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Opinión Editorial


A solas y en silencio


Publicación:13-04-2022
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“Poder estar a solas y en silencio” es una prueba rápida y efectiva, al alcance de la mano, para poder tomarle el pulso a nuestra salud mental

Bien podríamos decir que, “Poder estar a solas y en silencio” es una prueba rápida y efectiva, al alcance de la mano, para poder tomarle el pulso a nuestra salud mental. Poder tener la capacidad de vivir la propia soledad en silencio, contemplando nuestras sensaciones y pensamientos, así como a las personas y cosas que nos rodean, constituye una conquista de las más sublimes que pueda vivir una persona durante su vida. Nunca confíes en un pensamiento que haya surgido del estar sentado –decía Nietzsche– quien, por cierto, gustaba de caminar por horas y ejercitarse todos los días. 

Para muchas personas el poder estar a solas en compañía de la propia soledad, con la sola presencia de nosotros mismos, nuestros afectos y pensamientos, puede ser algo extremadamente difícil, terrible, inclusive persecutorio, la peor de las películas de terror que nunca quisiéramos ver. De ahí que estas busquen salir lo más rápido posible de dicho estado, huir a cualquier cosa que les evite estar a solas consigo mismas. La vida siempre ha estado llena de cosas, el activismo, el ruido, las ocupaciones sin fin, el ir y venir, el trajín, los pendientes, en casa o en el trabajo, que nunca se acaban, lo mucho que hay que recorrer, ver, comprar, poseer…

El mundo actual, organizado entorno a la idea de consumo y goce directo, sin restricciones e interminable, nos lanza a una carrera acelerada donde no hay tiempo ni oportunidad que perder, pues la felicidad siempre se encuentra allá, no aquí sino allá, a la distancia del aceleramiento frenético de los cuerpos y las carteras. No hay goce ni felicidad que perder, la única forma –se piensa—de vencer la depresión, el tedio y el fastidio es acelerarse, consumir de una sola bocanada la vida, live fast, love hard, die young, que se ofrece como estilo, sentido y objetivo de vida. Y es precisamente en ese contexto donde la soledad y el silencio son vistos como debilitadores del goce frenético y del canto de sus sirenas cautivantes. Desde esa lógica estar a solas y en silencio es estar detenido, perdiendo el tiempo, sin vida, triste, alejado, desconectado de la vida y el placer.  

Poder estar a solas, tener la capacidad de enfrentarse con los propios “demonios”, una vez que los hemos convocado, decía Sigmund Freud, es una de las vías para resolver nuestros conflictos más resistentes, conociendo y atravesando sus verdades. 

¿Qué es lo que emerge cuando estoy a solas y en silencio? ¿Qué recuerdos, sensaciones y pensamientos acuden a mi encuentro? ¿Qué sanciones me visitan en mis momentos de soledad y quietud? ¿Qué es eso que, a pesar de los años y las distancias, insiste e insiste, acompañándome, a veces de cerca o a la distancia, que nunca me abandona, y que aparece de una manera especial cuando estoy a solas y en silencio?

Somos seres discontinuos y solitarios, estructuralmente hablando: nadie puede vivir la vida por nosotros, además poseemos una soledad irreductible, nadie sabe que estamos pensando o sintiendo, lo cual nos hace tanto sentirnos por momentos incomprendidos como diferentes, ajenos, distantes… pero al mismo tiempo con deseos de entrar en contacto con los demás, hacer amigos, comunidad, enamorarnos…Justamente es la soledad la que nos saca de la relación social, la misma que precipita los encuentros. 

Aquello que emerge, que evocamos en la soledad y en el silencio, a menudo es lo pendiente, lo ya conocido, pero también lo nuevo, lo que aguarda a ser reconquistado, realizado, emprendido…Retroceder, retornar, regresar y repetir, para, cuales exploradores de nuestras vidas, resolver las cosas pendientes, darles un sentido nuevo, fresco…posibilita apropiarnos del tiempo presente, amplificar los horizontes de vida. No de manera ingenua y boba, estilo motivaciones huecas de libros de autoayuda, sino siendo conscientes de lo que hemos vivido, sufrido, andado, conquistado… pero, sobre todo, lo que está próximo a florecer y ser inventado, lo que nunca será sin nuestra participación decidida.     



« Camilo E. Ramírez »