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Opinión Editorial


El riesgo de la apatía


Publicación:12-04-2021
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Me da la impresión que las autoridades electorales están rebasadas.

Me da la impresión que las autoridades electorales están rebasadas para fiscalizar lo que se hace y lo que se deja de hacer en la presente contienda electoral ¿o de plano se hace de la vista gorda?

No es posible que en plena pandemia, -sí, aunque los semáforos epidemiológicos digan otra cosa-, con muertos y contagiados de diario, se sigan dando eventos políticos con un aforo superior al permitido y que hasta ahora no pase nada de nada.

Es por eso que un día y otro también veamos batucadas, aglomeraciones, abrazos en aras de obtener adeptos, simpatizantes y votos.

Y eso aplica para todos los colores, sabores, alianzas en prácticamente todos los municipios.

Es cierto, una campaña que no “suena”, pues tampoco “sabe”, pero en una de esas, lo “desabrido” o lo extremadamente sazonado ,no se vaya convirtiendo en lo que tanto se ha cansado en decir el doctor Manuel de la O, esto es, la tercera oleada del Covid-19.

A eso hay que sumarle la actitud presidencialista de promover, difundir y alardear de lo que dice que ha hecho a favor de cada uno de los mexicanos.

Ya no sé si reír, enojarme o hacer como que no me doy cuenta.

Qué más da que Lorenzo Córdova gaste saliva para lanzar reiteradas advertencias sobre lo que está bien y está mal en la contienda, porque el presidente hace lo que quiere, como lo hacen los políticos que aspiran a un cargo.

Otro caso muy puntual fue –o sigue siendo- el anuncio de Morena diciendo que junto con el gobierno de México están adquiriendo las vacunas anti Covid. Más descarado no se puede.

A propósito de la vacuna, me encontré con un tuit que reza “El sistema de clases no desapareció en 1821, la pandemia fue prueba de ello”, y es atribuido a la cuenta @DonPorfirioDiaz.

De entrada, el humor negro o ácido tan tachonado de verdades, me da risa, pero de que hay un dejo de realidad, ni quien lo dude.

Recordemos que los siervos de la nación , por indicaciones superiores, no pueden vacunar a médicos del sector privado, ni a paramédicos, rescatistas o policías, con todo  y que este conjunto de personas sí están en la primera línea de batalla, no al cien, quizá, pero están y atienden.

Pero prevalece la sordera, la ceguera, de unos y de otros y se mantiene latente la amenaza de que todo se desborde de nuevo.

Tomaré prestada esta frase que le escuché a un amigo político que dice “El mayor peligro que nos depara el futuro, es la apatía”.

No tengo que esperar al futuro para saber que la apatía desborda a los candidatos a no respetar protocolos sanitarios en aras ganar popularidad en las encuestas.

Apatía de los árbitros electorales que no terminan de sacar todas las tarjetas rojas a que haya lugar.

Apatía presidencial de respetar la veda por los comicios con el fin de mantener o superar la presencia de sus afines en el Congreso… y con ello, seguir haciendo lo que le venga en gana, como desaparecer más fondos, fideicomisos o bien, órganos autónomos.




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