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Rusia contra Ucrania: guerra de estrategias

Rusia contra Ucrania: guerra de estrategias


Publicación:02-07-2022
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También otros protagonistas regionales, desde la India, un gigante emergente, hasta la impredecible Turquía y la pequeña Eslovaquia.

BRUSELAS, Bélgica/EL UNIVERSAL.- El conflicto entre Rusia y Ucrania está sirviendo de alguna manera a los propios intereses de todos los actores externos involucrados en el enfrentamiento. No sólo la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea (UE) persiguen objetivos específicos en el juego de estrategias desencadenado por la crisis, también otros protagonistas regionales, desde la India, un gigante emergente, hasta la impredecible Turquía y la pequeña Eslovaquia. Cada uno de estos actores trata de "llevar agua a su molino", aunque las maniobras no están exentas de dilemas. La campaña de destrucción de Ucrania lanzada por Moscú ha desencadenado la mayor respuesta de la UE contra un país tercero. En sintonía con los aliados del G7, ha venido recurriendo a herramientas disponibles en el comercio y las finanzas para castigar al régimen del presidente Vladimir Putin. A velocidad hasta ahora no conocida, desde las primeras semanas de la guerra, ha venido ejecutando un paquete de sanciones de impacto ascendente dirigido a personas cercanas al régimen, instituciones y sectores clave de la economía.

Simultáneamente a las sanciones, la UE autorizó 2 mil millones de euros como "ayuda letal" para luchar contra los invasores de Ucrania, algo absolutamente impensable hace sólo unos meses, de acuerdo con un reporte coordinado por Steven Blockmans, director de investigaciones del Centre for European Policy Studies (CEPS), thinktank con sede en la capital de Europa. Si bien las acciones tienen como objetivo llevar al pasado a la economía rusa con la finalidad de reducir las fuentes de financiamiento de armas que alimentan la guerra, el Ejecutivo comunitario está aprovechando la excepcional situación para colocar en la agenda viejos pendientes, como la autonomía energética, alimentaria y de defensa. Bruselas está convencida de que el conflicto armado en suelo europeo debe conducir a una reformulación de la arquitectura de seguridad y la reducción de la dependencia energética de Rusia.

En 2020, una tercera parte de las importaciones de crudo de la Unión venían del gigante euroasiático, mientras que 43% del gas natural. El análisis del CEPS titulado La respuesta de la UE a la guerra de Rusia en Ucrania, ¿Un momento de transformación?, sostiene que la crisis acelerará la implementación de la hoja de ruta hacia la Unión de Defensa, iniciativa lanzada hace siete años. Además, permitirá que en el futuro el bloque no tenga más obstáculos para financiar actividades militares en el exterior y siga usando el sistema financiero como arma. En cuanto a la energía, Bruselas explora alternativas de importación, no una transición radical. Europa tampoco ha cambiado su política agrícola: el énfasis está en reconectar a Ucrania al mercado global por la vía terrestre y los puertos del mar Negro. Ucrania era una potencia en producción de granos y fertilizantes. A reserva de que la Comisión Europea consiga o no los objetivos planteados, los europeos están pagando el precio por castigar a Moscú. Los costos macroeconómicos desencadenados por la guerra se han profundizado por las sanciones impuestas, traduciéndose en una escalada de precios y facturas más altas por los energéticos. El pasado 2 de junio, un litro de gasolina costaba en promedio en Holanda 2.47 euros (52 pesos mexicanos), aunque algunas estaciones junto a las autopistas exhibían precios de hasta 2.60 euros (55 pesos) como consecuencia del boicot al crudo ruso, medida que contempla la prohibición de 90% de las importaciones totales a más tardar a fines de año.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) también está sacando partido de la guerra de Putin, que le ha permitido volver a los principios básicos de la defensa colectiva y ha pasado de una "ligera" a una presencia sustancial en el este, asegura Elie Perot, investigador del Centre for Security, Diplomacy and Strategy de la Brussels School of Governance. Tras el fin de la Guerra Fría, la Alianza restó importancia a la defensa territorial en Europa y dirigió su atención hacia afuera de su espectro de influencia. Ante la agresión rusa, la OTAN metió reversa, desplegando unidades de combate en Polonia, Bulgaria, Estonia, Hungría, Lituania, Letonia, Rumania y Eslovaquia.

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Igualmente ha usado el momento para atraer a naciones que habían mostrado neutralidad frente a dos antiguos rivales militares. Suecia y Finlandia han solicitado formalmente su adhesión luego de la agresión rusa a Ucrania. Esto supone un problema adicional para el cuartel aliado. Más allá del bloqueo turco al ingreso, sumar a Estocolmo y Helsinki eleva el riesgo de una confrontación y la frontera terrestre a resguardar aumentaría en mil 340 kilómetros. Además, "persiste la incertidumbre en cuanto a la dirección futura de la política de Estados Unidos hacia la OTAN, especialmente si el Partido Republicano, y posiblemente Donald Trump, regresan al poder en Washington", señala Perot. A escala nacional, cada país intenta sacar partido.

El gobierno de centro derecha eslovaco se encuentra a la vanguardia de los países implicados en prestar ayuda militar y humanitaria a Kiev. Con ello, el premier Eduard Heger pretende fortalecer la posición de Eslovaquia en la UE y debilitar a largo plazo la influencia de Rusia en el país, afirma en un análisis Krzysztof Debiec, del Centre for Eastern Studies con sede en Varsovia. Sin embargo, "enfrenta desafíos que dificulTArán mantener la escala actual de participación en la ayuda a Ucrania", como el arraigado sentimiento prorruso y antiestadounidense, la dependencia energética y de materias primas rusas, y la renuencia de la población a soportar la costos de las acciones gubernamentales. Las encuestas no favorecen al gobierno de coalición a medio camino de su mandato; están por debajo de 30% en las preferencias electorales.



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