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Opinión Editorial


La relatividad del tiempo


Publicación:17-10-2022
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La vida son instantes, son momentos, dicen por ahí.

La vida son instantes, son momentos, dicen por ahí.

Justo por eso me detengo en un comentario que esta semana escribió una cantautora y productora mexicana, Paty Cantú, en sus redes sociales, luego de ser víctima de los haters.

“No saben cuántas veces me toca leer comentarios ofensivos. Desde un lugar que critica mi edad, mi relevancia, y las distintas etapas de mi carrera. No se puede vivir en una línea”.

En otro comentario, la cantante de 38 años dice a sus detractores que "Ah, y dejen de creer que forever young significa para siempre 20. Si tienes suerte llegas a viejo. Y en la edad que sea merecemos sueños y libertad. Dejen de querer hacer sentir a las mujeres de más de 30 como estorbos porque es lo más antifeminista y estúpido del mundo".

En sororidad, Dana Paola, otra cantante de 28 años la “defiende” llamándola mujer chingona y elogiando su carrera. Entrecomillo palabras porque se supone que los comentarios ofensivos hacia Cantú vinieron, dicen, de los fans de Dana Paola.

No se trata de hacer de este ejercicio una columna de chismes de la farándula; mi intención es visibilizar cómo el avance del tiempo y muchos patrones culturales someten a las personas a juicios sobre cómo “debe ser” la vida, especialmente de una mujer y sus etapas: el matrimonio, los hijos, la casa.

Esta semana estuvieron dentro de la Feria Internacional del Libro, dos grandiosas escritoras: la uruguaya Ida Vitale y Elena Poniatowska, ambas con un palmarés impresionante de textos, artículos y libros publicados, amén de premios cosechados.

La primera está por cumplir 99 años y la segunda noventa. Ambas nonagenarias, con una estupenda lucidez, compartieron su talento y se dejaron apapachar con cuantas personas se acercaron a saludarlas, pedir autógrafos, fotografías, entrevistas, consejos.

Y siguen viajando, compartiendo, disfrutando.

La gran diseñadora, la venezolana Carolina Herrera, incursionó de manera oficial en el mundo de la moda cuando tenía 42 años; hoy, a sus 83, sigue activa con el gran emporio que ha construido en la perfumería y alta costura y es reconocida como una de las mujeres mejor vestida del mundo.

Es cierto, aún en estos tiempos hay quien señala, apunta y critica a una mujer en función de su edad y quizá sea por ello que innumerables personalidades siguen recurriendo –hasta el abuso- a los retoques estéticos hasta que las visitas al cirujano se convierten en un modo de vida hasta quedar irreconocibles. Eso es resultado, supongo, del miedo a envejecer y perder, adeptos, fans o “likes”.

Y aún con todo, si ese es su modo de querer vivir y “disfrutar” la vida ¿qué de malo tendría si eso les da felicidad?

Románticamente, como Serrat, podría decir respecto al tiempo y los instantes vividos, que “son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón”.

Lo cierto es que el tiempo no perdona, nada lo detiene, y como decía Leonardo Da Vinci “el hombre es víctima de una soberana demencia que le hace sufrir siempre con la esperanza de no sufrir más. Y así la vida se le escapa…sin gozar de lo ya adquirido”.

El éxito y la felicidad no es exclusivo de la juventud; cada etapa tiene su mérito, sus logros y descalabros.

Sea lo que sea que hayamos elegido para nuestra vida, no hay que dejarla escapar; hay que asegurarnos que nos haga feliz y que esa dicha sea resultado de nuestro albedrío y no de lo que alguien más decidió por nosotros.




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