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Opinión Editorial


La magia de la biblioteca


Publicación:24-10-2022
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De niña, la constante para poder realizar mis tareas escolares, era una visita a la biblioteca, que dicho sea de paso.

De niña, la constante para poder realizar mis tareas escolares, era una visita a la biblioteca, que dicho sea de paso era una biblioteca pública y pequeña, tal como suelen ser estos centros del saber, en los municipios.

Es difícil pensar que una biblioteca municipal sea grande, pero sí cuenta, o contaba con lo indispensable para poder cumplir mis deberes escolares: leer, documentarme, calcar, copiar, escribir; en fin, lo que fuera requerido. Debo reconocer que eran visitas que disfrutaba y el mundo, mi pequeño mundo por aquel entonces, estaba al alcance de la mano, en un libro.

Jorge Luis Borges, decía que somos en gran medida, resultado de todo aquello que pudimos leer ¿Y dónde mejor para encontrar lecturas que en las bibliotecas?

A diferencia de los estudiantes de hoy que, por un lado, leen poco y por otro lado para recurren a wilkipedia o a la red para prácticamente todo, para mí, las visitas constantes a la biblioteca eran la “única sopa” para acceder al conocimiento.

Hoy se celebra el Día Internacional de la Biblioteca, una fecha que no se festeja en todos los países; la auspicia desde 1997 la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, para resaltar la importancia que tienen este tipo de edificaciones para la historia humana como resguardo de su cultura, de sus escritos, de sus creencias.

Justamente me quiero referir a las bibliotecas, que, de acuerdo con el diccionario, se trata de un “edificio o local donde se conservan un conjunto de libros ordenados y clasificados para su consulta o préstamo bajo determinadas condiciones”.

 Son sitios que parecieran ir en decadencia porque cada vez son menos sus visitantes y quienes muestran interés en tomar un libro entre sus manos para informarse de lo que quieran.

También hay un creciente desinterés institucional por mantener vivos estos espacios que, en sitios pequeños y alejados, son los pocos lugares de refugio para adquirir más conocimientos.

Es cierto, no puedo generalizar. Desde los tiempos remotos en la antigua Mesopotamia, las bibliotecas se han considerado centros de la cultura.

Hay magníficas obras arquitectónicas a nivel mundial que enaltecen el término de biblioteca, lo mismo por su diseño, que por su funcionalidad y su acervo. National Geographic cita entre las más destacadas a la biblioteca de la Universidad de Dublín, en Irlanda, construida entre 1712 y 1732; la de Estocolmo; la biblioteca Real de Copenhague, en Dinamarca; la nueva biblioteca alexandrina de Alejandri´a o la de Nueva York, por mencionar algunas.

México cuenta con la Biblioteca Palafoxiana de Puebla; la Vasconcelos y la Central Universitaria, en la CDMX, entre muchísimas otras.

Según el Sistema de Información Cultural del gobierno de México, hay en Nuevo León 102 bibliotecas, de la cual se me viene a la mente la hermosísima y completa Capilla Alfonsina de la UANL; pero esta numeralia no da cuenta de las municipales o escolares.

Ojalá que las autoridades de todo nivel de gobierno volteen a ver esta rama de la cultura y lejos de abandonarlas, las fortalezcan y enriquezcan para beneplácito y servicio de miles.

Como muchos, coincido que mientras haya bibliotecas habrá esperanza y la oportunidad de encontrar un libro, una frase o un texto que nos emocione o nos cambie la vida.




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