Opinión Editorial


2 de noviembre


Publicación:02-11-2022
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La muerte muestra de manera radical que nada ni nadie debe nada a nadie

El 2 de noviembre en México se celebra el día de los muertos. Fecha en que conmemoramos a quienes – se dice—se nos adelantaron en el camino. Es una fiesta llena de colores, sabores y memoria. Mucha comida, bebida y música, relatos, caminar, permanecer. 

Un festejo a la vida, al retorno y a lo que permanece.  El 2 de noviembre es una festividad en la que, de manera especial, recordamos a nuestros seres queridos, aquellos que han pasado de la presencia a la memoria. Del contexto de sus cuerpos y voces resonando al de la ausencia, el recuerdo (según su etimología, volver a pasar por corazón) y el silencio. Ante lo irreversible de la muerte, creemos que quizás, bajo ciertas condiciones (la bebida y comida que le gustaba, la música que bailaba…) nos visitarán un ratito. Es nuestro amor irrefrenable e ilimitado el que logra abrir las puertas mimas del más allá, sea para descender al hades o asistir a los más excelsos cielos, para convocar a quienes amamos en vida, y que ahora, no están. ¡Vengan! Les hemos preparado lo que más les gustaba. 

La muerte, lejos de la monotonía de la oficialidad religiosa de caras largas y moralidad burocrática hueca (la vida eterna, el castigo, el paraíso y demás bla bla bla) continúa siendo un misterio inquietante. ¿Qué es morir? ¿Qué hay después de la muerte?... las preguntas se multiplican hasta el infinito. Nadie sabe y el misterio permanece. Quizás hasta logre en algunos vivos el despertar, dejar de vivir-como muertos-en-vida. Ya que la muerte tiene ese delicioso toque de hacernos patente nuestro tránsito, el movimiento y su finitud. Por lo tanto, maestra de vida

Sin embargo, más de allá del folclore y lo bonito de la festividad, existe algo en la muerte y los muertos que es importante sepultar y dejar descansar: la fascinación por el pasado y su eterno retorno, su perpetua reiteración, creyendo que “allá” si éramos felices, cuando esas personas, que ahora no están con nosotros, vivían. Dicha ilusión neurótica amenaza con robarnos el presente y el futuro, verlos solo como el peso de un pasado que se fue. En lugar de enfrentar la angustia del mundo presente a través de respuestas creativas, los humanos buscaríamos una protección en el pasado, justamente en aquella época o persona que se ha ido; y como se ha ido, creemos que es precisamente su ausencia la que comenzó con todas nuestras calamidades. Dándole consistencia a la idea de que el “mal viene de afuera”, con una visión irresponsable sobre nuestra exista en el presente y futuro que aún no está escrito. Si algo de hermosa tiene también la muerte es el mostrar la ruptura, la discontinuidad de las personas y generaciones, de las familias. 

La muerte muestra de manera radical que nada ni nadie debe nada a nadie. Que cada cual está condenando, en cierta forma, a vivir en soledad, abandonando, continuando por su cuenta. No hay madre, padre, hermanos…que no posea esa potencialidad de abandonarnos, de irnos a través de su muerte. De romper el lazo de continuidad. Que no por ser abrupta y sorpresiva deja de ser hermosa, sublime, misteriosa…justamente como la vida misma, que no es algo definitivo, sino lo que hagamos de ella. 



« Camilo E. Ramírez »