Opinión Columna


Iker y el pequeño pájaro


Publicación:05-04-2019
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Con nuestros cuidados, pensamientos y acciones podemos salvar animalitos, la naturaleza y sobre todo salvarnos a nosotros mismos.

Iker, mi hijo de 8 años, salvó a un pequeño pájaro de ser devorado por nuestras “lindas” mascotas Luna y Tara, dos perritas de raza labrador. “¿Lo podemos salvar?”, me preguntó. Tenía un ala lastimada y en su pequeña cabeza un rasguño. Era domingo a las 7 de la mañana, todos dormíamos; entre dormido y despierto le contesté con otra pregunta, con el afán de que razonara un poco: “¿Tú que crees?” “¡Si tú lo puedes curar sí!”, me dijo y me entregó el pequeño animal que cabía en una sola de mis manos.

Ahora me convertía en veterinario, chamán, curandero o simplemente en el “papá que todo lo puede”. Mientras examinaba y acariciaba al pequeño pájaro, intentando no sé qué cosa, pensaba cómo explicarle a mi hijo que la naturaleza así es, unos mueren para que otros vivan. Pero la noche anterior habíamos visto la película de los “Avengers”, en la que un personaje con sólo un chasquido mata a medio universo, para que la otra mitad pueda “vivir bien y en paz”. Demasiado para un niño de 8 años que sólo quería salvar a un pajarito de las garras de sus propias mascotas.

Sin embargo, yo no dejé de cuestionarme cuánto daño le hacemos los humanos a la naturaleza, a nuestro mundo e inclusive ya al universo, con tanta basura espacial que estamos generando, con satélites, cohetes, sondas, entre otras cosas, que vamos dejando en el espacio. Para no ir tan lejos, nosotros los neoloneses hemos hecho de nuestra metrópoli la ciudad más contaminada de México. ¿Cuál ha sido nuestro mal?, ¿tu basura tirada?, ¿mi manía de usar para todo el coche?

¿Cuántas industrias se han hecho ricas con sus grandes chimeneas a costa de la contaminación del ambiente? ¿Cuántas inmobiliarias o constructores han devorado cerros y montañas? ¿Quiénes hemos decidido vivir con una gran terraza, incrustados en la montaña, quitando árboles y espacio a los animales? Eso somos y hemos hecho como sociedad y ni hablar del gobierno, con políticas ambientales “blandas” y encima corrupción al momento de aplicarlas. Esas fallidas leyes que “cuidan el medio ambiente y los animales”.

Regresé de mis pensamientos y el pobre pajarito no reaccionaba, le pedí a Iker que fuera por agua y pan para darle algo de comer a ver si lograba reponerse. Cuando me quedé solo con el animalito sentía su fragilidad, era quizás como este mundo que estamos matando, esta tierra que no hemos sabido cuidar. Enseguida se despertó mi otro hijo, Gabrielo, de seis años, quien sin saber lo que había pasado llegó con Iker: traían el pan y el agua encargados. “Papá, agárralo bien porque va volar”, me dijo.

¿Cómo decirles que no iba a volar y que en cualquier momento moriría? Como no soy veterinario, chamán o curandero, les dije que lo cuidarán bien, le dieran pan y muy poquita agua, que buscaría una caja de zapatos o algo para que se quedara un tiempo con nosotros.

Cuando llegué ya estaban discutiendo, quizás de manera inocente o con una gran dosis de fe, si mejor lo soltaban para que volara y se fuera con su familia o se lo quedaban para que nosotros lo cuidáramos y fuera parte de la nuestra. Además lo habían bañado con el agua, en vez de dársela a beber; para acabar con la discusión les dije que lo soltaran, que la pequeña ave decidiera y lo más inaudito sucedió: Voló. Los dos pequeños se quedaron tristes viéndolo partir, entonces era importante decirles que con nuestros cuidados, pensamientos y acciones podemos salvar animalitos, la naturaleza y sobre todo salvarnos a nosotros mismos.



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