Opinión Editorial


Fantasmas


Publicación:03-08-2022
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Me pregunto cuantos políticos actuales están sostenidos por la virtualidad de sus redes sociales, por las encuestas a modo

A veces siento que me pierdo en los laberintos de mi soledad, de mis pensamientos.  La casa vacía, los niños siguen en sus vacaciones de verano, en la noche me enredo en el insomnio, deambulo como fantasma de un cuarto a otro, del celular a la televisión, me refugio en un buen libro a esperar que las letras me den alivio, rumbo.  

En la virtualidad de mi “teléfono inteligente” aparece la publicidad de los gobiernos y de funcionarios que invaden las redes sociales con menajes y logros de su quehacer político, que en realidad ese trabajo  en “el mundo presencial” nadie ve; solo es parte de un multiverso paralelo que ellos mismos se inventan. Porque para ser sinceros, el político de hoy solo es un fantasma deambulando por las redes sociales sin presencia en las calles.

Entonces, para encontrarme donde estoy, hago algo parecido a ellos, me busco en la red, veo las pocas noticias que aparecen en ese mundo virtual sobre mi, sobre mis historias, mis fotos casi siempre con una sonrisa fingida, me reeleo en mis editoriales y parecieran escritos de alguien que no soy yo, como dirán los gringos: detrás está un Ghostwriting.    

Me pregunto cuantos políticos actuales están sostenidos por la virtualidad de sus redes sociales, por las encuestas a modo, por esos eruditos de la mercadotecnia o les diremos sus Ghostwriters.  Compran la prensa a modo, las televisoras y medios de comunicación en general. Pero solo hay que salir a las calles de su cuidad, sucias y llenas de baches; la inseguridad desbordando, hay miedo en el ciudadano. Además, en sus casas sin agua se abre una llave y solo sale aire como fantasma del vital liquido. 

Los ciudadanos esperan a que llegue el agua en sus tuberías, esperan poder ver de nuevo a un político de carne y hueso por sus calles, pero ya no van, ya que se acabaron las campañas. Mientras tanto, estos pensamientos se unen a mi insomnio que se me ha vuelto rutina. Sin embargo, aprovecho para terminar este artículo.

Entonces, se escucha que se abre la puerta principal de la casa, se paralizan mis dedos de las teclas de la computadora, voy prendiendo las luces de cada cuarto y de los pasillos.  En ese momento, salta hacia mi pecho mi perrita que con sus garras me marca mi abdomen, con las mismas patas que de manera extraña giró la perilla de mi puerta que no tenía su candado. Confieso que me asusté, pero creo que los fantasmas solo están en la política actual.   



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José Luis Galván Hernández

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