Opinión Editorial


Informe de gobierno: ¿Soberanía en la información?


Publicación:03-06-2026
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El informe por los dos años del triunfo electoral fue utilizado para reforzar el discurso de la 4T.

La retórica se consolida como el principal instrumento político de la 4T. 

Las 409 conferencias mañaneras acumuladas hasta ahora por la presidenta Sheinbaum no parecen suficientes; el gobierno recurre además a magnos eventos diseñados a modo para saturar el debate público con datos seleccionados.

Bajo esta estrategia se desarrolló El Informe por los dos años del triunfo electoral de la presidenta Sheinbaum, un acto que combinó la movilización presencial en el Monumento a la Revolución con transmisiones simultáneas y en plazas públicas y plataformas digitales.

"Les pido un poco de paciencia", anticipó la presidenta Sheinbaum al iniciar un repaso de indicadores económicos y sociales que, desde la óptica oficial, demuestran el avance del país. En un mensaje de casi cinco mil palabras, el discurso acumuló cifras y datos de autoelogio, dejando fuera de la narrativa aspectos críticos de la realidad nacional.

Más allá de las cifras oficiales, quedaron fuera del mensaje asuntos como la inflación, la violencia asociada al control territorial del crimen, las carencias educativas, los reclamos de madres buscadoras, la situación real de Pemex y el crecimiento del empleo informal, entre otras omisiones.

En contraste, abundaron como siempre, los ataques hacia las administraciones del pasado. El discurso revivió las figuras de Vicente Fox y Felipe Calderón, a quien calificó directamente de encabezar un "narco-gobierno". En su argumentación, los periodos previos representan una era de privilegios, decadencia y deterioro patrimonial del Estado que abrió las puertas a la injerencia estadounidense. Esta línea discursiva sirvió para blindar y exaltar la actual administración, en la que, según la mandataria, no existe espacio para la corrupción ni para los excesos que históricamente ofendieron a la población.

Según esa visión, las dificultades que México vive actualmente no son fallas de gobierno sino de ataques mediáticos y campañas digitales financiadas por sectores ultraconservadores que rechazan la transformación nacional. La crítica hacia la oposición fue severa, etiquetándola como una "derecha entreguista" dispuesta a promover presiones externas para demeritar al país con el único fin de recuperar antiguos privilegios.

El momento más tenso del discurso llegó con la política exterior. Sin mencionar a Donald Trump, la presidenta denunció cualquier intromisión extranjera y exigió respeto irrestricto a la soberanía nacional. El mensaje operó también como una defensa implícita de los ciudadanos mexicanos reclamados por la justicia estadounidense. Bajo la consigna de que "México no es piñata de nadie", la soberanía reapareció como argumento para contener los fuertes señalamientos de alta contra figuras vinculadas al oficialismo.

El trasfondo del evento evidencia que la prioridad no es la rendición de cuentas, sino el fortalecimiento ideológico de la 4T. Es una narrativa que acusa a la oposición, defiende a la actual administración, protege acusados y manipula la opinión pública en nombre de la soberanía nacional.

Esto explica la invitación de la presidenta de salir a las plazas públicas a repartir volantes y realizar asambleas bajo la consigna de que la patria se defiende. El discurso se convierte en un claro ejemplo de retórica legitimadora, pues disfraza un acto oficial de gobierno en un mitin de partido y transforma el deber constitucional de informar en una estrategia de adoctrinamiento masivo y blindaje gubernamental.

Al afirmar que "la soberanía vive en el territorio, pero también vive en la información", la mandataria introdujo un concepto inusual en su narrativa política, trasladando la lógica de la soberanía al ámbito mediático. La expresión puede leerse tanto como un llamado a reforzar y expandir la narrativa oficial como una advertencia frente a la circulación de discursos contrarios al régimen, pero también podría interpretarse como un banderazo de salida rumbo a los comicios intermedios de 2027.

La historia demuestra que el control de la información y el uso de la propaganda masiva como doctrina de Estado han sido las herramientas predilectas de los regímenes de corte autoritario. En este escenario, la ciudadanía debe mantenerse alerta, pues bajo el pretexto de defender la soberanía informativa, podría estarse operando una nueva y sofisticada estrategia de manipulación política articulada desde la retórica.

Leticia Treviño es académica con especialidad en educación, comunicación y temas sociales, [email protected]




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