Opinión Editorial
¿Buenos y malos?
Publicación:02-03-2022
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Pero también la guerra, además de negocio redondo, es una forma de presión de la negociación
Nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho
Benito Juárez
Más allá de quiénes son los buenos y quienes son los malos, en una guerra, se dice, nadie gana, todos pierden, que los únicos que ven el final de la guerra son los muertos de ambos lados. En la guerra, los adultos se comportan “…como si en el mundo no hubiera niños [...] juegan con cosas que no tienen repuesto” (Serrat).
Las atrocidades de la guerra son terribles, inauditas. “Dijimos nunca más y he aquí que monstruosa se repite la historia” (José Emilio Pacheco). Sin embargo, al seguir las pistas (“Follow the money”) se pueden encontrar otros sentidos, rectos y también sinuosos, alternativos, paralelos, entrecruzados, unos donde los opuestos se encuentran y las posiciones se intercambian.
Más allá de las bases ideológicas (izquierda, derecha, liberalismo, nacionalismo…) que sustentan –lo sepan o no, lo reconozcan o no– a gobiernos y empresas, el mayor reto es escuchar y considerar los argumentos de cada participante, leer sus lógicas, sus usos y sus ganancias, los circuitos de verdad a los que responden. Ya que, en un contexto plagado por lo políticamente correcto, la indignación y el odio, el erigirse como juez moral del otro, la ausencia de un pensamiento crítico y la radicalización de los bandos, se corre el riesgo de dar por sentado todo, quienes son los buenos y quienes son los malos, hacer de la opinión y de la emoción exaltada una expresión automática de la verdad. La realidad es mucho más compleja, los intereses y los límites de los bandos se vuelven borrosos. Todos hemos visto cómo una invasión o la utilización de medidas extremas se pueden considerar, dependiendo de quién las realice, tanto una “operación quirúrgica” de liberación de un pueblo oprimido, la bien intencionada acción de los buenos o la imposición de un gobierno con hambre de poder, la acción de los malos. Ni lo uno ni lo otro hay que aceptarlo inmediatamente, pues las víctimas nunca son ni los gobiernos, ni los fondos, ni los medios de comunicación, sino la población civil.
Más allá de la guerra cuerpo a cuerpo, directa, de la violencia más evidente y cruenta, existe una alianza y violencia estructural corporativa, gubernamental de “los buenos” contra “los malos”, ya que los primeros temen por el desarrollo de la aplastante economía y energéticos de los segundos, que los primeros, lo saben y carecen. En ese sentido, podemos decir que estructuralmente los presidentes de ambas naciones (Rusia y Ucrania) no son tan diferentes: a un cierto nivel no les interesa su población civil, ya que no dudan en arriesgar a sus ciudadanos en aras de una cierta Causa, sea de buenos o de malos, de ataque o de defensa, ante una mirada y participación mundial igualmente cómplice, a la cual tampoco les interesa. Un ejemplo: si tanto les interesara la población, modificarían sus políticas migratorias, no promoverían la política de endeudamiento de las naciones, no irían a explotar los recursos de otros países, empobrecerlos, reducirlos a nada.
En 1932 Sigmund Freud y Albert Einstein reflexionaron entorno a la pregunta: ¿por qué la guerra? A través de un intercambio epistolar. “[Einstein] entiende tanto de psicología como yo de física, de modo que tuvimos una conversación muy placentera” (Einstein y Freud, ¿Por qué la guerra?, 1933) Hoy, siguiendo cierta argumentación freudiana (Aquel que, en lugar de aventar una piedra, arrojó un insulto, inventó la cultura) podemos decir que la guerra es una forma de fracaso –¿o renuncia? – del diálogo y la diplomacia, del debate, la negociación y los acuerdos. “Nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho” (Benito Juárez) Pero también la guerra, además de negocio redondo, es una forma de presión de la negociación, solo que es difícil defenderse y negociar cuando se tiene una bota en el cuello y no se puede respirar, “I can´t breathe” (George Floyd)
El poder de gobiernos, medios de comunicación y empresas, moviendo los hilos a todos los niveles, “…jugando con cosas que no tienen repuesto” (Serrat) es Terrorismo puro. No es una exageración usar la palabra Terrorismo, en tanto que este se emplea no solo por grupos armados independientes, como las guerrillas o el crimen organizado, sino por ciertos Estados, Partidos políticos, Empresas y Medios de comunicación, que viven de amedrentar permanentemente a sus ciudadanos, empleados y televidentes, modificando, controlando, “dándole forma” a la verdad. Por ello, la verdadera guerra, la verdadera resistencia pacífica, la verdadera liberación, sucederá cuando la población, los ciudadanos, advirtamos dicha “Matrix” que configuran y explotan tanto un bando como el otro.
« Camilo E. Ramírez »




