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Opinión Columna


Lupita, Eva y Judith


Publicación:15-03-2019
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Tengo mucho que agradecerles a Lupita, Eva y Judith, más después de lo laboral, por el tiempo en que siguen siendo mis amigas.

Lupita, Eva y Judith han sido las únicas jefas que he tenido por más de 30 años de mi vida laboral, tanto en gobierno, como en la Iniciativa Privada, mientras que son aproximadamente 10 jefes hombres con los que me ha tocado trabajar; aunque muchas mujeres se han incorporado a la vida laboral, los jefes en su mayoría son hombres, esta sociedad sin duda sigue siendo machista, por más que conmemoremos cada 8 de marzo el “Día Internacional de la Mujer”.

Precisamente fue con Lupita de la Fuente con quien me involucre mucho en el tema de las mujeres, tuve la fortuna de colaborar con ella en la creación del Primer Instituto Municipal de la Mujer en el estado de Nuevo León; lo hicimos en el municipio de San Nicolás de los Garza y fue en esta dependencia donde aprendí mucho de las situaciones de vulnerabilidad que viven las mujeres día con día, la violencia que se gesta en el seno familiar hacia ellas, regularmente por parte de sus parejas, el enfrentarnos a escasas políticas públicas de la mujer, la dependencia económica que sufren y la marginación laboral, entre muchas situaciones complejas en torno a su género.

En lo personal confieso que por ser mi primer jefa mujer y estar rodeado de compañeras mujeres, habíamos muy pocos hombres por obvias razones, tenía cierto nerviosismo; sin embargo, debo reconocer que le aprendí muchísimo y no sólo en la parte laboral, ya que después de las jornadas de trabajo había pláticas interminables, de política, de nuestras familias y de la manera de ver la vida desde la óptica diferente del género; aunque somos generacionalmente diferentes, no hubo barrera para que por medio del trabajo se convirtiera no solamente en una jefa, sino en una entrañable amiga.

En el caso de mi segunda jefa mujer, Eva Trujillo, fue diferente, pues ya habíamos pisado terrenos similares en eventos culturales y teníamos amigos en común, pero nunca habíamos trabajado juntos, propiamente no nos conocíamos hasta que coincidimos en CONARTE. También tengo que decir que teníamos diferentes ópticas del quehacer cultural, pero primero había que respetar sus decisiones por ser la jefa, luego se abrió un diálogo laboral interesante, que fue a desembocar en una gran amistad; algunas noche recurríamos al bar del Samboras a tomar unas cervezas, ella sólo dos, no más. Así, entre que disfrutábamos la música me contaba todo los que tuvo que pasar en su vida, personal y laboral, para llegar a ser directora; sin duda a mi amiga Eva, como a las demás mujeres, le costó más trabajo llegar a sobresalir en este mundo laboral de machos.

Con Judith Díaz he coincidido en muchas batallas políticas, he trabajado por tiempos cortos en campañas, lo más extenso un año, pero ya hace mucho tiempo que la conozco. Por casi veinte años la he visto triunfar en la política, ascender en contra de los vientos, pareciera como los papalotes que se elevan ante la adversidad de los mismos; en el plano personal, igual: no hay sufrimiento o dolor que no le haga sacar su fe, la casta y temperamento, para continuar.

En las tres hay obviamente muchas cosas en común, no es fácil sobresalir en un mundo laboral dominado por hombres, a mí en lo personal me han dejado grandes enseñanzas; el ponerse las botas y salir a rescatar al príncipe, el mostrar el liderazgo no sólo de manera vertical sino horizontal, el que en la soledad el poder no las pierda; que la sensibilidad de su género esté presente en sus decisiones sin que sea un debilidad sino un gran fortaleza. Tengo mucho que agradecerles a Lupita, Eva y Judith, más después de lo laboral, por el tiempo en que siguen siendo mis amigas.



« Redacción »