Opinión Editorial
¡Amemos la justicia y la paz!
Publicación:01-06-2026
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La encíclica Magnifica Humanitas invita a cuidar la verdad, las relaciones y a los más vulnerables.
Ante quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, debemos rechazar la lógica de la violencia y abrir el diálogo entre las religiones, ya que tiene un papel decisivo para ir al centro de los grandes caminos espirituales y encontrar un mensaje de paz.
Ante la mirada y la voz de las víctimas de toda forma de violencia y del abismo de maldad que encierra la guerra, debemos ayudar, dar atención a estas miradas y voces y tomar verdadera conciencia y convicción de que, más allá de las minorías violentas, la humanidad no desea la guerra.
Ante quienes necesitan de apoyo y consuelo por sufrir de una injusticia, así como de la agresividad y de los prejuicios de la que está impregnada, debemos dar la voz a quien no la tiene y contribuir al bien cada vez que decimos la verdad y que damos un consejo sabio.
Ante tanto idealismo político, así como cinismo manipulador y realismo degradado que confunde la constatación de un hecho con la resignación sin lucha, debemos ver con claridad los intereses, miedos, limitaciones y relaciones de poder, precisamente para calcular qué es posible lograr y con qué pasos.
Ante la "cultura del poder" es urgente pasar a una auténtica "cultura de la negociación", donde el diálogo y las relaciones diplomáticas se conviertan en la vía habitual para afrontar los conflictos y sustituir al "método de la guerra" por el "método de la paz", un método auténticamente humano.
Todas estas visiones forman parte de la Encíclica "Magnifica Humanitas" del Papa León XIV, su primera carta como líder de la Iglesia Católica, donde centra sus reflexiones en el cuidado de la persona humana frente al peligro de las guerras y los riesgos de la Inteligencia Artificial (IA).
En esta ´carta abierta´ dirigida a todas las mujeres y a todos los hombres de buena voluntad, expone su deseo de proteger la dignidad y el libre albedrío de la humanidad, en una época donde las guerras y las tecnologías amenazan con sustituir a los seres humanos en muchas funciones y profesiones.
Porque otra sociedad mejor es posible, aquí compartimos además las conclusiones que el Papa León XIV escribió urbi et orbi, al tiempo de subrayar que "la técnica no es, en sí misma, una fuerza antagónica del humano".
1.- ¡Proclamemos la misericordia! de generación en generación en un mundo atravesado por tantas maniobras para conquistar mercados y espacios de poder, a menudo revestidas de retóricas seductoras y de cambios más rápidos y frenéticos marcados por los algoritmos y las redes globales de la era digital.
2.- ¡No dejemos de conmovernos! por el llanto de los pequeños, por la fragilidad de los ancianos, por el silencio de las víctimas, por el esfuerzo de quienes luchan contra el mal que nos querrían hacer.
3.- ¡Permanezcamos fieles a la verdad! Viviendo inmersos en flujos incesantes de información, opiniones e imágenes y sabiendo lo fácil que es influir en decisiones y preferencias a través de algoritmos sofisticados.
4.- ¡Invirtamos en la educación que empieza por nosotros mismos! Todos necesitamos formarnos para vivir en el mundo digital de manera humana y como parte de la educación y de la vida virtuosa acompañar a niños y jóvenes a que utilicen las tecnologías como espacio de relación responsable, ayudándoles a reconocer los riesgos y elegir lo que hace crecer la libertad interior.
5.- ¡Cuidemos las relaciones! En una época que tiende a acelerar y a fragmentar, el ser humano sigue pidiendo ser cuidado y reconocido por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras.
6.- ¡Amemos la justicia y la paz! Las mismas tecnologías facilitan la comunicación humana y el acceso a recursos que pueden sustentar modelos que explotan a los más vulnerables, alimentan nuevas esclavitudes y transforman el conflicto en oportunidades de lucro. Por ello, encomiendo con fe a la Madre de Cristo que acompañe los pasos de cada uno de nosotros, de modo que podamos testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios.
« Lupita Rodríguez Martínez »



