Opinión Editorial


Un presidente opositor


Publicación:23-11-2022
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No hay forma de dialogar cuando tu interlocutor es un“cretino”, que no tiene ninguna “autoridad moral”. Tenemos un presidente opositor

1.- AMLO y las marchas. Primero fue una semana de insultos en contra de la marcha del 13 de noviembre que se convocó en defensa del INE, frente a una iniciativa de reforma electoral que debilita a esa institución. Luego pasó la marcha, que fue un éxito, y la calificó como un “striptease político del conservadurismo”, exhibió a personajes impresentables por su antidemocracia que marcharon (Fox, Madrazo, Elba Esther, etc.), en eso tuvo razón. A los dos días anunció que encabezaría una marcha el día 27 de noviembre, para festejar la 4T. Antes había anunciado que el 1º de diciembre haría un acto e informe de los cuatro años en el Zócalo. Ahora marchará y es imposible no ver esta acción como una respuesta a la marcha del 13. Un presidente de la República necesita mostrar tolerancia, incluso si ese día en las calles hubo pronunciamientos en su contra y excesos retóricos, porque se supone que gobierna para todos, pero parece que esa premisa no se cumple con AMLO.

2.- Regreso al fraude. Escuchar al candidato opositor en 2006 que denunciaba falta de equidad en la competencia, las encuestas —supuestamente— cuchareadas, la intervención de Fox, (que sí intervino y hasta el tribunal electoral lo reconoció), se entiende su papel como un líder de oposición que se enfrentaba al aparato de Estado y a poderosos intereses. Después de la elección hizo la denuncia de fraude y subió de tono, pasó de decirle a Fox “cállate chachalaca” a “traidor a la democracia”; pasó de pedirle a las instituciones electorales un recuento, a decir “que se vayan al diablo con sus instituciones”. Hizo un largo plantón en el Zócalo y Reforma y luego declaró su gobierno legítimo. No se pudo comprobar el fraude en las urnas, como constataron investigaciones profesionales, como el libro de José Antonio Crespo, pero sí quedó establecido que hubo rompimiento de las reglas de grupos empresariales que afectaron el resultado en las urnas.

3.- Partido y movimiento. Se ha dicho de muchas formas que Morena no es un partido como cualquier otro, sino que es —al mismo tiempo— partido y movimiento. La 4T se concibe como un movimiento de transformación que se quiere equiparar a los grandes ejes de la historia del país en el siglo XIX y el siglo XX. Esa es la narrativa oficial que hemos escuchado en estos cuatro años de gobierno. El presidente insiste en que la 4T es una “revolución de las conciencias” que está cambiando al país. Como dice Castells, los movimientos sociales son transformaciones de fondo en las sociedades, y se distinguen de las protestas y las revueltas que son manifestaciones para cambiar políticas y dar mensajes a la clase política. AMLO responde a la marcha del 13 convocando a una contramarcha, porque no hay espacio de diálogo, como debería ser en una democracia.

4.- Un presidente opositor. Hay una gran continuidad entre el AMLO opositor y el presidente, lo cual resulta contradictorio. Se trata de la misma persona, pero que ha cambiado radicalmente de lugar, ahora es el presidente de la República, pero sigue importando los discursos de su época anterior. Emite una fuerte emocionalidad con la cual polariza todos los días desde su conferencia mañanera, divide al país entre “el pueblo” que él representa y los “conservadores” y “fifís”, que tienen todas las cargas negativas posibles en una narrativa de insultos que emite diariamente. Parece que el presidente sigue instalado en las manifestaciones poselectorales de 2006. Sin embargo, estamos ante uno de los presidentes que más apoyo popular tiene y que concentra mucho poder. Su coalición domina en el Congreso, su partido y sus aliados gobiernan en 22 estados del país, tiene a la mayoría de los congresos locales, es decir, estamos ante un nuevo partido dominante. Pero pareciera que estamos ante una presidencia debilitada o amenazada por sus adversarios. AMLO opta por la confrontación, sus argumentos son adjetivos y convierte a sus opositores en enemigos; no hay forma de dialogar cuando tu interlocutor es un “cretino”, que no tiene ninguna “autoridad moral”. Tenemos un presidente opositor

Investigador del CIESAS. @AzizNassif

 



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