Opinión Editorial


Más allá del fútbol


Publicación:21-07-2026
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El mundial de fútbol 2026 llegó a su fin

Fueron 39 días de intensa contienda deportiva. El mundial de fútbol 2026 llegó a su fin. Muchas experiencias han quedado en nuestra memoria: jugadas extraordinarias, personajes, goles y paradas emblemáticas junto a las vibrantes narraciones, las atesoraremos todas ellas con alegría. Cada una posee una fuerza propia cargada de entusiasmo, disciplina y coraje, pero también algunas de decepción y tristeza. ¡Es parte del juego! Va a ser necesario un buen tiempo para procesar lo vivido, para reconocer y evaluar lo aprendido, aquello que resta, lo que permanece y acompaña. Como todo deporte, el fútbol refleja algo de la vida misma. 

Del triunfo de la selección española podemos decir que representa algo que va más allá de un equipo destacándose de entre los demás. Si bien fue un triunfo que se consiguió en la cancha, nos enseñó algo que trasciende al fútbol: representa la justicia que, aunque a veces tarda y en el mundo de hoy parece escasear, llega; un verdadero contraste con el estilo de juego de la selección argentina. No es necesario enumerar aquí a qué me refiero, juzgue usted mismo a partir de los videos y las fotografías que la albiceleste nos fue entregando en cada juego.

Del arbitraje podemos decir que, con sus honrosas excepciones, fue deplorable, parcial y muy limitado. Así como para sorpresa de muchos, el comportamiento de la mayoría de los jugadores de la selección argentina. Los ojos del mundo presenciaron cómo en cada juego hacían y deshacían, su capitán, Messi, le reclamaba al tú por tú a los árbitros, sus múltiples entradas, más allá de la dureza del contacto, eran faltas más que evidentes, las tarjetas para amonestar dichas conductas aparecieron muy poco, nunca enviaron a revisión al VAR ninguna de sus entradas; además del juego sucio dentro y fuera de la cancha y no se diga después de la final del domingo pasado, de las burlas y agresiones camufladas, justificadas por "la pasión" cultural por el fútbol. Todas estas cosas, entre muchas más, fueron generando un ambiente de mucha incertidumbre, jugándose "otro mundial": la gente de todo el mundo simplemente no toleró las injusticias, mientras denunciaba y demandaba se cumpliera con el reglamento de forma justa para todos los equipos, a fin de poder tener encuentros en igualdad de circunstancias, garantizar la legalidad del Mundial. Es por ello que, el triunfo de España, en cierta forma, funciona como una especie de restablecimiento del orden, simple y sencillamente porque se trató de un equipo que supo ganar "a la buena" jugando buen fútbol, mientras que sus contrincantes no sólo perdieron la final, sino el respeto y el honor.  Y no, nadie los envidia ni tampoco es un asunto con el pueblo, ni con la nación argentina, sino que se trata del rechazo universal y al unísono del juego sucio lo realice quien lo realice, a ganar con trampas y tácticas violentas, algo de lo que el planeta ya está harto tanto en lo económico, lo político y lo deportivo. Cómo alguien podría envidiar ese comportamiento, ese estilo de juego deshonroso: arrogancia desmedida, celebraciones insultantes, entradas directas con el objetivo de lesionar, burlas permanentes durante y después de cada partido. Ah, pero cuando el marcador no los favorece, entonces la cosa cambia y exigen con indignación y señalando con el dedo índice: "te pido que no me faltes al respeto". Dónde queda entonces el espíritu deportivo, el honor, el respeto al fútbol y al rival, no sólo cuando se gana, sino, sobre todo, cuando se pierde. La posibilidad de ser digno en la pérdida permite no permanecer derrotados, vencidos, levantar la frente con orgullo y reconocer al rival jamás demeritará.

En un mundo marcado por el cinismo de lideres políticos, por la tendencia rapaz de un mercado que lo devora todo, de la simulación y el odio, ver a un equipo educado jugando al fútbol, respetando al rival y a las reglas del juego es definitivamente un viento de esperanza, algo que conforta. El domingo pasado fue una fiesta para el mundo y para el fútbol. Y para los jugadores de la selección argentina —en caso de que estén en condiciones de darse cuenta y reconocer una gran enseñanza de cancha y de vida, algo que, como toda experiencia, se tardará en destilar su mensaje para cada uno de los involucrados — aprender a jugar limpio y con respeto, que saber perder es tan importante como saber ganar, que ser subcampeón también conlleva honorabilidad, pues perder no equivale a estar derrotados, que siempre se puede aprender, cambiar y mejorar para el siguiente encuentro. Y si, todos estaríamos muy contentos de ver a una selección argentina honrando al fútbol jugando limpio y ganando como se debe, con honor.

También en la fiesta futbolera tuvimos la dicha de ver jugar a todas las demás selecciones, entre las que se destacaron por su genialidad y simpatía, las escuadras de Japón, Inglaterra, Brasil, Portugal, Noruega, Cabo Verde, Egipto, Marruecos, México... Ha sido un verdadero privilegio verlos jugar. ¡Nos vemos en cuatro años!




« Camilo E. Ramírez Garza »