Opinión Editorial
Las otras lecturas del Mundial
Publicación:06-07-2026
++--
El futbol refleja las fortalezas y limitaciones de las sociedades que representa.
Hay dos lecturas inmediatas del Mundial. La económica, que confirma que el futbol es una industria global capaz de movilizar inversiones, turismo, consumo y millones de dólares. Y la deportiva, que permite admirar a los equipos mejor preparados, aquellos cuyos jugadores muestran carácter, disciplina y resiliencia para competir al más alto nivel.
Sin embargo, también hay lecturas culturales, sociales, políticas y humanas, el futbol refleja las fortalezas y limitaciones de las sociedades que representa.
En México, fieles a nuestra vocación festiva, hemos disfrutado los partidos jugados en el país. Las calles se convirtieron en espacios de convivencia entre nacionales y extranjeros y fueron escenario del júbilo y creatividad de los mexicanos, que como siempre, sorprendieron con sus ocurrencias durante la fiesta.
Inevitable recordar a Octavio Paz cuando decía que gracias a las fiestas el mexicano se abre, participa y convive con sus semejantes. En El Laberinto de la Soledad, Paz observa el contraste entre un país de arraigada melancolía y la vitalidad de sus celebraciones. Escribe que, "sin ellas, estallaríamos": las fiestas nos liberan, son "júbilo y lamento".
Quizá por ello el grito de "¡México!" trasciende el resultado deportivo. Como señaló Enrique Krauze, expresa "esas ganas que tenemos los mexicanos de gritar nuestro amor a México". Otros dicen que es la sublimación de la impotencia ante un entorno adverso; un "ay, ay, ay, canta y no llores" entonado a todo pulmón.
Para muchos, los costos de los boletos exhibieron la desigualdad económica que persiste en el país. Mientras algunos pudieron pagar cantidades extraordinarias para asistir a los estadios, otros siguieron los partidos en plazas públicas al no tener tampoco acceso a las transmisiones de paga.
También hubo otra lectura distinta a la desigualdad. Para algunas personas, el gasto elevado para asistir a un partido —incluso a costa del endeudamiento— responde a otra lógica: cuando el futuro se percibe incierto, el presente adquiere un valor absoluto. Se privilegia la experiencia inmediata frente a la expectativa de un mañana que no parece ofrecer mejores oportunidades.
El Mundial también deja historias que trascienden el marcador. Los relatos de aficionados que ahorraron años, de familias que cruzaron países y jugadores que cargan sacrificios muestran el rostro humano del futbol.
Pero existe otra lectura inevitable y es la advertencia del poeta romano Juvenal, quien acuñó la expresión panem et circenses —pan y circo— para señalar a una sociedad que renunciaba a la participación pública a cambio de subsidios y espectáculos. Su juicio sigue vigente cuando los grandes eventos, el entretenimiento o la euforia colectiva desplazan la atención de los problemas que merecen atención política.
La crítica no se dirige al deporte ni a la celebración, sino al riesgo de convertirlos en recursos para la distracción. Aunque las ciudades sede evidenciaron rezagos importantes —particularmente en una infraestructura vial que no estuvo a la altura del desafío—, el compromiso se cumplió con dignidad gracias al comportamiento y entrega de la afición, de los clubes deportivos que prestaron sus estadios y de empresas turísticas y gastronómicas. Vimos a políticos aprovechar la euforia futbolística para promover su imagen, organizar espectáculos o capitalizar la emoción colectiva mientras, en la realidad, persisten problemas estructurales sin resolver y promesas sin cumplir.
También emerge otra dimensión mexicana: la falta de confianza con la que solemos mirarnos como país. Dudamos de nuestras capacidades, desconfiamos de nuestras instituciones y pocas veces creemos que podemos competir de igual a igual con otros países. ¿Y si sí? Quizá por eso cada triunfo de la Selección se vive como una reivindicación nacional y cada derrota como una confirmación de nuestras propias dudas. Después de todo, el "ya merito" forma parte de nuestra identidad nacional.
Sin duda, la mejor lectura de este Mundial es el júbilo por cada triunfo de la Selección Mexicana que nos devuelve la esperanza no solamente de avanzar en la justa deportiva sino de tener un país unido, con capacidad de llegar lejos. Nos permite sentir a México en la piel.
Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, [email protected]
« El Porvenir »


