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Opinión Columna


Constitución transformadora


Publicación:05-02-2019
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Llegó la hora de que la Constitución deje de ser el sueño del pueblo.

Se cumplen 102 años del Pacto Constitucional que rige la vida pública de la sociedad mexicana, cuya profunda crisis política, social y económica se agudizó por la imposición del proyecto neoliberal a los gobiernos priísta y panistas, y hoy requiere de la unidad popular para liquidar el neoliberalismo y refundar las instituciones para ponerlas al servicio de la ciudadanía.

 Gracias a la victoria popular de Andrés Manuel López Obrador a través de la coalición Juntos Haremos Historia, el pueblo mexicano recuperó el camino de la esperanza para trabajar por un México más justo, igualitario, democrático y libertario.

 A partir del primero de diciembre del 2018 se hizo posible iniciar la propuesta de construcción de la Cuarta República y la lucha por la verdadera transformación social, económica, política, cultural y moral de nuestro país.

 La tarea de todos y de todas -no únicamente del Presidente de México-, es resolver y superar nuestros problemas estructurales de pobreza y desigualdad, de inseguridad y violencia, de corrupción e impunidad, caro y grande anhelo de los Constituyentes de 1917 y de todos los legisladores que han luchado y luchan por una sociedad con más libertades, justicia y desarrollo a lo largo y ancho del territorio estatal.

 La Constitución fruto de la Revolución Mexicana debe ser la base de partida para transformar el Estado fallido en un Estado de bienestar, mediante profundas enmiendas que garanticen la educación, la salud, la seguridad, el trabajo, la vivienda y el progreso de las grandes mayorías.

 Además, que garantice la tendencia siempre progresista en materia de derechos humanos y de libertades políticas en materia de expresión, de prensa, de religión, de profesión, de propiedad y de libre de tránsito, etc.

 Constitución que retome su papel de transformadora de los valores de vida de mujeres y hombres, pero que además detone y empuje nuestro espíritu laborioso y emprendedor en el sector empresarial, industrial, comercial, científico, educativo, deportivo, agrícola y ganadero, hasta erradicar los problemas estructurales que padecemos.

 La pobreza, la inseguridad y la corrupción son problemas que no debemos heredar a las nuevas generaciones y los cuales nos exigen trabajar con mayor empeño y honestidad, así como con voluntad al cien por ciento y con mucho amor y sacrificio por nuestra patria mexicana.

 Para hacer realidad el modelo de sociedad en el que aspiramos vivir, todo servidor público federal, estatal y municipal debemos cumplir las garantías sociales y los derechos humanos de nuestra Constitución.

 Por ello, somos los primeros obligados en someternos a la evaluación de la ciudadanía y poner en la balanza la responsabilidad de cada uno de nosotros sobre cuánto hemos cumplido con sus mandatos.

 Debemos esforzarnos en aportar el mejor de nuestros “granitos de arena” para evitar las recurrentes crisis sociales, políticas y económicas del país. Esto solamente lo lograremos mediante el debido y efectivo cumplimiento de los mandatos de nuestra Constitución.

 No habrá problemas estructurales que rompan el tejido social, ni destruyan las cadenas productivas de la nación de cumplir la Constitución.

 Llegó la hora de que la Constitución deje de ser el sueño del pueblo.

 Hasta hoy la Constitución es nuestra más grande utopía y debe dejar de serlo para que la felicidad del pueblo no se convierta en desgracia por la falta de justicia y de libertades democráticas de cada uno de los ciudadanos.

 Honremos a todos los Constituyentes del 17 y nunca olvidemos al Servidor de la Patria, José María Morelos y Pavón, quien en los Sentimientos de la Nación nos advirtió: “El gobierno no se instituye por honra o intereses particulares de ninguna familia, de ningún hombre, ni clases de hombres, sino para protección y seguridad general de todos los ciudadanos…”

 Todo lo hecho en el pasado y lo que hoy somos no se compara con las transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales y morales que logremos a futuro con tan sólo cumplir con los mandatos populares de nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.



« Redacción »