Opinión Editorial


Aprendizajes 2025


Publicación:14-01-2026
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Juventudes y educación sostienen la esperanza de cambio global.

Al terminar el año, la revisión de lo aprendido a nivel global ayuda a ordenar los hechos y a entender las tendencias que hoy condicionan la vida colectiva. Esta mirada permite identificar los retos urgentes y las decisiones que pueden definir nuestro rumbo común.

La paz. La paz sigue siendo la aspiración más grande, especialmente donde no existe. Las crisis armadas en Europa del Este y Oriente Medio evidencian decisiones alejadas del bienestar general. Tampoco hay paz cuando se restringen libertades, se reprime la expresión o la violencia estructural amenaza la supervivencia, situaciones vividas en muchos países. Es imperativo fortalecer instituciones democráticas, mecanismos de diplomacia y sistemas de prevención.

Persisten graves violaciones a derechos humanos. La dignidad —que debería guiar toda decisión pública— se socava cuando la inacción permite que estas violaciones se normalicen. El quiebre de la humanidad quedó de manifiesto con la migración forzada, que en 2025 alcanzó más de 123 millones de personas, un reflejo de que el mundo expulsa más de lo que protege. A esto se suma la tensión climática, donde el impacto de fenómenos extremos, como sequías e inundaciones, disparó los costos agrícolas y energéticos, afectando directamente la seguridad alimentaria y económica de millones de personas. Asimismo, la violencia de género, persistente y multiforme, continúa sin una respuesta proporcional a su gravedad. No es falta de diagnóstico ni de recursos: es la ausencia de voluntad colectiva para priorizar la vida y la dignidad humana.

Faltan consensos. La polarización sigue siendo una amenaza sistémica a la gobernanza. Alimentada por la desinformación y la posverdad, obstaculiza el diálogo y el pensamiento crítico. En América se profundizó en países como Venezuela, Estados Unidos y Brasil, generando marcadas divisiones internas y afectando también sus relaciones con otros países. Los adversarios políticos se miran como enemigos, afectando el diálogo necesario para reconstruir confianza y fortalecer instituciones. Y México no es la excepción.

La corrupción: el freno estructural del desarrollo. La corrupción sigue siendo el gran obstáculo que erosiona la confianza, distorsiona los incentivos y desalienta la innovación. Si bien este es un mal presente en numerosos países, en América Latina México y Brasil mantienen consistentemente altos índices de percepción de corrupción, según Transparencia Internacional. Esta realidad se traduce en un persistente bajo crecimiento económico y una desigualdad que no cede, demostrando que la corrupción desvía recursos esenciales para el progreso. En términos simples: el talento empuja hacia el futuro, pero la corrupción lo retiene en el pasado.

La tecnología emergente es buena aliada. La inteligencia artificial avanza a un ritmo que supera la capacidad humana de asimilación. Sus beneficios son enormes, pero también sus riesgos. Los diálogos con esta tecnología crecieron exponencialmente en 2025, superando la marca de mil millones de interacciones diarias a nivel global con plataformas y asistentes conversacionales. Esta masificación marca alertas para que el usuario los guíe con pensamiento crítico, valide los datos y reflexione sobre sus implicaciones éticas.

La esperanza persiste. En 2025, el activismo juvenil mostró un cambio decisivo. Miles de jóvenes —de Europa a América Latina— se movilizaron en cifras récord (un aumento estimado del 15 por ciento respecto al año anterior) por justicia social y reformas democráticas, rechazando la corrupción y las violaciones de derechos. Su participación masiva demuestra que la esperanza organizada es una fuerza política real. La entrega del Nobel de la Paz a María Corina Machado reforzó este mensaje global de resistencia democrática.

Educación. La educación sigue siendo la herramienta más poderosa para la justicia social y la movilidad. Según la UNESCO, si todas las personas adultas completaran la educación secundaria, la pobreza mundial podría reducirse hasta en un 50 por ciento. En 2025, casi la mitad de los adultos jóvenes en los países de la OCDE alcanzó la educación superior —una condición asociada a mayores ingresos, empleos estables y mejor salud—, reforzando así el papel de la educación como motor de equidad y progreso social.

Los hechos del año muestran que el desafío no solo es comprender lo que ocurre, sino asumir la responsabilidad de transformarlo. Si 2025 dejó algo claro, es que los aprendizajes solo tienen valor cuando se traducen en decisiones que dignifiquen la vida colectiva.

Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, leticiatrevino3@gmail.com




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