Opinión Editorial
El espíritu de las fiestas
Publicación:26-12-2022
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No es lindo pasar la Nochebuena en un hospital. Mientras el mundo entero se abraza.
No es lindo pasar la Nochebuena en un hospital. Mientras el mundo entero se abraza, intercambia regalos y ora al Niño que nace, quienes pasan las fiestas internados o acompañando a los enfermos, están con la incertidumbre de su gravedad, de lo que sucederá.
He conocido al menos un par de casos de amigos y familiares que han vivido episodios como estos. Duele el dolor ajeno y aunque pasemos un rato a acompañarles y aligerar su preocupación, nunca podremos compararnos con el viacrucis interno que atraviesan.
Las y los doctores, así como el personal médico, más allá de la institución pública o privada de la que se trate, debo reconocer, profesionalmente están a la altura atendiendo a uno, a dos o a diez. Y aunque están familiarizados con jornadas largas y a vivir las fiestas de diferente manera debido a su profesión, tampoco creo que sea lindo vivirlas así.
No es por el mero decir “vivir la fiesta”; me refiero más a estar rodeado de la calidez de una familia; que habiendo o no regalos, excesos de comida, literalmente sea una noche de paz y noche de amor.
Tampoco es lindo, asumo, pasar la Nochebuena o las fiestas, en una banqueta cobijado por unos cartones. O estar solo porque alguna diferencia, quizá banal, lo haya distanciado de sus seres queridos.
Hoy ya es 26 de diciembre, ya pasó la Nochebuena y la Navidad; quizá conmovida por las fiestas, hoy me atrevo a dedicar este ejercicio a quienes hacen posible que el resto, la pasemos bien, que nos cuidan, que nos atienden.
Paramédicos, rescatistas, bomberos, médicos, enfermeras, taxistas, dependientes de tiendas, guardias de seguridad privada, policías, agentes viales, sobrecargos y por decenas o miles de voluntarios. Seguro la lista sería más larga, pero se me escapan algunos oficios y profesiones de personas que están en alerta, que dejan a los suyos para cumplir su trabajo.
También elevo una oración por todos aquellos que estos últimos días del año la pasan solos, o de viaje; por aquellos que son menos agraciados en cobijo y alimento; por quienes están enfermos y sus familiares; por todos los que hoy necesitan un abrazo o una palabra de aliento.
El frío de los últimos días que nos trajo temperaturas bajo cero, sin duda orilló a que todo tipo de albergue se haya llenado, bien de migrantes, de gente en condición de calle, de peregrinos, de gente en tránsito. Es un buen sitio a dónde llevar y compartir un poco de la comida que hay en casa, de la cobija que ya no usamos porque ya no está “fancy”, del suéter, guantes o calzado que ya no usamos. Quizá también los juguetes que nuestros hijos o nietos ya dejaron en el olvido.
Si usted puede hacer esa diferencia y tener un detalle para llevar un poco de alegría y esperanza a alguien, no lo dude, hágalo. Se siente bien hacer algo por los demás y es un bálsamo para el alma.
Después de todo, ese es el auténtico espíritu de estas fiestas.
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