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Policromía de textos y emociones


Publicación:26-01-2020
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De pronto, sin darle tiempo al tiempo; ni palabras al verso, el joven cayó al suelo: un dardo cruzó su corazón... y ese mismo día, la amó y la perdió

Tú, yo y el mundo

Iba con paso cauto, deslizándose la niña en el cielo, de una a otra nube a ratos saltaba. Buscaba sin prisa ni apuro una respuesta a la duda que la desvela: ¿serán el día y la noche una y la misma cosa? O, ¿acaso será la noche por oscura, la parte terrible y fatal de la suerte?


Que de noche se descansa y de día el cuerpo trabaja, es una verdad a medias; como que la claridad del día es noble y buena. Hay noches santas, noches de bohemia y noches creativas y de grandes ideas. También hay días turbios, engañosos y de gran miseria o miserables, por más iluminados que amanezcan.


No son las realidades absolutas verdades completas, ni la imaginación genial y brillante es la respuesta a lo que son o significan el día y la noche como partes de un todo que se complementa.


Así, justamente así, son las fantasías de mis cuentos y tus luchas por la verdad y la justicia: dos partes del mundo que se mira desde trincheras en apariencia tan diferentes. ...Y a la vez, tan parecidas, cual almas gemelas.


Descubriéndome


La vi ese día ocho de enero que aún recuerdo como si fuera hoy... Y desde entonces siempre compro lotería que termine en ocho. Nunca antes había tenido suerte, hasta que la encontré nuevamente, detrás del mostrador del expendio. Escribir siempre fue mi anhelo secreto, amarla fue fortuito, y así, entre letras y números me fui descubriendo. Debo aprender a escribir versos, para componerle un poema que la enamore de mi rima y no del dinero que no tengo.


De pronto, sin darle tiempo al tiempo; ni palabras al verso, el joven cayó al suelo: un dardo cruzó su corazón... y ese mismo día, la amó y la perdió.

“Apenas descubriéndome, quitándome el sombrero, -contaría luego, él-  vio que yo no tenía un solo cabello, ni de escritor ni de poeta, pues mi cráneo estaba rapo… ante ese espectáculo, ella soltó sonora carcajada. Mas, por absurdo que parezca, y a pesar de
todo, ese fue mi mejor día, que por fin yo supe quién realmente era ella y quién podía ser yo, si me lo proponía: escritor y poeta.


Aforismo
Rasgo distintivo del aprendiz de poeta. Escribe, borra y vuelve a borrar, así hasta quedar exhausto... Y, las más de las veces, nada logra. Es como si no quisiera acabar ninguna línea, pues ninguna le parece perfecta como para no desaparecerla. ¿Temerá en realidad perder el "leit motiv" de su oficio?, escribir, por siempre escribir.

Cuestión de idiosincrasia


Siempre llevo en mi mente y en mi imaginario una anécdota sobre Mozart, que no recuerdo de dónde la tomé, o en qué obra la leí, alrededor de hace treinta y ocho o cuarenta años, si mi memoria sigue siendo regularmente buena para las fechas… Anécdota que -por otra parte- disfrutaba contarles -entre otras- a mis alumnos; primero a los de preparatoria o bachilleres con quienes aprendí al mismo tiempo que con los de normal básica a ser maestra y descubrirme como tal, con gran pasión por ser sembradora de sueños, ideales y anhelos de saber y de ser, tanto que aún creo mantener viva esa flama. Luego la repetiría con los estudiantes de carrera, cuando ya solo daba clases en el nivel de licenciatura.


El recurso de la anécdota, sobre una partecita muy pequeña de la vida y particularmente del temperamento de Mozart, la sacaba a colación cuando uno de mis estudiantes -curiosamente casi siempre fue algún varón- hacía una pregunta más o menos simple que él, ella o ellos si eran varios, podían resolver investigando un poco o solo consultando el diccionario. Pregunta que además, por lo general, no tenían que hacerla en clase sino investigar por sí mismos y resolver la duda para la siguiente clase… de no encontrar respuesta a la misma, entonces podrían consultármelo, aclarando que no supo dónde buscar respuesta o que no la halló. Pero, pues no sucedía eso; porque regularmente el alumno piensa que el profesor todo lo debe resolver, que para eso asiste a clases el alumno, “para aprender”.


Y, sí, yo pienso que esa es una parte importante: asistir a clases, la otra es leer y estudiar en los libros (los mejores maestros); pero mi estrategia, como la de muchos profesores, es formativa, educar para forjar investigadores y autodidactas, no entes que todo lo obtienen sin esfuerzo alguno, solo del maestro. Y, miren ustedes, que para mí siempre fue una gran tentación hacer gala de mi cultura y de mi pequeña sabiduría y conocimiento “enciclopédico”, dándolo todo, a veces, recitándolo de memoria… como cuando les dictaba unas veinte o más líneas (para ejercicio de ortografía y de puntuación), las primeras del Capítulo I de la Parte I del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, allá por las décadas de los setenta, ochenta y primeros años de los noventa del siglo pasado, veinte o más líneas puestas en cuaderno, de memoria. Solo hasta la revisión, también oral, leía frase por frase, línea tras línea de lo que les había dictado de memoria, para que ellos confirmaran ortografía y correcta puntuación.


Así que, cuando hacían preguntas demasiado simples o sencillas, ante la duda planteada, les decía: escuchen, les contaré una anécdota sobre Mozart y un aprendiz de compositor; luego, ustedes inferirán y juzgarán.


A los jóvenes estudiantes les encantan las historias, y más cuando tratan de destacados personajes. Así que siempre gocé de su atención. La anécdota va más o menos así, decía:


Tras una presentación de Mozart interpretaba al piano su propia obra, uno de los asistentes se acerca a él, y le pregunta:


-Maestro, ¿Qué debo hacer para escribir música?, ¿cómo puedo componer...? -Preguntó aquel joven y, Mozart respondió:


-Puede usted comenzar por escribir una balada.


-Pero, ¡usted empezó con piezas para orquesta, sinfonías!; a esas me refería.


-Sí, en efecto, pero yo nunca pregunté cómo hacerlo.


-He aquí la esencia del genio, y también de la iniciativa propia. No es requisito ser genio para ser autodidacta y siéndolo, ir aprendiendo a aprender lo que más nos interesa. Aunado a esa ventaja de aprendizaje por la que aprendemos mejor a través de la lectura, los libros y de nosotros mismos, desarrollamos una disciplina para toda la vida: resolver cuánto podamos, con nuestros propios recursos.


Pienso


…en lo hermoso que estuvo ese día, y lo han estado varios más que han seguido, al menos por estos lares del globo terráqueo; pienso que si aun los postrados en cama, podemos apreciarlo cómo los sanos y fuertes, no podrían hacerlo: salgan y disfruten el día, la tarde… ¡la vida! Que mañana no les dejaré espacio contemplativo. Todo lo abarcaré con mis ojos: los del rostro y los del espíritu aventurero que nunca puedo mantener atado a nada: sea por prescripción de cama o de reposo absoluto. Pienso que pensar es tan fuerte en mi idiosincrasia como si vivir fuera su sinónimo, o algo más. Mas tengo clara conciencia de que pienso porque vivo, y no a la inversa, como creían los filósofos idealistas.

Versos de amor, locura y arrebato
Línea que se pierde con el viento
Roca que se oculta atrás de un huerto
Señal del sino que marca el camino
Aleteo de mariposas peregrino.

Viajero abandonado en el desierto
o huésped del espacio sempiterno.

Disperso el deseo vive entre espejismos
e igual que un amor no correspondido
alienta la ilusión ante el abismo,
como mojito que esconde el labio leporino.

¿A dónde se fueron los sueños?
¿A dónde, los anhelos y recuerdos?

La magia sobrevive suspendida en el cielo.
Y tu amor, aunque nació muriendo,
Lamentará de la aurora el cándido silencio.

Quisiste cuando solo tú quisiste
y llamaste amor a las migajas del deseo.
A cambio obtuviste dominio pleno,
sumisión y entrega. …al final, perdiste.

Que, muerto, lo acepté y quise.
¡Y signo de mi sino lo hice!

A cántaros en mi alma, llueve.

Tu recuerdo y mi amor viven en duelo,
van en procesión, detrás del sueño.
Vibra el suelo al vuelo leve del viento.
Mientras, renace la esperanza.

Otro día, otra victoria a ultranza.
Que, muerto, lo acepté y quise.
¡Y signo de mi sino lo hice!

Rima que se quiebra entre la línea
¿A dónde van los anhelos y recuerdos?
Allende donde reina la nostalgia
y el dolor anida debajo de las sábanas.

Tus sueños pletóricos de éxtasis.
Los míos más allá del cielo o el infierno.
¡Mas, muerto lo acepté y quise!
¡Y signo de mi sino lo hice!

Amor que naciste hace un siglo,
llévame junto a los altares.
Quiero oler los fragantes nardos,
arropar los pensamientos
en el silencio de tu encono mudo.

…amor, fallaste al disparar el dardo
dejando mi destino mutilado.
¡Mas, muerto te acepte y te quise…!



« Redacción »