente porque siguen con sus mismos movimientos mecánicos, como si fueran un autómata preprogramado.  

Los duros golpes que da la vida marcan, cada uno a su manera, lo irreversible, irrumpen, evidenciándose en carne propia la discontinuidad, el cambio, la transformación y el movimiento; nada permanece, todo se mueve, el tiempo no es un recurso renovable. Y sin embargo vivimos como si todo fuera estable, duradero y predecible. Por ello Freud, el padre del psicoanálisis, decía que existían algunos humanos, los neuróticos, que sufrían de reminiscencias, viviendo anclados a un pasado, padeciéndolo, en vez de enfrentar el presente, construyendo un futuro. De ahí que hacer un psicoanálisis sea una forma a partir de la cual cada uno puede recuperar su presente, no viviendo más bajo el peso del pasado o la sombra de las expectativas del futuro. 

Los más resistentes al cambio buscan protegerse en la ilusoria e inexistente noción de estabilidad (“¡Pero si estábamos tan bien!”) viven en la nostalgia, buscan que nada cambie, que todo siempre siga igual, como escudo protector contra las sorpresas de la vida, sin darse cuenta de que lo mejor de la vida, la emoción, pasión y creatividad, el deseo, se les derrama entre los dedos; se autoexilian en el limbo gris de la monotonía. En cambio, los que aman y producen los cambios, prefieren autoexiliarse en un presente permanente, siempre fresco y no escritos, esos no solo heredarán… ¡Sino que ya heredan la tierra, el tiempo y el instante! 

Despertar del sueño de la realidad es advertir las coordinadas y estaciones que marcaban un circuito de repetición imparable hecho de “lo mismo” esperando que algo, por arte de magia, simplemente cambie. Es –como decía Einstein—la verdadera enfermedad mental: hacer lo mismo, esperando mejores y diferentes resultados. Es amar, paradójicamente, más el muro que el mar abierto, la esclavitud a la libertad, como lo ha planeado Massimo Recalcati en su más reciente texto, La tentación del muro.

Despertar del sueño de la realidad es también advertir que lo que somos no es más que una noción, una imagen evanescente que, no obstante, dicha cualidad, nos proponemos fijarla, petrificarla, hacer como que es estable, única e indivisible, consagrarnos al culto a la imagen, a la mirada y al juicio de los demás, desperdiciando los mejores años de vida, el aquí y el ahora, la decisión, el cambio. Por suerte siempre habrá alguien o algo que nos sacuda, claro y fuerte, que destruya, que nos haga perder, desorientarnos, perdernos… conduciéndonos a construir algo nuevo. 

  



« Camilo E. Ramírez »
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