Opinión Editorial
La corrupción en el mundial
Publicación:14-07-2026
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Es un jugador que prácticamente se puede hacer lo que se le pegue la gana bajo el amparo de árbitros y el actual presidente de la FIFA.
Querido lector, hagamos un pequeño ejercicio en este breve espacio. En las líneas siguientes iré escribiendo algunas frases a manera de adivinanza, sin mencionar ni al jugador ni a la selección y usted irá respondiendo, sea en silencio o de viva voz, a qué jugador y selección de fútbol se está haciendo referencia.
Comencemos por el jugador: es un jugador que le reclama enérgicamente a los árbitros, como si fueran sus sirvientes, incluso a veces les indica qué marcar y que no marcar; mientras él comete evidentes faltas que pocas veces, por no decir jamás, le marcan o reciben una tarjeta, que, dicho sea de peso, muchas de ellas lo ameritan. Cuando llega a perder los estribos hace un berrinche pateando un balón hacia las personas que se encuentran en las gradas o hacia los fotógrafos que están cubriendo el evento del partido sin igualmente recibir ningún tipo de sanción y amonestación. Es un jugador que prácticamente se puede hacer lo que se le pegue la gana bajo el amparo de árbitros y el actual presidente de la FIFA.
A su selección nacional en los sorteos, tan sólo por mencionar el del actual mundial de fútbol, le cambian el sorteo del equipo donde le tocó, colocándolo en un grupo donde tiene rivales más a modo. A su equipo la proporción de correspondencia de las faltas marcadas respecto a los demás equipos es sumamente diferente, además de injusta. Actúan faltas, hay que decirlo, muchos equipos hacen esto, pero en el caso de esta selección es casi en automático que la actuación de la falta le será marcada a su favor.
Esta selección de fútbol siempre gana con el favor del presidente de la FIFA y la protección de los árbitros, quienes jamás marcan parejo, es decir, de manera justa a los dos equipos que se están enfrentando. Por lo tanto, sus triunfos siempre están bajo la sombra de lo dudoso, el favoritismo y la corrupción, siempre son su-ma-men-te sospechosos, de una competencia desleal y, por supuesto, sin justicia ni honor. No son un rival al que los demás equipos y sobre todo los periodistas y los aficionados, admiren, sino todo lo contrario. Ellos lo enfrentan aplicando algo similar a lo dicho por Salinas de Gortari, "Ni los oigo, ni los escucho" o el "Ódiame más, porque me envidias" de Emilio Azcarraga Jean sobre el América. Nada que ver, la gente y las demás selecciones ¿cómo podrían admirar un triunfo desleal y corrupto, que no se jugó en igualdad de aplicación de las leyes y reglamentos del fútbol?
Además, una cosa no menor, realizan todo su juego sucio con una arrogancia del tamaño de las desaparecidas Torres Gemelas o del Empire State, no aceptan la más mínima de las críticas: tildan de odio y envidia a quienes les hacen la más mínima de las observaciones. Lo curioso y paradójico es que, por otro lado, son una selección de fútbol que posee talento y arrojo y que muy bien podría ganar con honor y sin ayuda, además de que sus apoyadores y connacionales se lo merecen, pero eligen el camino fácil de la corrupción y lo dudoso, del mal arbitraje y del juego sucio. Es por ello por lo que se ganan a pulso la desaprobación y el descrédito que ellos mismo han labrado, al tiempo que desacreditan una fiesta deportiva para la que evidentemente no están a la altura.
En el fútbol, como en la vida, esta selección de la que hemos estado hablando, y que usted bien sabe cuál es —gracias a lo que ellos mismos hacen en cada partido — el ganar a toda costa no lo es toldo, ganar con ayuda, mucho menos. La gente reconoce la valentía y el honor, por ello selecciones como las de Cabo Verde, Egipto, Noruega y México, fueron quienes realmente "ganaron" el mundial respecto a los valores que todavía para una inmensa mayoría representa el futbol. El resto, es mero juego sucio, negocio amañado, dimes y diretes de la corrupción presente en la FIFA.
« Camilo E. Ramírez Garza »



